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Alerta por graves episodios en nuestra región

La desaparición de algunas jóvenes durante los últimos días despertó la preocupación de actores en torno de la investigación para determinar si el coctel “droga y trata de personas” está avanzando en nuestra zona.

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El flagelo de la droga no es una novedad en el mundo y la triple conjunción entre San Francisco, Frontera y Josefina no está exenta, al contrario los límites difusos de jurisdicciones son las zonas de riesgo donde se propagan mayormente las actividades ilícitas.

Muchas veces mujeres que ingresan al infierno de la adicción a los estupefacientes, no encuentran salida, e incluso se le abren nuevas puertas que las llevan a situaciones extremas y de suma gravedad con tal conseguir las sustancias prohibidas. La trata de personas.

Actores de la investigación de Santa Fe y Córdoba indagan sobre la posibilidad de que algunas jóvenes sean víctimas del peor sometimiento que puede padecer una persona.
En las últimas semanas desaparecieron algunas jóvenes de San Francisco y los vecinos dieron su versión acerca de una situación desesperante de adicción por parte de muchas jóvenes. Lo que trata de determinar la justicia es si hay mujeres que son sometidas a explotación sexual a cambio de droga.

Hay un factor en común de las víctimas, deambulan por el barrio, se drogan, desaparecen y vuelven al mismo círculo siempre con un deterioro de salud que se hace cada vez mas irreversible.
Faltan centros de rehabilitación
No solo las fuerzas de seguridad e investigación deben avanzar contra los narcotraficantes que operan en la región, que por cierto es una batalla que perdida por goleada. Sino que el Estado debe proveer de atención a cientos de personas (Jóvenes y no tan jóvenes) de diferentes sectores sociales, económicos y culturales para poder rehabilitarse, recuperarse y salir del infierno de la adicción. Es una deuda pendiente del sistema de salud Provincial y Nacional el darles lugares a las familias que tienen un integrante adicto para que pueda tratarse y poder curarse.
La obligación de brindar servicios de Salud a la sociedad incluye este tipo de dolencia actual : la adicción a la drogas, y la responsabilidad le corresponde al Estado Nacional y Provincia que son quienes recaudan los impuestos en ese concepto, pero como siempre la ausencia o la realidad que desborda hace que recaiga sobre el gobierno local. Los municipios de San Francisco, Frontera y Josefina deberían que abordar la temática en conjunto, posiblemente dentro del Consejo de Seguridad que conformaron. Aunque para muchos cada vez deberían separarse más, estas localidades conforman una gran urbe y tanto las buenas como las malas noticias se potencian e impactan en todos.
En San Francisco, en el predio del Hospital J. B. Iturraspe se está construyendo un centro de rehabilitación que posee estas características necesarias para el tratamiento. Es un importante paso que va a ser superado en requerimientos de plazas apenas empiece a funcionar oficialmente.
Obras sociales deben brindar cobertura. Existe una Ley Nacional . ¿Se cumple en la realidad?
En 2014 el Senado dio sanción definitiva al proyecto del Plan Integral para el Abordaje de Consumos Problemáticos que, entre otros aspectos, incorpora la cobertura del tratamiento de cualquier tipo de adicción al Programa Médico Obligatorio (PMO).
La propuesta, fue aprobada en general en el recinto de la cámara alta por unanimidad con 48 votos afirmativos..
Se destacó que si bien el proyecto fue impulsado desde el oficialismo en la Cámara de Diputados “no importa la firma que tenga la ley, ya que su sanción implica dar un primer paso en la construcción de una política de Estado”. La senadora explicó que el proyecto se basa en tres ejes principales “la prevención, la atención y la integración” de las personas afectadas por las diversas adicciones. La ley contempla la creación de Centros Comunitarios de Prevención y abre las puertas para la interacción directa con las ONG que atienden las problemáticas.
Dispone incorporar también el tratamiento de las distintas problemáticas al Programa Médico Obligatorio (PMO), establece la creación de un registro de efectores para su mayor control e insta a la acción directa del Estado para la reinserción del individuo a través de la educación y programas laborales.
“La cuestión de consumos problemáticos va más allá de las adicciones de drogas, ya que incluye trastornos compulsivos con el juego, el alcohol y el tabaco“, explicó Elías de Pérez.
Niñas, las más afectadas por el tráfico sexual dice informe de la ONU
Según indica el documento ‘Informe Global sobre Trata de Personas 2016’, emitido por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), en el caso de América del Sur, la mayoría de las víctimas de trata de la región son mujeres y niñas -un 74 por ciento del total- y su destino suele ser la explotación sexual.
El 57 por ciento de las víctimas son destinadas a la explotación sexual -en su casi totalidad mujeres- y el 29 por ciento al trabajo forzado -en gran parte hombres-.

