El monumento al General Juan Bautista Bustos ya está colocado en la ciudad de San Francisco. En la jornada de ayer se realizaron trabajos para ubicarlo. La estatua está ubicada en el Jardín Botánico, el cual se ubica sobre Bv. 25 de Mayo, a pasos del Superdomo.
El monumento tiene unos 9 metros de altura y pesa cerca de 4 toneladas. La Secretaría de Infraestructura de la Municipalidad continúa con detalles para culminar con la obra en dicha ubicación. Cabe remarcar que es una decisión del gobierno provincial y que también hay monumentos a Bustos en Villa María, Córdoba y Río Cuarto.
Juan Bautista antes de Bustos: los días de juventud del prócer cordobés
- Antes de convertirse en el caudillo que defendió la frontera cordobesa ante la embestida artiguista, Bustos fue un joven cercano a su pueblo y curtido entre trabajadores rurales y ganado.
- Fue comerciante, héroe en las Invasiones Inglesas y el primer gobernador constitucional de la Provincia.
- Cómo se forjó su carácter federal, empático y protector de la soberanía de una Córdoba que hoy lo conmemora con escuelas, puentes, hospitales y cientos de monumentos en todo su territorio.
“Salvar la Patria”, frase acuñada por el brigadier Juan Bautista Bustos en referencia a la sublevación del Ejército del Norte tras la batalla de Arequito para poner a las tropas al servicio de la campaña independentista y alejarlas de las “pérfidas manos del centralismo”.
Ese es el nombre del libro de relatos sobre la vida y obra del cordobés Bustos escrito por el periodista Juan Stahli, que está en proceso de producción y vería la luz en los próximos meses. Algunos de sus extractos recopilan la juventud de un Bustos adolescente, previo a su partida a Buenos Aires para oficiar de comerciante a los 23 años.
“Los líderes de este tipo se van formando mientras viven. No solo por la educación que reciben, sino que en muy pocos años viven muchas vidas. Tienen realidades muy intensas. Bustos comparte con sus contemporáneos Bolívar, Sucre, San Martín y Belgrano la mirada del federalismo. Un estado provincial fuerte, con autonomía, pero dentro de una confederación de estados que nos permitan ser una región con mayor libertad. Ese es el espíritu de la constitución de Córdoba de 1821”, explica el autor.
Bustos fue dos veces gobernador de Córdoba. En 1820 asume su primer mandato electo por los cabildantes. Sin embargo, en 1825 no lo elige la élite votante de la época. Por ello, se subleva el pueblo y logra que el Cabildo lo reelija.
Una vida entre iguales
La Estancia San José, propiedad de la familia Bustos, estaba ubicada en el centro del departamento Punilla, en Santa María. Mantiene un alto nivel de desarrollo tecnológico y de producción. Pero, además, abastecía a la ciudad de Córdoba y a otros pueblos cercanos con arropes, jaleas, frutas secas, granos de maíz, carnes frescas y demás alimentos.
«Todas las estancias coloniales son similares a las que hay en la campiña española. Viven las familias y todos los sirvientes para el autoabastecimiento de la propiedad, que solían tener miles de hectáreas”, señala Stahli.
Los niños de la familia eran criados por las sirvientas y convivían con los hijos de los trabajadores de las estancias. En ese contexto se da ese cruce entre un joven que se crió en las Sierras de Córdoba y después se fue a la ciudad pero siempre volvió. “Eso lo ayudo, él lo escribe en sus cartas. Bustos conoce el sufrimiento de los trabajadores y él se sentía cómodo en el trato con un igual”, explica.
Su estadía en la ciudad
Aun entre un crecimiento de límites difusos, Córdoba se proyecta sobre ambos márgenes del Suquía. Al atardecer, las mujeres y los niños lavan la ropa en el río. Los hombres cortan leña y prenden el fuego para cocinar.
La casa de los Bustos en la ciudad se encuentra ubicada a escasos 150 metros de la Manzana Jesuítica. El mes de marzo comienza con altas temperaturas. La familia ya se instala en la ciudad, porque el hijo mayor comenzará sus estudios. Juan Bautista se despierta algo asustado. Las primeras noches que duerme allí, luego de una larga temporada de verano en la Estancia San José, se levanta perturbado. Se prepara para ingresar, por primera vez, al edificio del colegio Santo Domingo.
