30 años de la hazaña de Recalde: crónica del único triunfo argentino en el Mundial de Rally

30 años de la hazaña de Recalde: crónica del único triunfo argentino en el Mundial de Rally

Estación Tuerca
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l 6 de agosto de 1988, los cordobeses Jorge Raúl Recalde y Jorge Del Buono hicieron historia. Con un Lancia Delta Integrale ganaron el Rally de Argentina. Fue la única vez que una dupla nacional ganó la general de una prueba del Mundial de Rally.

 

Para Franco Liistro el octavo Rally de Argentina no fue un asunto fácil. Es que a este italiano agradable, gracioso y atildado con un poco de Alberto Sordi y otro poco de Aldo Fabrizi, le tocó en suerte -como cada año de nuestra carrera y en cada carrera del Mundial de Rally- oficiar de contacto entre la prensa y el equipo Lancia – Martini y, por sobre todas las cosas, entre la gente del equipo que estaba en la ruta y el gran “boss” del team, Cesare Fiorio, en Europa.

Como nunca hasta ahora, la tarea de Liistro fue ardua.

Hasta la mitad de la segunda etapa eran pocos los periodistas presentes en la Sala de Prensa que requirieron la opinión de Liistro. Pero cuando Massimo Biasion salió por las rutas cordobesas a descontar los veinte segundos que le había sacado Recalde en el primer movimiento todos convergieron sobre él con preguntas tales como…

“¿Cuales son las órdenes del equipo?”. “¿Cuando lo paran a Recalde para que gane Biasion?”.

Allí comenzó el bueno de Franco Liistro su calvario informativo.

Con Recalde adelante en la partida de la tercera etapa, los ánimos se caldeaban y se notaba un mayor nerviosismo general. Las dudas sobre el nombre que llevaría la copa del ganador eran cada vez más grandes.

Recalde ganaba un prime y Biasion el otro. Parecía una novela de Hitchcok con algunos efectos especiales de Steven Spielberg.

Cuando todo parecía definido…

El primer llamado urgente desde el “walkie talkie” de Liistro hacia el puesto en la ruta de Nini Russo (… “capo squadra” de Lancia) se produjo cuando el Lancia de Recalde se retrasó al romper la parrilla de suspensión en una piedra enorme (… uno de los efectos especiales de algún Spielberg cordobés) quedando detrás de Biasion nada menos que 1m15s.

La carrera para Recalde estaba definitivamente perdida. El propio Recalde lo sabía aunque dijera que “… la carrera aún no está terminada”.

Fue Liistro quien informó de la rotura del elemento vital para el Lancia de Recalde y fue él también quien informó a la sala de prensa acerca de los 2 minutos de penalización que caían sobre el cordobés en Ascochinga al retrasarse en un control a causa de la reparación de emergencia.

Esto hacía suponer al propio Liistro que ya podía guardar sus cosas y dedicarse a seguir los tiempos de Biasion en cada tramo sin tener las urgencias informativas que hasta ahora había vivido.

Sin embargo, acá también aterrizó aquello de “… el hombre propone y Dios dispone”, y el bueno de Liistro -nuestro personaje guía- vio sacudida su tranquilidad cuando el avión de “Sprinter” inundó el habitat de periodistas con un estentóreo”¡¡¡Se queda Biasion, se queda Biasion!!!”. Como impulsados por un resorte los periodistas rodearon al italiano y este a su vez accionó el “walkie talkie” pidiendo a Nini Russo el informe sobre lo ocurrido. Russo, minutos después, pudo informar que Biasion había quemado un fusible que comandaba la inyección electrónica y que su retraso era de 7m31s.

El telegrama nunca llegó

Recalde tuvo razón cuando dijo que la carrera no había terminado. Habrá sido por eso que Biasion al llegar al Chateau Carreras a 4m02s de distancia con el puntero Recalde, dijo la misma frase que el cordobés. Aunque nadie lo suponía, la carrera podía darse vuelta con una simple orden. Y esa podía ser la misma que le llegó a Russo -también por intermedio de Liistro- en Montecarlo 1987 y que obligó a Kankkunen a detenerse en medio de un prime para darle la victoria a Massimo Biasion.

Esa noche, Jorge Del Buono nos dijo: “Todo bárbaro, pero no hay que olvidarse que el telegrama puede llegar en cualquier momento”. Para el navegante de Recalde las cosas estaban planteadas más allá de la emoción de ir en punta o de haber ganado todas las etapas… Para Del Buono su futuro estaba en la orden de su equipo y esa orden la debía emitir Cesare Fiorio desde Italia.

La cuarta etapa se largó con la duda terrible de como sería su desarrollo y su final. Siempre el telegrama, siempre la orden imprevista (… o prevista) como si fuese una sutil espada de Damócles.

Los tres personajes claves de esta “novela” tomaron actitudes distintas: Recalde tranquilo, con la seguridad de la punta pero con la necesidad de mantener la diferencia. Biasion con la obligación de ganar primes para que una eventual orden de Fiorio de pasar adelante lo encontrara con los brazos en guardia, aún dando batalla, y nuestro amigo Liistro con la orden de ubicarlo a Cesare Fiorio donde estuviese para que transmitiera su “bendición” a uno de los dos contendientes del equipo.

Los tres primeros primes se los llevó Recalde que fue al frente con todas sus ganas. El PC-26 lo ganó Biasion y fue en ese momento -mientras los dos Lancia aún corrían cerca de Atos Pampa- que la orden de Fiorio llegó a través de los 11.000 kilómetros de distancia…

“Recalde…”

Desde el teléfono de la Sala de Prensa, la voz de Liistro pasó al “walkie talkie” y allí al puesto de abastecimiento de Lancia en Potrero de Garay. Los receptores de la orden fueron Nini Russo y Massimo Biasion quienes recibieron el esperado mensaje.

A partir de Potrero de Garay, Jorge Recalde y Jorge Del Buono supieron que, pro primera vez, el Rally de Argentina llevaría sus nombres. Y ahora sí, Franco Liistro guardó su “walkie talkie” en el enorme bolso de Martini, enfundó su máquina de escribir, pagó sus cuentas de télex, fax y teléfono y decidió que el equipo Lancia Martini no necesitaba más de sus servicios.

Sólo quedaban dos primes, Potrero de Garay – San José y Bosque Alegre – Falda del Carmen.

Recalde era el ganador por amplia diferencia… Biasion seguramente, saldría a ganar ambos primes para mantener el honor intacto… Y para mayor tranquilidad del equipo, el piloto particular Wittmann guardaba las espaldas en el tercer lugar. Todo redondo para la marca y para Liistro.

Aún antes que el primer auto llegar a final del último prime, Franco Liistro ya caminaba rumbo a su auto dejando atrás tres días de ajetreado trabajo. El octavo Rally de Argentina había quedado atrás. Jorge Recalde y Jorge Del Buono (… un cordobés y un marplatense) habían ganado. Para el Campeonato Mundial de Rally, la victoria de una tripulación “invitada” había sido un “golpe de efecto”.

Pero a Franco Liistro ya no le interesaba. Su agotador trabajo había terminado… claro que el descanso no sería muy largo. El Rally de los Mil Lagos, en Finlandia, lo vería otra vez como “puente” entre la ruta y los capos de Lancia. Esa es su labor.