El presidente iraní Pezeshkian avisó que no habrá diálogo «forzado» si Washington no levanta el bloqueo naval. Mientras tanto, el Estrecho de Ormuz sigue cerrado y el precio del petróleo nos mira de reojo.
La tensión en el Golfo Pérsico no da respiro. Este domingo, el gobierno de Irán fue tajante, no se sentarán a negociar con los Estados Unidos mientras la Marina estadounidense mantenga el bloqueo naval que tiene asfixiados sus puertos estratégicos.
En otras palabras: Irán siente que le están poniendo una pistola en la cabeza para que firme un acuerdo, y el presidente Masoud Pezeshkian ya avisó que así no se juega. «No participaremos en negociaciones forzadas», fue el mensaje que le envió al primer ministro de Pakistán, quien intentaba hacer de mediador para calmar las aguas.
Por un lado, Donald Trump no tiene apuro. Según fuentes del Pentágono, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguró que el bloqueo se ampliará a nivel mundial: «Nadie navega sin permiso», lanzó. Trump incluso admitió que los estadounidenses (y por rebote, todos nosotros) quizás tengamos que pagar más cara la gasolina por un tiempo hasta que Irán ceda.
Del otro lado, la situación es dramática. Hay reportes de marineros varados en la zona que cuentan que «da miedo ver los proyectiles volando» sobre sus cabezas. Es una pulseada de nervios donde nadie quiere ser el primero en parpadear.
En el fondo, el problema es el enriquecimiento de uranio. EE. UU. quiere que Irán frene su programa nuclear por 20 años; Irán dice que solo acepta cinco. Mientras no se pongan de acuerdo en el tiempo, los barcos siguen ahí, apuntándose, y nosotros seguimos mirando el precio del barril con el corazón en la boca.
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