| Una historia de amor y otra de desamor | ||
Luisa y Felipe (no son sus nombres reales), con quince años de casados y tres hijos, no se ponían de acuerdo respecto de las salidas. El reclamaba que todo había cambiado para mal, que se habían ido alejando de los amigos porque ella estaba siempre cansada, aburrida y con mala cara. Ella decía que, en el noviazgo y los primeros años de matrimonio, él tenía mucha capacidad de adaptación y buen humor, pero que se había convertido en un exigente y reprochón. Entonces consultaron para que la pareja volviera a ser lo que había sido. Por medio de las diferentes entrevistas surgió el temor de él a parecerse a la pareja de sus padres, y el recuerdo que Luisa tenía de su madre diciendo que "después de tener hijos la vida ya no es la misma". El tratamiento les permitió encarar sus dificultades matrimoniales. "No se puede considerar patológico que en un matrimonio se presenten crisis, esto es lo esperable. El problema está cuando en vez de enfrentarlas se eluden las crisis", concluyen las licenciadas Diana Rizzatto y María Ester De Palma, en el artículo "La pareja y las crisis", publicado por la Sociedad Argentina de Terapia Familiar, que relata la historia de Luisa y Felipe. "Cuando entendí que no había posibilidad de llegar a acuerdos y no encontraba la forma de acercarnos, me deprimí mucho - relata Andrea, 39 años, divorciada-. Habíamos crecido en distintas direcciones, teníamos diferentes expectativas y nuestros proyectos de vida no coincidían. Sin embargo, cada vez que le comentaba esto, él invalidaba mi posición, diciendo que se trataba de un problema mío." Entonces, continúa, "iniciamos una terapia de pareja y ahí surgió la posibilidad de separarnos como una opción más sana para los dos. Finalmente encontré un espacio terapéutico personal que me ayudó a darle valor a mi percepción de la realidad y desligarme de todas las culpas que él me adjudicaba". |
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