Claudio Ludueña y un oficio que resiste al paso del tiempo: “Como zapatero, cada vez tengo más trabajo”

Ludueña

En tiempos en los que muchos oficios tradicionales fueron perdiendo espacio, el trabajo del zapatero todavía encuentra un lugar en San Francisco. Claudio Ludueña lleva alrededor de 30 años dedicado a la reparación de calzado y, desde hace seis, está al frente de su propio taller junto a su esposa. Desde allí asegura que, lejos de desaparecer, la actividad mantiene una demanda constante.

“Empecé de muy chico, buscaban a un chico para trabajar y era un negocio así, así que bueno, ahí empecé de chico y seguí, seguí”, contó Claudio en diálogo con Radio Estación. Aquella primera experiencia terminó convirtiéndose en un oficio al que dedicó buena parte de su vida y que, con el paso de los años, también le permitió convertirse en dueño de su propio negocio.

Durante mucho tiempo trabajó como empleado, hasta que hace seis años apareció la posibilidad de comprar el comercio junto a su esposa: La Clínica del Calzado, en Belgrano 1861. Hoy, con décadas de experiencia, conoce los cambios que atravesó el rubro y también las necesidades de sus clientes. “No hay tantos zapateros, pero hay mucho trabajo. Yo, gracias a Dios, tengo mucho trabajo todos los días”, explicó.

De los zapatos a las zapatillas y las valijas

El oficio también fue cambiando junto con los hábitos de consumo. Si antes la reparación estaba más asociada al calzado tradicional, actualmente las zapatillas ocupan buena parte del trabajo cotidiano. También aparecen zapatos escolares, mochilas, bolsos y, especialmente, valijas.

“Ahora se arreglan muchas zapatillas”, señaló Claudio. En el caso de las valijas, explica que muchas veces una reparación permite evitar el gasto de comprar una nueva: se cambian ruedas, manijas o carros y se recupera un elemento que puede tener un costo elevado.

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Incluso hay clientes que llevan sus zapatillas recién compradas y todavía dentro de la caja para hacerles un refuerzo antes de comenzar a utilizarlas. Según Ludueña, algunos modelos nuevos son cada vez más livianos y, por ese motivo, ciertas partes pueden requerir un refuerzo para prolongar su vida útil. “Me la traen nueva, y se hace un reforcito, más que todo con el dedo, en la punta”, relató. La idea es anticiparse al desgaste.

Un oficio que encontró la manera de sobrevivir

Claudio recuerda haber escuchado, años atrás, que el oficio del zapatero estaba destinado a desaparecer. Sin embargo, su propia experiencia terminó demostrando lo contrario.

“Yo hace un par de años escuché a un señor que decía que esto iba a desaparecer. Y yo pensé que era raro, porque está muy caro el calzado”, recordó. Con el tiempo, su percepción cambió: “Él decía que iba a desaparecer, pero no. Al contrario, cada vez tengo mucho más trabajo que antes”.

Para Ludueña, una de las claves está justamente en el precio de los productos y en la posibilidad de extender su vida útil mediante una reparación. A eso se suma la variedad de servicios que ofrece actualmente el oficio: desde calzado y mochilas hasta valijas, plantillas, cordones y productos para el cuidado de diferentes materiales.

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Y no solo llegan clientes de San Francisco. Su taller también recibe personas de Devoto, La Francia, Freyre, Porteña, Brinkmann, Santa Clara, Colonia Cello, Zenón Pereyra, María Juana y Estación Clucellas, entre otras localidades de la región.

“Los clientes de acá son como amigos”, contó. Muchos de quienes llegan desde otras localidades aprovechan sus visitas habituales a San Francisco para pasar por el taller. “Hasta gente de pueblos más chicos tengo”, agregó en referencia a quienes continúan confiando en su trabajo.

La experiencia también está en saber qué no hacer

Después de tantos años entre suelas, pegamentos, máquinas y herramientas, Claudio también acumuló una importante experiencia sobre los errores más habituales que cometen los clientes al intentar reparar o limpiar sus propios zapatos.

Uno de sus principales consejos tiene que ver con ciertos adhesivos de uso doméstico que, según explica, pueden terminar dañando el calzado. “Mucha gente antes le ponía La Gotita, todo solucionado con la gotita. Sirve para algunas cosas, pero no para el calzado”, advirtió.

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También recomienda utilizar productos específicos para cada material, especialmente en el caso de la gamuza. “Hay productos para la gamuza que son muy buenos y no son caros”, explicó, y destacó que permiten recuperar tanto el color como el aspecto del calzado sin deteriorarlo.

“Para mí esto es para muchos años”

A pesar de los cambios en el consumo, la aparición de nuevos materiales y los modelos cada vez más tecnológicos, Ludueña no ve cercano el final de su actividad.

“Para mí, viéndolo como lo veo yo, esto es para muchos años”, afirmó. “Todas las marcas están haciendo modelos nuevos, pero siempre te pasa algo y siempre te conviene hacerle un arreglito”, agregó.

Después de tres décadas en el oficio, Claudio sigue encontrando en cada par de zapatillas, cada valija o cada mochila una nueva oportunidad para trabajar. Y también en el vínculo con quienes regresan una y otra vez al taller.

Porque el oficio del zapatero quizás haya cambiado, pero para quienes, como Claudio, aprendieron a conocerlo desde chicos, la reparación sigue siendo una forma de prolongar la vida de las cosas y, al mismo tiempo, de mantener vivo un trabajo tradicional que todavía tiene lugar en la ciudad.

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