@ExpressVPN
El término internet de las cosas (o IOT por sus siglas inglesas) ha ido poco a poco filtrándose en nuestro vocabulario y en nuestra vida cotidiana en los últimos años, hasta llegar a ser un concepto con el que nos relacionamos —algunas veces sin saberlo— en nuestro día a día. El internet de las cosas representa un paso más en el proceso de automatización y de digitalización que viene produciéndose progresivamente desde hace ya varias décadas. Consiste, en resumidas cuentas, en la interconexión de los objetos cotidianos entre sí por vía de internet. Hace pocos años, que una nevera, o una calefacción o un coche, o un sistema de iluminación pudiera “tomar una decisión” por sí sola en base a los datos que ha recopilado o a las preferencias que nosotros, de forma remota, hubiéramos establecido, hubiese parecido poco menos que ciencia ficción. Sin embargo, no es raro que hoy en día varios de esos sistemas formen parte de nuestra vida diaria. Es indudable que el concepto del internet de las cosas está aún en las primeras etapas de desarrollo y que pasarán unos años hasta que se generalice la implantación de sus sistemas. Por otro lado, su recorrido actual ya puede servir ofrecernos una idea acerca de lo que puede suponer el uso de estas nuevas tecnologías.
En primer lugar, parece claro que la irrupción del internet de las cosas implica un aumento notable de la conectividad y, con ello, de la interrelación entre dispositivos y la velocidad en el tratamiento de datos. Significa, en pocas palabras, más datos, a más velocidad y de forma más accesible. Esto, por supuesto, desemboca en una mayor capacidad de organización por parte del usuario, que podrá planear sus tareas y programar sus preferencias de forma más cómoda y eficiente, con el consiguiente ahorro en tiempo y dinero. La casa solo estará caliente cuando tenga que estarlo, los productos perecederos solo estarán en nuestras cocinas cuando vayan a ser consumidos, nuestros coches elegirán la ruta que menos consuma teniendo en cuenta el tráfico y el tipo de vía… Este aumento en la conectividad hará, además, que estemos al tanto de todo aquello que pueda resultarnos relevante de manera inmediata, tanto si se trata de una situación doméstica, laboral o coyuntural. Y no solo eso, la información relativa a ese acontecimiento no tendrá una sola fuente o un solo dispositivo, si no que tendremos acceso a diferentes “perspectivas” acerca de una determinada situación. Por otro lado, la complejidad de estos sistemas y la amplitud de posibilidades (y también de riesgos) que ofrecerán provocará, probablemente, la aparición de nuevas profesiones relacionadas con el asesoramiento, el uso y el mantenimiento de estos nuevos productos y servicios.
Sin embargo, como decíamos, esa complejidad conllevará también varios riesgos que no pueden pasarse por alto. El primero y más importante es el tema de la seguridad. La falta de regulación específica en esta materia, la interconectividad e interdependencia entre multitud de dispositivos y la falta de recorrido de los sistemas blindaje de los dispositivos y de sus datos puede hacer que los usuarios sean vulnerables a ciberataques y hackeos. Esto entronca con los problemas de privacidad que pueden derivar de estos sistemas, no solo por el acceso que los delincuentes informáticos puedan tener a información sensible del consumidor, si no por el uso que las propias empresas proveedoras de estos servicios y sus empleados (o terceros con acceso) puedan hacer de esa información. Lo primero puede evitarse con soluciones como el uso de un router VPN, pero el segundo problema solo puede solventarse rechazando el uso de determinados servicios. La complejidad de estos sistemas puede traer también inconvenientes relacionados con el malfuncionamiento. Aunque es posible que estas situaciones vayan reduciéndose a medida que la tecnología se vaya desarrollando y los sistemas se vayan depurando, puede ser una desventaja a tener en cuenta sobre todo en las fases iniciales del desarrollo del IOT. Otro inconveniente que podemos encontrar actualmente es la falta de un estándar común entre dispositivos y marcas que permita superar los problemas de compatibilidad con los que podemos toparnos. Esto supone que cada proveedor crea su propia conexión particular y sigue los patrones que más le convienen a la hora del desarrollo de sus productos, impidiendo que muchas de las tecnologías puedan relacionarse entre ellas. Por último, creemos que caben mencionar los riesgos que estos nuevos sistemas pueden suponer para los propios usuarios en términos dependencia y sujeción a la tecnología. Ya a día de hoy llama la atención hasta qué punto, tanto multitud procesos como multitud de personas, dependen de la tecnología y de la conectividad. No es extraño encontrar referencias a diferentes patologías y adicciones relacionadas con el uso de determinados dispositivos y/o plataformas digitales, o información acerca de las consecuencias en términos de pérdida de capacidad de atención, de sentido de la orientación, o de capacidad para relajarse y desconectar que provocan el uso indiscriminado de estos dispositivos.
Por todo ello conviene ser conscientes de todo el conjunto de implicaciones que rodea al uso de estas nuevas tecnologías y estos nuevos dispositivos y tenerlo en cuenta a la hora de decidir cómo queremos que sea nuestra relación con ellos, cómo protegernos de sus riesgos y cómo hacer un uso eficiente y coherente de los mismos.
@ExpressVPN





