| Gualeguaychú: quién es quién en la Asamblea | ||
La fuerza persistente de las manifestaciones y la profunda horizontalidad de la organización desconciertan a la dirigencia tradicional que no ha encontrado la manera de romper el hielo de la desconfianza y hacer eficaz su estrategia de persuasión PARANÁ.- Algunos atienden a la prensa, otros conversan con representantes del gobierno, pero son otros los que deciden. La Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú funciona con una rara y por momentos desconcertante horizontalidad, en la que los de abajo designan coordinadores y representantes, caras visibles, pero no delegan en ellos la iniciativa y, mucho menos, el mando. La fuerza de las manifestaciones, fundada en intereses ambientales y económicos, descoloca al poder tradicional. Después de desarrollarse como asamblea de vecinos autoconvocados, se convirtió en una ONG con autoridades, pero con el compromiso explícito de que sólo era a los efectos formales, jurídicos, y que nadie debía ejercer el cargo, una determinación que los vecinos recuerdan permanentemente. Entre los más destacados integrantes hay profesionales, comerciantes, productores agropecuarios, dirigentes de entidades, funcionarios, concejales; gente que en algunos casos ha militado o milita en el justicialismo, el radicalismo, la vieja UceDé o partidos provinciales. No son ellos, sin embargo, los que mantienen vivo el piquete día y noche sobre la ruta nacional 136, a la altura del arroyo Verde. La desconfianza motoriza. Alguien puede impresionar bien a observadores de afuera con su oratoria, pero su mensaje, por la decodificación particular que hacen los asambleístas en su contexto, tal vez esté llegando como el de un "operador". Cierto olfato indescriptible actúa como tamiz. Con excepción de un par de concejales y un funcionario local, los vecinos catalogados como "políticos" tienen voto pero no voz en la Asamblea; nadie les prohibirá el micrófono, no es necesario porque los dirigentes saben que no deben tomarlo. Entonces van con el termo y el mate, saludan, charlan, pero mantienen distancia del micrófono. Eso mismo hace el intendente, Daniel Irigoyen, que forma parte de la Asamblea y que, en el orden político, se considera kirchnerista. El piquete está formado por la típica clase media, y allí la mayoría reniega del mote de piqueteros. "Nosotros no somos unos muertos de hambre, no andamos con máscaras", se escucha. De hecho, para asistir al bloqueo en el arroyo Verde hay que tener auto con combustible que permita recorrer 60 kilómetros, ida y vuelta. Casi nunca se ve un ómnibus o un camión con militantes, lo más habitual es un coche con dos o tres personas. El caso es que "la Asamblea cambia el eje de las discusiones y las formas, y eso no encaja en los modos de entender el poder de políticos como Jorge Busti, gobernante del día a día, paternalista en algún punto, habituado al tome y daca, con quien la Asamblea está en permanente cortocircuito", analiza el periodista Marcelo Lorenzo. Es una sola Asamblea, los integrantes no se llevan mal y se distinguen de sus pares de otras localidades. En la gran mayoría de los encuentros, los manifestantes se cuentan por cientos, no por miles, pero en Gualeguaychú se nota el formidable respaldo de la ciudad. Los mismos que se dividen en un River-Boca como cualquier familia argentina, ven en la Asamblea la camiseta de la Selección. A los pocos especialistas se les escuchan razones, y a las mayorías, una fe ciega contra las pasteras. En Colón, en cambio, se formó un grupo pequeño de gente, con escaso protagonismo de la ciudadanía, y la Asamblea de Concordia es liderada por funcionarios y dirigentes oficialistas del PJ. Sí son apreciables, en Gualeguaychú, las diferencias entre los asambleístas de la calle y los de más roce con los medios, o entre los que "ponen el lomo" en la ruta y los de la "superestructura", como se escucha decir. Protagonistas Hay dos generaciones bien marcadas y trabajando codo a codo. Los mayores de 50: Juan Veronesi, Osvaldo Moussou, Héctor Rubio, Alfredo De Angelis, Edgardo