Los músicos Jeremías Marcolini (guitarra) y Matías Grosso (trompeta) conforman un dúo de la ciudad que viene llamando la atención por una propuesta tan arriesgada como original: fusionar blues y jazz con otros géneros como tango, electrónica, techno e incluso cuarteto cordobés, siempre desde la improvisación y la creación en tiempo real.
Más que presentarse como un dúo tradicional, Marcolini y Grosso proponen una experiencia sonora progresiva, pensada para musicalizar momentos y construir atmósferas. “La idea no es pararnos en los estilos, sino crear un ambiente. Ir de menos a más, adaptarnos al espacio y al público”, explican. Cada presentación es única e irrepetible, ya que toda la música es improvisada, sin partituras ni covers.

Ambos músicos provienen de universos distintos —uno más ligado al jazz, el otro al blues— y esa diferencia se convierte en el motor creativo del proyecto. De esa fusión nacen cruces poco explorados, como el reciente “cuarteto jazz”, una combinación entre el cuarteto cordobés, patrimonio cultural, y el jazz, género universal, dando lugar a un tercer lenguaje musical que no tiene antecedentes.
El dúo se mueve con una premisa clara: tocar y musicalizar, sin buscar ser el centro de atención. Han llevado su música a bares, colaciones, iglesias y distintos espacios, siempre con la intención de acompañar y potenciar el momento. “Nos dedicamos a las degustaciones, a los barrios, a los momentos. Tocamos para que la gente disfrute”, afirman.
Actualmente trabajan junto un productor musical de la ciudad de Santa Fe, con quien ya grabaron tres temas y proyectan nuevas grabaciones. Parte de ese material puede escucharse en su canal de YouTube, Blues sin Frontera, donde documentan esta búsqueda constante de identidad sonora.
Lejos de la perfección rígida, el dúo abraza el error, la disonancia y la experimentación como herramientas creativas. “Jugar con la nota errada también es crear música”, sostienen. En ese camino, siguen explorando nuevas fusiones, como un tango inspirado en Piazzolla mezclado con jazz, con el objetivo de sonar siempre a ellos mismos.
Con una propuesta instrumental, improvisada y profundamente expresiva, Marcolini y Grosso apuestan a lo esencial: interpretar, vivir la música y compartirla con la gente, llevando el blues —y todo lo que toca— más allá de cualquier frontera.


