En la Feria del Libro, el periodista habló de los espías rusos, Ludwig Gisch y María Rosa Mayer Muñoz, del precio único del libro y de la educación pública. Además, adelantó que ya terminó una nueva novela.
Después de una larga jornada de firmas, Hugo Alconada Mon se tomó un momento para conversar junto a Radio Estación. “Mi trabajo muchas veces es solitario y tiene cosas que desgastan. Estos encuentros son una forma de recargar baterías: la gente te saluda, te abraza, te mima”, contó.
Su libro más reciente “Topos. La historia real de los espías rusos que tomaron Buenos Aires como base de operaciones” cuenta la historia de dos espías rusos que vivieron en la Argentina entre 2009 y 2022. “Está escrito con las técnicas de la novela, pero es 100% real”, aclaró. Lo que más lo conmovió fue la situación de los hijos de la pareja, “dos chiquitos que no sabían nada y fueron criados en la mentira”. La investigación había nacido como una serie de notas para La Nación y se convirtió en libro después de un café de cuatro horas con una fuente que, hasta entonces, siempre le había cortado el teléfono.

El libro estuvo nueve meses primero en ventas. “Es como enseñarle a alguien a andar en bicicleta: al principio empujás, pero en un momento tenés que soltar y el libro tiene que pedalear solo”, explicó, y vaya que lo hizo llegando primero en ventas por cuatro meses consecutivos en el país . Buena parte de ese recorrido, subrayó, se lo debe a libreros y libreras.
Ese tema lo llevó a uno de los debates del momento. “La librería funciona como un centro comunitario, un canal de difusión cultural y un lugar de contención. El buen librero primero escucha, te pregunta qué te gusta y te guía. Eso no te lo da un supermercado”. También defendió el precio único de venta al público. Realizó una comparación en los países que lo eliminaron cerraron las librerías de barrio y, sin competencia, los precios terminaron subiendo. “Esto no se discute en un tuit de 280 caracteres, con bots y trolls” remarcó por su larga respuesta.

La charla siguió hacia la educación pública. “Tengo cuatro hermanos y mis padres no hubieran podido pagarme la universidad. Defiendo la meritocracia, y al mérito hay que apoyarlo”, sostuvo. Y recordó a un compañero de estudios: “Era basurero. Trabajaba de noche, dormía a la mañana y a la tarde estudiaba conmigo. Se recibió”.
También destacó la Ley 1420 de Educación Común de 1884, que estableció la educación pública, laica, gratuita y obligatoria. “La votaron hombres que sabían que, a la larga, esa ley los iba a sacar del poder. Eso habla de grandeza. Una ley puede darle vuelta a un país”.
Antes de despedirse, dejó una primicia: después de La ciudad de las ranas, y otros, ya terminó el séptimo borrador de una nueva novela que publicará la editorial Planeta hacia marzo o abril del año próximo. Lo esperamos con ansias.