Moreira, Andrés Rivas (padre), Horacio Melo, Ana Angelini, Alejandro Gahan; y los de 40 y pico como Gustavo Rivollier, el "Pájaro" Muñoz, Fabián Moreno Navarro, Javier Villanueva, Jorge Frizler. Algunos son menores, de veintipico y gran empuje: Andresito Rivas, Emilio Vitale, Rodrigo Denaday. Algunos ambientalistas históricos como Rubio, Melo, Pelusa Figún y el Flaco Claret fueron los primeros en levantar la voz en febrero de 2002, hace cuatro años. Y lo hicieron con fuerza desde que recibieron la voz de alerta de Ramón Medina, Julia Cóccaro y Delia Villalba, vecinos de Fray Bentos, sobre la inminente instalación de la española Ence. Después aquellos "apóstoles", integrados en la Red de Organizaciones Socioambientales, cedieron paso a una nueva camada entre los que estaban el abogado Moreno Navarro, Alejandro Gahan y Edgardo Moreira, y la masividad fue posterior. Así, los integrantes actuales de la Asamblea son en su mayoría "nuevos" y se consolidaron algunos meses antes de la marcha multitudinaria del 30 de abril de 2005, que fue un punto de inflexión: hasta el gobernador Jorge Busti y otros políticos provinciales optaron por asistir, caminar algunos metros entre la gente y dejarse filmar y fotografiar convenientemente. Fue una pueblada. Hay vecinos que están en la ruta llueva o truene. Es imposible mencionarlos a todos, pero sin duda una de las más pintorescas es Nelly Pivas, ama de casa, a quien los vecinos llaman la "Pacha mama", por sus arengas a favor de valores de la tierra y su defensa de los chacareros. Una romántica. Y, más allá de olvidos inevitables, una síntesis sobre la Asamblea no podría obviar otros nombres: el periodista Luis Molinuevo, los productores Jorge Michel, Diego Veronesi y Juan Ferrari; el empresario Daniel Pérez Molemberg, el guardafauna Alfredo Casella. Cecilia Córdoba, el "Pájaro" Muñoz, Fredi Bocalandro, Juan Marcón, Raquel López, Alejandra Crimella, Raquel González de Michel, María Elena de Alonso. Aunque fueron ellos, los históricos, quienes alertaron sobre una "catástrofe" y prefirieron hacer silencio cuando se demostró que el gobierno escondía similares proyectos que el Uruguay -plantaciones de eucalipto e instalación de celulosas- , casi todos los "históricos" son hoy "moderados". Pero en el fondo, la Asamblea se mueve con ritmo propio. Hubo, es cierto, momentos en que el estilo horizontal se puso al límite y quedó demostrado que, si alguien organizaba una presencia masiva de un sector, podía dar vuelta un resultado. El problema era cómo sostener esa medida, sin convicciones, frente a gente con convicciones. La Asamblea es considerada por algunos "una uvita" para el estudio sociológico ya que, si pretende reemplazar o complementar un sistema de representatividad que no funciona, su experiencia deja también interrogantes. El fenómeno tiene lugar en una ciudad muy particular, con inusual dinamismo en las entidades intermedias y escasa (no nula) dependencia de los "favores" políticos. No se observan grupos bien diferenciados. Se trata de vecinos de una ciudad chica de 80.000 habitantes, y por eso las pertenencias son cruzadas. Fuente Ovejuna lo hizo El micrófono está sobre la banquina y la Asamblea se sienta abajo, hacia el alambrado, por eso bien se puede hablar de los de abajo y los de arriba. Muchos de los de abajo descreen por completo de la dirigencia política. "La papelera contaminante es el fiel reflejo de nuestros gobernantes", coreaban la última vez que avanzaron sobre la ruta. (Los barrios pobres de Gualeguaychú parecen más ocupados en sobrevivir.) Y se manejan con tanto recelo que terminan extendiendo la desconfianza a sus propios delegados. Los "dirigentes" escuchan sugerencias y planes de los gobernantes, y se muestran abiertos, pero abajo les reclaman hechos, no palabras, y a veces lo hacen con la "autoridad" que les da "hacer el aguante" en la ruta, un compromiso que otorga peso propio y, para algunos, razón de ser. Vaya como ejemplo lo que ocurrió en un viaje a Buenos Aires (y se repitió en otros) realizado por los delegados de la Asamblea para conversar