Estudia Gramática latina y castellana y Filosofía. Es un lector voraz. Gran conocedor de la Biblia y las distintas escrituras sagradas. Profesa como hermano dominico y realiza sus votos de Templanza, Providencia, Fortaleza y Justicia.
Por las tardes, al salir de clases, comparte el tabaco en las veredas con humildes artesanos, recorre los ranchos y toma mate con los peones en los fogones junto al río.
De tanto en tanto, se deja llevar por las insistencias de sus compañeros de estudio y concurre a las tertulias o fogones nocturnos. Aciertan en el encuentro trabajadores, intelectuales, bohemios y viajadores. Se comparte música, teatro y poesía a boca de jarro.
Siempre se vuelve al lugar donde se fue feliz
Cuando al día siguiente se amanece temprano en la casa de la familia Bustos, Juan Bautista conserva intacto su buen humor y sus ganas de partir hacia aquellas tierras a donde nunca dejará de volver: el Valle de Punilla, la Estancia San José. Lo esperan tareas que adora: en la chacra y en los corrales; cazar de a pie día y noche; montar en su yegua preferida como si fuese un niño pequeño y no un experimentado jinete; afinar su puntería, que ha descuidado por varios meses, con rifle y pistolas.
Con el tiempo de estudio, ha sumado a sus propias lecturas, ideas y vivencias de otros territorios. Comienza a distinguir las malas condiciones y las penurias que viven trabajadores y esclavos en la región. Juan Bautista conoce de primera mano la realidad de aquellas familias campesinas; su falta de educación y de acceso a la salud. Toda esa experiencia será la puerta para el futuro que le espera.
“Las causas de su muerte tienen que ver con la última batalla de La Tablada, donde combate el ejército de Córdoba y el de Facundo Quiroga contra el ejército centralista de José María Paz. En la huida, en los barrancos de Yapeyú, Bustos se tira hacia el río para escapar y se lastima con su propio caballo, pero logra llegar a Santa Fe luego de demasiados días, porque estaba muy lastimado. Como consecuencia de esas heridas fallece un 18 sepitiembre de 1830 en dicha ciudad”, cuenta.
Su legado, memoria y valores perduran más que nunca entre los límites de nuestra provincia. Cientos de monumentos, edificios públicos —como escuelas, hospitales, plazas y puentes— llevan su nombre. Bustos está impregnado en la conciencia colectiva cordobesa. Pero una vez fue joven. Un joven que trazó su destino entre el agua dulce de los ríos punillenses, la tierra removida para la siembra y las huertas de alimentos cultivados de los que se nutrió, tanto su estomago como su alma.
Un gobernador comprometido con la educación pública
En el año 1820, poco tiempo después de asumir su mandato, Bustos decide poner a la entonces Universidad de Córdoba (ahora UNC) bajo la jurisdicción provincial para reacondicionarla y dotarla con nuevos equipamientos.
Entre los equipamientos adquiridos, el que marcó fuertemente la historia de la universidad y de la provincia fue la imprenta. La nueva imprenta permitió la publicación de nuevos libros, periódicos y mamotretos indispensables para fortalecer la educación en todos sus niveles, a la vez que posibilitó que la universidad obtuviera fondos adicionales para nuevas mejoras.
Sin embargo, su intervención en el ámbito universitario no finalizó allí: también contribuiría a la supresión del requisito colonial de limpieza de sangre, permitiendo que muchas más personas estuvieran en condiciones de matricularse.
Además impulsó reformas en los planes de estudios universitarios, destinadas a priorizar la enseñanza del castellano por sobre la del latín y la incorporación del estudio del derecho patrio y leyes del estado.
Todos estos importantes aportes a la educación, favorecieron a que en 1823 fuera declarado “Protector de la Universidad”.
Otra de las grandes contribuciones de nuestro primer gobernador constitucional fue la creación de la Junta Protectora de Escuelas. Este organismo estuvo destinado a favorecer la educación en sectores rurales, así como a permitir que el estado permanezca en permanente contacto con sus territorios menos accesibles.

