Brecha parrillera: como con el dólar, en la carne también hay cotizaciones con diferencias históricas

BRECHA PARRILLERA

En la parrilla también hay una brecha histórica: el precio de la carne vacuna versus el precio del pollo. Y entre los propios cortes vacunos. Esas diferencias, como sucede con las distintas cotizaciones del dólar, también se encuentran en valores récord. No tanto como entre el dòlar oficial y los alternativos, unos pocos puntos por debajo del 100%, pero sí una brecha que requiere de atención y buenos cálculos a la hora de planear la próxima parrillada.

Un reciente informe del CEPA da cuenta de ese fenómeno. «Si se analiza la cantidad de kilos de pollo fresco que se puede comprar con un kilo del corte vacuno más consumido (el asado), se observa que el asado se había revalorizado fuertemente en relación con el pollo. La brecha entre ambos productos llegó a ser de 4,04 kilogramos en diciembre. Esta relación se mantuvo en 3,98 kilos de pollo por kilo de asado a enero de 2022 como resultado del moderado incremento del precio del asado y el mayor aumento de pollo», detalla el reporte del centro de estudios económicos.

Lo que destaca el CEPA es que el precio del kilo de pollo aumentó 4,9% durante enero, contra 2,3% en el valor de la carne vacuna. «De esta manera se mantuvo prácticamente sin modificaciones el precio del asado en relación con el pollo», concluye.

Sin embargo, en los meses anteriores, el precio de la carne vacuna se disparó y provocó que la «brecha» con el precio del pollo se agrandará a valores históricos.

Precios: la brecha en la carne

Justo antes de que empezara la pandemia, por caso, la distancia entre uno y otro era de 2,9 veces. Salvo en el período junio y julio del año pasado, cuando los bde los cortes populares del asado se mantuvieron prácticamente sin cambios y se contrajo la brecha con el pollo, la distancia entre uno y otro siempre se fue ensanchando a partir de abril de 2020.

Tanto los cortes vacunos como el pollo vienen liderando los aumentos de precios, junto con los productos lácteos.

El argumento en la cadena de valor es que los precios internos acompañan la disparada a nivel internacional de las materias primas, a los que debe añadirse la propia dinámica inflacionaria local, que terminó el año 2021 por encima del 50% interanual.

En este contexto, la lupa estará puesta en la reacción que tendrá el Gobierno. A mediados del año pasado, la Casa Rosada ordenó la prohibición de las exportaciones. Una medida que flexibilizó en octubre, tras la asunción de Jorge Domínguez en Agricultura.

El margen de maniobra para dar marcha atrás con la liberalización parece muy chico: el Gobierno está sediento de dólares. El Banco Central tiene cada vez menos reservas, en medio de la incertidumbre cambiaria, y se espera con ansiedad cada dólar que ingresa por las exportaciones.

Ahora no hay margen para tomar medidas drásticas que, incluso, tienen escasa relevancia en la dinámica inflacionaria.

El Gobierno necesita de todos los dólares que pueda conseguir mediante las exportaciones. En todo caso, la apuesta es a que el crecimiento de la producción ganadera habrá espacio para una ralentización en la suba de los precios internos.

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