1917, el horror de la guerra más allá de la técnica

1917, el horror de la guerra más allá de la técnica

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La ganadora del Globo de Oro a Mejor película y candidata al Oscar con 10 nominaciones, trasciende sus logros técnicos del plano secuencia, y consigue poner al espectador en la piel de los actores, en primera y tercera persona.

Si bien hubo otras películas que transcurrieron en un plano secuencia (La soga de Alfred Hitchcok o Birdman de Alejandro González Iñárritu), Sam Mendes (Belleza americana, de James Bond Operación Skyfall y Spectre) nos propone una vivencia de la guerra en primera persona, siendo protagonistas y testigos a la vez. Esto representa un gran trabajo de camarógrafos, director de fotografía, pero fundamentalmente de los actores.

Una aventura que parece una misión suicida: dos soldados británicos -Blake (Dean Charles Chapman) y Schofield (George MacKay) – deben entregar un mensaje a los suyos, atravesando el territorio enemigo, para evitar que 1600 hombres sean emboscados (allí se encuentra también el hermano de uno de los cabos).

Fue Alfred, abuelo de Sam Mendes, quien le contó historias sobre la guerra y así nació 1917. Quizás sea por eso, que nos muestra magníficamente la miseria, el horror, la crueldad, el terreno (lleno de barro, por ejemplo), manejando muy bien los planos físicos y emocionales, a través de la vivencia de estos soldados.

Esta misión heórica que requiere valentía y coraje, también tiene su lado más débil y es el temor. Tiene escenas de guerra memorables, que no vamos a contar para no spoilear la película.

1917 no es un filme de guerra más. Refleja la Primera Guerra Mundial desde otro enfoque, y no se queda en la parte técnica con su tan mentado plano secuencia, sino que va mucho más allá, haciendo vivenciar el horror de la guerra al espectador, que sentirá lo mismo que los soldados protagonistas. Esto es lo que la define como una gran película.