Las intensas lluvias dejaron 144 milímetros de agua en la comuna de Las Condes. La saturación del suelo, la obstrucción de desagües y los incendios forestales del verano contribuyeron a la inundación.
Un fuerte aluvión afectó a Santiago de Chile, especialmente a la comuna de Las Condes, donde una corriente de agua y barro arrastró autos, colectivos y escombros por distintas calles. En la zona se registraron 144 milímetros de lluvia, luego de varios días de precipitaciones intensas en la precordillera.
El fenómeno provocó daños en locales comerciales, inundaciones en establecimientos públicos y complicaciones en las principales avenidas. Durante uno de los episodios, los pasajeros de un colectivo debieron subirse al techo para ponerse a salvo del avance del barro.
Ante la magnitud de la emergencia, el presidente chileno, José Antonio Kast, declaró a Las Condes como zona de catástrofe. Los equipos de emergencia comenzaron las tareas para retirar los sedimentos y despejar los sistemas de drenaje.
Uno de los principales factores que desencadenaron el aluvión fue la cantidad de agua caída entre el lunes y el martes. Mientras algunos sectores de la Región Metropolitana superaron los 140 milímetros, en otras zonas las mediciones rondaron los 60 milímetros.
Las precipitaciones encontraron un terreno que ya estaba saturado y tenía poca capacidad para absorber más agua. A esto se sumó la elevada altura de la isoterma cero, que hizo que parte de las precipitaciones cayera como lluvia en sectores montañosos donde habitualmente lo hace en forma de nieve. Esto incrementó el caudal que descendió por las quebradas.
La alcaldesa de Las Condes, Catalina San Martín, describió la situación del terreno: “El suelo está absolutamente mojado, no da, está totalmente saturado”.
Otro elemento determinante fue la presunta obstrucción de dos conductos que debían evacuar el agua fuera de la zona urbana. Según explicó el delegado presidencial de la Región Metropolitana, Germán Codina, los ductos habrían quedado bloqueados por basura y escombros. Como consecuencia, el agua desbordó la Quebrada Honda y avanzó sobre las calles.
Las lluvias también provocaron crecidas de los ríos Mapocho y Maipo. En la localidad de Talagante, el desborde del Maipo generó inundaciones que afectaron a sectores con viviendas precarias.
La magnitud del desastre también estuvo relacionada con los incendios forestales que afectaron la precordillera durante el verano. El fuego destruyó parte de la vegetación que ayudaba a mantener estable el suelo, dejando tierra y sedimentos más expuestos al escurrimiento del agua.
Con las precipitaciones, esos materiales fueron arrastrados pendiente abajo y se acumularon en las calles, lo que incrementó el volumen de barro y la fuerza de la corriente.
Además, las autoridades ya habían previsto la instalación de mallas de contención para reducir el arrastre de materiales desde las quebradas. Sin embargo, esa infraestructura preventiva todavía no estaba operativa cuando ocurrió el aluvión.
La situación generó interrogantes sobre las medidas de prevención en zonas urbanas cercanas a las laderas de la cordillera. Por su parte, San Martín defendió las tareas realizadas antes del temporal y sostuvo: “El trabajo preventivo se hizo, esta lluvia era absolutamente inesperada, es la naturaleza”.
Mientras tanto, personal municipal y bomberos trabajan con maquinaria pesada para retirar escombros, despejar avenidas y limpiar los colectores bloqueados, con el objetivo de disminuir el riesgo de nuevos desbordes.
El episodio dejó en evidencia la combinación de precipitaciones extremas, suelos saturados, pérdida de vegetación y dificultades en los sistemas de drenaje, factores que favorecieron el avance del barro sobre distintos sectores de Santiago de Chile.
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