La trata de personas consiste en trasladar y retener a una persona por la fuerza o la coerción, con el fin de explotarla, no sólo con fines laborales o sexuales, sino también para mendigar o, incluso, para el tráfico de órganos o los matrimonios forzados.
Los datos de la ONU se basan en la información de 5.800 víctimas registradas en Suramérica entre 2012 y 2016, y el informe reconoce que es sólo “la punta del iceberg” porque parte de estos delitos no se detectan.
Por otro lado, la mayoría de los condenados por este delito son hombres -63 por ciento- y, en gran parte, de la misma nacionalidad del país en el que han sido procesados.
Este es el resumen de la situación en América del Sur sobre lo que se define como “una forma moderna de esclavitud”, pero existen grandes variaciones en función de los países. La mayor parte de los casos de trata y tráfico ilícito de personas se registraron o bien dentro del país o de la región sudamericana, siguiendo un patrón universal, desde zonas más pobres a otras más ricas. Otra de las características de este tipo de delito es la alta presencia de menores, el 40 por ciento, en gran parte niñas.
Aquí existen diferencias: así, por ejemplo, el documento señala que la trata de menores es mayoritaria en países andinos como Ecuador, Perú y Bolivia, mientras que los adultos son las víctimas más frecuentes en Argentina, Chile y Uruguay. También por el tipo de explotación existen variaciones, de esta forma, mientras que en Chile y en Bolivia la mayoría de las víctimas son destinadas a trabajos forzados, en Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay son más comunes los abusos sexuales. En Argentina y en Venezuela se detectó el mismo número de personas destinadas a la explotación sexual que a la laboral. Aunque los hombres suelen ser la mayoría de las víctimas de esos trabajos forzosos se han detectado también numerosos casos de mujeres explotadas en tareas domésticas.
En el informe se detalla que dos víctimas, procedentes de Bolivia y Perú, cayeron en este tipo de explotación en Argentina y Venezuela después de que las captaran con promesas falsas de educación y oportunidades.
Otra de las características regionales que destaca la ONU es que una elevada porción de las víctimas acaban explotadas en otras tareas fuera de las dos más frecuentes: abusos sexuales y trabajos forzados. Así, el 4 por ciento de las víctimas detectadas entre 2012 y 2014 estaban destinadas a adopciones ilegales y el 2,5 por ciento a filmar material pornográfico. Además se detectó, en menor número, casos de trata para mendicidad o para matrimonios forzados.

Aunque existen numerosas rutas de trata y tendencias, la ONU señala que, en términos generales, países como Argentina, Chile y Uruguay son el destino de este tipo de delito, mientras que Paraguay, Bolivia, Colombia y la Guayana son origen.

La mayoría de las víctimas de fuera de la región -el 10 por ciento del total- proceden del Caribe, de la República Dominicana, Cuba o Haití, recuerda el informe. Por último, el 2 por ciento de las víctimas extranjeras detectadas en América del Norte y el 3 por ciento registradas en Europa Occidental proceden de América del Sur. En América Central, el 5 por ciento de las víctimas proceden del sur del continente.

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