La Biblioteca Popular de San Francisco nació del impulso vecinal a comienzos del siglo XX.
“Se formó de manera mancomunada. Hubo un grupo de vecinos, principios de siglo, no sabemos muy bien con certeza la fecha, que decidieron agruparse para crear un centro cultural. Luego, la biblioteca fue un desprendimiento, fue como un anexo de ese primer proyecto”, explicó Julio Marciano.
Desde sus orígenes, la institución se sostiene gracias al esfuerzo colectivo. “El hecho de que haya sido un grupo de vecinos que voluntariamente hayan cedido tiempo y recursos para poder crear un lugar como este es bastante llamativo. Repito que sea algo que salga del interés popular, del interés del pueblo”, remarcó. En ese sentido, aclaró una confusión frecuente: “Siempre hay cierta incorrección en el nombre. Se la conoce como biblioteca pública, pero en realidad público significa que depende del Estado. Al ser popular, hay una comisión constituida y se mantiene gracias al aporte de los socios”.

Marciano relató también su propio vínculo con la biblioteca: “Empecé como socio, particularmente durante la secundaria. Mis papás habían sido socios en su momento. Sacábamos los libros en tanda, uno para ellos y otro para mí. Cuando yo empecé a demandar más libros de los que podían acoplarse en una sola cuenta, ahí sí me hicieron socio a mí”. Esa relación continuó en su juventud: “Una vez que terminé el secundario, estaba interesado en tener un primer empleo mientras estudiaba. Me hubiera encantado que hubiera sido en la biblioteca, y se pudo cumplir gracias al PPP, al Programa Primer Paso. Estuve los primeros años realizando tareas varias, después atención a los socios y actualmente como parte de la comisión”.
Hoy, la biblioteca también funciona como espacio cultural. “Actualmente está funcionando acá la SADE, la Sociedad Argentina de Escritores, dirigida por Beatriz Bustos, que próximamente va a iniciar una clínica de escritura creativa y de corrección de obras. El Cineclub Fabio Manes ya funciona desde hace unos cuantos años, con ciclos que se renuevan mensualmente. Y en la actualidad se está por hacer un taller de grafología, de lectura y análisis de firmas”, detalló.
El edificio suma además intervenciones artísticas. “En el frente había antiguamente dos murales que se fueron deteriorando con el tiempo. Voluntariamente, Alejandro Marengo se ofreció a poder realizarlos de vuelta. Se blanquearon y él tuvo la idea de hacerlos por partida doble. Uno, que es el que está terminando hasta el momento, está referido a literatura y a personajes infanto-juveniles. Hay una mezclita muy linda entre literatura reconocida y cultura pop, con clásicos personajes de la literatura junto a personajes de televisión y películas contemporáneas”, contó.
Sobre los hábitos de lectura, Marciano destacó que “el género fantástico se ha convertido en un fenómeno cultural que quizás excede el mismo formato del libro. Hay toda una serie de expresiones anexas que se van juntando: de este libro se hace una adaptación para televisión, de este libro luego sale un videojuego. Hay una comunidad de fanáticos y las que tienen mayor prominencia son las sagas juveniles, sobre todo de ciencia ficción o fantástico”.
El público de la institución es diverso: “Es un público muy heterogéneo, tanto como la cantidad de libros que puede haber. Hay adultos mayores, señoras interesadas en un género particular, jóvenes que se acercan por primera vez, lectores asiduos que piden libros muy específicos y gente que quizás no tiene el hábito de la lectura tan incorporado, pero lo logra afianzar una vez que se hace socia”.
El trabajo diario está sostenido por las bibliotecarias: “Son las dos bibliotecarias de cara más reconocida, la cara que el público suele ver. Analia durante la mañana, Verónica los fines de semana. Antiguamente por la tarde estaba atendiendo Olga, también bibliotecaria histórica del lugar, excelente recomendadora de policiales con un conocimiento quirúrgico de autores y tramas de novela negra, que ha fallecido hace unos días”, recordó.
Finalmente, Marciano resaltó la importancia de acercarse al espacio: “La biblioteca se inició como el desprendimiento de un incentivo popular. Lo lindo es que la ciudad reconozca este lugar, que se acerque, si no para hacerse socios de inmediato, al menos para conocerlo. El solo efecto los va a atraer. Se crea una pequeña comunidad y luego, naturalmente, el hábito de la lectura va surgiendo solo. Cuando hay algún texto que te llame la atención, el virus se mete y no hay manera de sacarlo”.
La biblioteca conserva mobiliario y colecciones originales. “Sentirse amurallado por libros es una sensación muy linda. No sé si hay otro lugar que se le equipare, pero es un ambiente muy lindo para pasarse un rato o venir de vez en cuando”, concluyó.

