Desde hace casi una década, Alejandra Vilchez dedica gran parte de su vida al proteccionismo felino. Aunque hoy es reconocida en su entorno por su compromiso con los gatos, su historia comenzó de manera casual y sin imaginar que se convertiría en una tarea sostenida en el tiempo.
“Empecé casi sin darme cuenta”, cuenta Alejandra. Sus primeros pasos fueron cuando una amiga recibió cuatro gatitos recién nacidos abandonados en la puerta de su casa. Alejandra los crió a mamadera y luego logró darlos en adopción. En ese momento lo vivió como una experiencia aislada, pero poco tiempo después la realidad volvió a golpear su puerta.
Una amiga, Vanessa, la contactó para ayudar con una colonia de gatos que vivía en una fábrica. Las gatas parían, los cachorros quedaban abandonados y alguien tenía que hacerse cargo. Alejandra volvió a criar gatitos a mamadera y, sin proponérselo, comenzó un camino que ya lleva entre ocho y diez años.

“Desde entonces, cada gatito que aparecía daba vueltas y terminaba en casa”, relata. Con el tiempo, el compromiso creció y también las necesidades. Hace aproximadamente cuatro años decidió buscar una forma de solventar económicamente el proteccionismo, ya que no pertenece a ninguna ONG. Inspirada en experiencias similares que vio en la ciudad de Córdoba, comenzó a trabajar como cuidadora de gatos, una especie de “niñera felina”.
Gracias a su experiencia, movilidad y conocimiento del manejo animal, Alejandra se encarga de cuidar gatos en sus propios hogares cuando sus familias humanas se ausentan, es decir, ser «niñera».
Una de sus principales clientas es Mónica, quien también le ha confiado la búsqueda de Sol, un gato siamés de pelo largo y ojos turquesa que se encuentra perdido. “Sol sigue buscándose y su imagen se difunde constantemente en mis páginas”, destaca.
Aunque nunca tuvo gatos en su infancia, el vínculo comenzó cuando se mudó a San Blancito, lugar del que no es originaria. Una vecina dejó a su gata embarazada en su casa por seguridad y uno de los bebés terminó quedándose con ella. Desde entonces, Alejandra convivió durante años con varias gatas que vivieron hasta 15 y 17 años, marcando profundamente su relación con los animales.
Actualmente tiene siete gatos. Solo dos fueron adoptados; el resto llegó por rescates que no lograron adopción. “No iban a volver a la calle”, afirma con firmeza. Aunque reconoce que ya no tiene espacio para recibir gatos adultos en tránsito, ocasionalmente sigue ayudando con bebés.
Alejandra también busca derribar mitos sobre los gatos. “Muchos creen que son independientes y que pueden estar solos, pero no es así. Les gusta estar donde estamos nosotros y se estresan cuando sus humanos se van”, explica. Por eso, destaca la importancia del cuidado responsable y del acompañamiento, incluso en hogares donde los gatos no salen al exterior.
Con años de experiencia, Alejandra conoce los procesos de adaptación entre animales, las dificultades de convivencia y la necesidad de respeto por los tiempos de cada gato. “Se adaptan, es cuestión de tiempo y paciencia”, asegura.
Su historia refleja el compromiso silencioso de quienes, sin pertenecer a grandes organizaciones, sostienen día a día el cuidado animal desde sus propios hogares. Una labor que no siempre se ve, pero que cambia la vida de muchos gatos.


