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Barack Obama retrasa el repliegue de tropas en Afganistán

El presidente de Estados Unidos informó diez meses después de anunciar el fin de la guerra en Afganistán, que retrasará la retirada de los 9.800 militares que aún quedan en el terreno y advirtió que, tras los últimos avances de los insurgentes talibanes, la situación en ese país asiático «es muy frágil».

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Después de 14 años de presencia militar en Afganistán y decenas de miles de muertos, Obama reiteró en un mensaje desde la Casa Blanca que «no apoya la idea de una guerra sin fin» y aseguró que no envía a los soldados del país a una situación peligrosa «de manera ligera».

«Creo que esta misión es vital para los intereses de nuestro país», sentenció, insistiendo en que las tropas continuarán con su rol actual de asesoramiento y entrenamiento militar de las fuerzas afganas y que no tendrán un rol activo de combate.

En diciembre de 2014, cuando anunció el fin de la guerra en Afganistán que había comenzado con la invasión y el derrocamiento del régimen islamista talibán, Obama prometió que en mayo de 2016 comenzaría a reducir el contingente actual de 9.800 soldados y que para principios de 2017 sólo quedarían unos 1.000 militares, que tendrían como misión cuidar la embajada norteamericana en Kabul.

El nuevo plan presentado hoy por Obama establece, en cambio, que los 9.800 militares estadounidenses actuales se quedarán en Afganistán al menos hasta finales de 2016, según la agencia de noticias EFE.

«Las fuerzas afganas no son todavía tan fuertes como deberían», explicó el presidente.

«Como comandante en jefe, no permitiré que Afganistán sea utilizado como refugio por los terroristas para atacar de nuevo a nuestra nación», argumentó, aludiendo a los atentados de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono, organizados por Al Qaeda desde ese país, bajo el amparo de los talibanes.

Más tarde, el secretario de Defensa estadounidense, Ashton Carter, agregó que este nuevo compromiso de Washington «podría a su vez contagiar el compromiso de otros miembros de la coalición (de la OTAN)», según una conferencia de prensa en el Pentágono, citada por la agencia de noticias Europa Press.

Actualmente la OTAN mantiene en Afganistán un contingente de unos 4.000 militares con una misión de asistencia y entrenamiento a las fuerzas de seguridad locales.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, saludó hoy en un comunicado el nuevo plan de Estados Unidos y dijo que éste allanaba el camino para una «presencia sostenida» de la Alianza y sus socios en Afganistán.

Rusia, en cambio, bajó el tono al anuncio de Washington y advirtió que éste no cambiará el rumbo de la guerra entre el Ejército afgano y los talibanes.

«Si cien mil soldados (estadounidenses) no cumplieron con su misión, no digamos ya cinco o seis mil», criticó Zamir Kabulov, emisario del Kremlin para Afganistán, en diálogo con la agencia de noticias oficial rusa RIA Novosti.

Obama fue especialmente vago a la hora de poner un plazo a su nuevo plan militar para Afganistán.

Simplemente dijo que en algún momento de 2017 el contingente militar se reducirá a 5.500 efectivos. El mandatario destacó que será necesario continuar evaluando la situación y que a partir de enero de 2017 lo hará su sucesor.

Según el plan que presentó hoy, el nutrido contingente militar estadounidense quedará concentrado en 2017 en las ciudades de Kabul, Bagram, Jalalabad y Kandahar, todas localidades ubicadas en el este del país, cercanas a las zonas fronterizas con Pakistán.

Ninguna de estas ciudades está cerca de Kunduz, la localidad del noreste del país que hace más de dos semanas fue el escenario para la primera gran victoria del movimiento insurgente talibán desde la invasión de Estados Unidos de 2001.

Tras meses de intentos fallidos, cientos de talibanes lograron tomar la ciudad de 300.000 habitantes, cercana a la frontera norte con Tayikistán, y expulsar a las milicias y fuerzas pro gubernamentales.

Durante dos días dominaron la zona hasta que el Ejército, con el apoyo de las fuerzas estadounidenses, lanzaron una masiva ofensiva para recuperar la ciudad.

En medio de esta situación de guerra, Estados Unidos bombardeó durante casi una hora el único hospital que seguía funcionando en Kunduz, una institución manejada por la organización Médicos Sin Fronteras (MSF).

Catorce miembros de la organización y 10 pacientes murieron y, como consecuencia, MSF cerró el hospital y tuvo que dejar la ciudad, al igual que el resto de las ONG humanitarias internacionales y locales que ayudaban en la zona.

Desde entonces MSF pide una investigación internacional independiente, algo que ni Estados Unidos ni sus aliados de la OTAN ni el gobierno afgano, que acusó a la organización de médicos de amparar a combatientes talibanes, han aceptado aún. En cambio, estos tres actores realizan sus propias investigaciones.

MSF denunció hoy que un tanque estadounidense con una comitiva de investigadores de Washington, la OTAN y del gobierno afgano irrumpió hoy en el hospital de Kunduz, que permanecía cerrado desde el ataque, violando un compromiso alcanzado con esta investigación conjunta de que «no se tomaría ninguna medida que involucrara el personal y los bienes de la organización» sin avisar antes.

«Su entrada no anunciada y forzada dañó propiedad, destruyó evidencia potencial y causó estrés y miedo entre el equipo de MSF», agregó la organización en un comunicado difundido hoy, en el que explicó que por primera vez en 10 días un grupo de sus trabajadores había vuelto al hospital.

Telam

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