con el canciller Jorge Taiana y el Jefe de gabinete Alberto Fernández. El 90 por ciento (por no decir la totalidad) de los mensajeros volvió con la idea de que debían mantener despejada la ruta, que eso convenía a los fines legales, y dos minutos después de que se escucharon por el parlante las explicaciones sobre el resultado de la misión, la ruta estaba bloqueada, ¡y por decisión unánime! No se vio una sola mano levantada por la opción que traían los enviados. "Los funcionarios nos preguntan en Buenos Aires -tal vez con razón-, a quién representamos nosotros", se animó tímidamente en uno de los encuentros diarios el docente jubilado y actual apicultor Juan Veronesi, autor espontáneo del grito-cántico clásico de la Asamblea ("¡Gualeguaychú no va a aflorar!"). Y el hombre no hizo más que blanquear una situación de hecho: todos habían ofrecido razones contra el bloqueo, y los de abajo sólo esperaban en la banquina el fin de tanto discurso... para volver a cortar la ruta. Cuando uno de los emisarios intentaba opinar (además de transmitir lo que escuchó de las autoridades en la Capital), apenas pronunciaba la frase "yo pienso que...", de abajo le gritaban "¡sin opiniones!" Los dirigentes, periodistas y politicólogos que han intentado dilucidar la naturaleza de esta particular organización anárquica erraron más de una vez en el diagnóstico, porque no es difícil hablar con tres de los asambleístas de mayor presencia mediática -los de teléfono celular encendido- e intuir una inclinación decidida por el sí, y finalmente constatar, a la noche, cómo se impone el no por goleada. Todo esto dificulta una explicación del quién es quién en la Asamblea de Gualeguaychú. O se describe a muchos o no se habla de nadie. ¿Existe una persona, o un grupo de personas, cinco, seis, con mayor influencia? No. Las pasteras son a Gualeguaychú lo que el Comendador a Fuente Ovejuna, y ese impulso no se frena ni siquiera con la certeza de que hay acechanzas dentro de la provincia más peligrosas que las pasteras uruguayas. Por Daniel Tirso Fiorotto No sólo un reclamo ambiental La persistencia del reclamo y la categórica negativa de los asambleístas ante los intentos persuasivos del poder político han hecho del fenómeno de los cortes en Gualeguaychú un hecho eminentemente ambiental y político. Sin embargo, cabe preguntarse si los temores que despiertan las pasteras se agotan en el reclamo ecológico. En su mayoría, los analistas de la zona admiten el peso de esa preocupación por el posible deterioro del medioambiente, pero casi en un pie de igualdad colocan el factor económico. Muchos propietarios vaticinan la devaluación de las propiedades y un deterioro severo en el negocio turístico. Empresas que nunca se destacaron por su filantropía están financiando parte de la logística de la lucha. "Hay una burguesía que se siente amenazada, los árboles y sus raíces empujan menos que los bienes raíces", ironizó un estudioso local. Pero si la economía tracciona, las marchas facilitan otras expresiones que ponen en cuestión algunas estructuras y convocan a discutir, por ejemplo, las megaobras proyectadas para la región sin participación popular a través del proyecto denominado IIRSA. El papel de la Iglesia Párrafo aparte merece la actitud de la Iglesia. El cura Jorge Pelay acompañó a la Asamblea desde el principio. El padre Luis Jeannot Sueyro, de enorme predicamento en Gualeguaychú, donde es "Ciudadano ilustre", se ha mostrado bastante moderado y llamó a atender derechos pero también "responsabilidades". Dijo que antes de generar una enemistad con los hermanos de Uruguay prefiere "que se seque el río". Y el nuevo obispo Jorge Lozano aporta una presencia inesperada. Su popularidad resulta sorprendente. Los vecinos que recibieron su visita en bicicleta han quedado encantados, es motivo de comentarios en cada esquina, y su compromiso con el asunto de las pasteras da la impresión de que se podría estar ante la primera autoridad con autoridad, es decir, la primera autoridad respetada por la gente |
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