En el Centro Cultural de San Francisco se está llevando a cabo una muestra imperdible organizada por la Asociación de Bonsái del Centro.
En diálogo con Radio Estación 102.5, dos de sus referentes, Rubén Coronel y Juan Videla, compartieron detalles de esta apasionante práctica que combina arte, naturaleza y mucha paciencia.
Juan Videla, presidente de la asociación desde 2010, comenzó con los bonsáis en 1988, aunque confesó que fue en 2004 cuando decidió dedicarse por completo a este arte. Por su parte, Rubén Coronel se sumó hace ocho años y destacó cómo la estructura de la asociación lo ayudó a aprender.
«Encontré un grupo armado que me dio la posibilidad de asistir a talleres más organizados. Las primeras plantas son como los primeros pasos, pero acá seguimos», expresó Coronel.
La paciencia, aseguran, es clave en el bonsái. «Mínimo, necesitas 8 o 10 años para que un árbol alcance un estilo definido y digno de admirar», explica Rubén. Juan añade: «No es como apretar un botón, esto requiere tiempo y dedicación constante».
El proceso puede iniciarse desde una semilla, recolectando plantas autóctonas o utilizando ejemplares de vivero. Sin embargo, Juan aclara: «No todo árbol sirve para ser bonsái. Hay especies que se adaptan mejor, como los olmos, talas o ficus, mientras que otras nunca alcanzan la estética tradicional».
El secreto para que los árboles pequeños se mantengan en sus macetas no es cortar raíces, como muchos piensan. «Es como si te sacara los dientes y te pidiera que comas», compara Juan entre risas.
El verdadero cuidado está en el diseño, el alambrado y la poda constante.
Exponer un bonsái requiere atención a cada aspecto: desde las macetas, que suelen ser de cerámica, hasta los acompañamientos como plantas suculentas. «Todo está pensado para que el conjunto resalte la belleza del árbol», destaca Rubén.
El clima es otro factor determinante. Rubén menciona que «el frío es devastador para especies tropicales como el ficus», mientras que otras, como el quebracho, toleran hasta nieve. Además, las plagas también son un reto, ya que un bonsái, al estar en un espacio reducido, es más vulnerable que un árbol grande.
Con más de 200 plantas en su colección, Juan admite que el bonsái consume tiempo, pero también ofrece grandes beneficios: «Es ideal para entrenar la paciencia. Es dedicación pura«. Rubén, por su parte, agrega: «A veces me levanto a las cinco y media de la mañana para regar. Es la rutina que exige».
Ambos invitaron a la comunidad a visitar la exposición, que se realiza en el Centro Cultural los sábados de 16 a 21 horas.
«Es una oportunidad para admirar estos árboles y aprender más sobre el arte milenario del bonsái», concluyen.
https://youtu.be/pn_Jxah1SGQ





