La violencia en contra de los niños

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El médico psiquiatra, Osvaldo Rubiolo, conversó con Radio Estación 102.5 sobre la violencia en contra de los niños, a raíz del caso de Lucio, el niño asesinado por su madre y la pareja de ella en la provincia de La Pampa.

«Es la escenificación más clara de lo que es el horror, porque de alguna manera un niño totalmente indefenso sufrió agravios, agresiones, en forma continua, permanente, y a posteriori su muerte. Pero también la autopsia dada por el forense da que hay claros signos de que también había sido violado, entonces creo que la sociedad está cayendo en una situación extrema, en situaciones de violencia hacia los niños en el cual tendrían que ser las personas más cuidadas, más protegidas, más acompañadas, con el mayor afecto posible, como acá tenemos la contra cara, totalmente lo opuesto a lo que ellos necesitan», relató Rubiolo.

El médico profundizó acerca del odio que tiene como trasfondo este caso. «De una forma o de otra, en vez de tener amor, aparece el odio en toda su magnitud. Y el odio es sin sentido, pero no sin objeto, decía Lacan hace muchos años. Este niño no tendría porqué haber sido odiado, pero de alguna forma o de otra, en las ideas de estas dos mujeres parecía que este niño molestaba para la convivencia de ellas, entonces comienza la idea de que primero como sacarlo, como rechazarlo, hasta que llega un momento en que seguramente comenzaron a crear en su estrategia como hacerlo desaparecer», explicó.

«Tal es el odio, y tal el rechazo, porque para pegarle a un niño de tanta manera y provocarle la muerte, es un odio visceral, muy patológico, muy enfermizo para llegar a esta circunstancia, en una personita que es totalmente indefensa y no tiene como protegerse de estas actitudes tan agraviantes, tan hostiles, tan agresivas», aseguró.

En este sentido, detalló sobre la actitud de las asesinas: «Hasta donde llega el egoísmo tan marcado y la actitud tan sádica, porque cuando hay reiteratividad en el caso estas personas gozan del dolor del niño». Y profundizó: «Alguien convenció a la otra, ahí tiene que haber una cabeza que comanda y la otra sumisa que acepta y es cómplice de la situación. Estas personas nunca se arrepienten, tienen la idea fija de que ellos siempre tienen la razón».

Por su parte, resaltó que los femicidios son otra cara de la violencia de la sociedad. «La cara de la violencia hoy en día la tenemos en todas sus magnitudes, la tenemos en el hecho de que hay una muerte de una mujer cada 26 horas, y, ¿Qué estamos haciendo? Absolutamente nada porque el proceso sigue y sigue. Me parece que la políticas que se están implementando, ninguna ha tenido el resultado que todos esperamos, que es no haya más muertes», comentó.

En cuanto al pensamiento del femicida, Rubiolo explicó: «En muchas ocasiones, este odio es tan grande que han ocurrido casos en los cuales el hombre mata a la mujer delante de sus propios hijos. Hasta donde llega el trastorno y el caos que tiene en su cabeza, que no puede frenar y de alguna manera arreglar las cosas de otra forma».  Y agregó: «Por eso digo que el odio es sin sentido, porque no tiene sentido el matar. Si la relación terminó, terminó. Pero hay muchos hombres que no aceptan, no se convencen perder a esa mujer, y en ocasiones ocurre que ese hombre ya tiene otra mujer, pero sigue pensando en esta otra porque el cree que es poseedor, que es dueño, de esa mujer, no la ve como un ser humano que piensa y siente. La ve como un objeto. ‘Esa mujer es mía, y no puede estar con otro hombre, no puede amar a otro hombre, no puede acostarse con otro hombre’. Y cuando llegamos a ese punto de la sexualidad, dispara esta actitud tan agresiva que lo impulsa en forma irrefrenable a matar a quien fue a su esposa, compañera en un tramo de su vida».

«Los femicidas tienen una actitud de posesión, ellos creen que son dueños de esa mujer, cuando nadie es dueño de nadie. La mujer puede hacer lo que quiera, como quiera, con su vida sentimental, con su vida afectiva, con su vida pasional. Pero cuando se enteran de una manera o de otra, que han tenido relaciones con otras personas, es el mecanismo disparador para que se trastorne su contenido de pensamiento, y comience a armar una estrategia para acorralarla», complementó.

En cuanto al rol del Estado, Rubiolo expresó: «En nuestro país la situación es tan caótica, que se han dejado de lado las cosas más esenciales. Si no hay una bajada de línea clara, precisa y contundente del cuidado de los niños, el cuidado de los docentes, el cuidado de la salud mental de la sociedad que está siendo totalmente descuidada». «En estos dos últimos años hemos visto como el gobierno en general ha descuidado la salud mental de los argentinos. No les importó absolutamente nada el hecho de no conseguir las vacunas rápidamente, no les importó ni tampoco hubo una actitud de arrepentimiento de nuestros políticos en decir ‘nos equivocamos por tener 120.000 muertos’, y de repente nosotros estamos encerrados y ellos su podían salir. Nos metieron el miedo mientras ellos salían y hacían lo que querían».

Además, contra el sector político, apuntó: «¿No les llama la atención que pierden una elección y parece que la pandemia desapareció? Y tenemos las canchas llenas, pero no se están dando cuenta que los comienzan a aumentar. Tenemos de nuevo 35% de las camas de terapia intensivas ocupadas, y vamos a seguir con las canchas abiertas. Y se olvidaron de aquellos errores tan groseros que cometieron».

«A esta altura la sociedad está cansada de padecer, de sufrir tantas cosas en el ámbito de quietarnos la libertad, de que no tenemos educación, que no tenemos cultura, no protegen a los docentes, no hay plan económico, no hay plan de salud, todo es como se vaya dando, pero siempre llegamos tarde. Y el llegar tarde en estos momentos significa perder personas y seres queridos», comentó.

Y destacó: «No quiero referirme solamente a este gobierno, y no quiero referirme a la política porque no es mi función, sino que quiero dar los distintos acontecimientos afectivos que de alguna manera afectan a las personas, y que de alguna manera esa persona se ve decepcionada, triste, con rabia, porque todos los días tenemos una decepción diferente».

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