Quien fuera obispo de la Diócesis de San Francisco comunicó formalmente su dimisión al cargo en Quilmes ante la Santa Sede. Durante la peregrinación a Luján dejó un contundente mensaje social y pidió perdón por sus límites pastorales.
El riocuartense Mons. Carlos “Cacho” Tissera, de importante y recordado paso por nuestra ciudad al haber sido nombrado titular de la Diócesis de San Francisco en 2004, presentó formalmente su renuncia al cargo de obispo de Quilmes. La decisión se produjo luego de haber cumplido los 75 años de edad, tal como lo establece el Derecho Canónico de la Iglesia Católica.
La comunicación oficial la realizó ante miles de fieles procedentes de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela que participaban de la tradicional peregrinación al Santuario de la Virgen de Luján, en el marco del 50° aniversario de la creación de dicha diócesis bonaerense.
Continuidad en el cargo y un marcado mensaje social
Pese al anuncio, la desvinculación no se efectivizará de manera inmediata. Tissera aclaró los pasos institucionales: “La presentación de la renuncia no implica el inmediato cese de sus funciones”. Por este motivo, el prelado continuará al frente de sus responsabilidades hasta que el papa León XIV acepte formalmente su dimisión y resuelva la designación de un sucesor.

En su homilía frente a los peregrinos, Tissera no omitió el contexto socioeconómico que atraviesa la población y expresó: “Venimos en un momento en que las familias sufren la falta de trabajo y la angustia de no llegar a fin de mes con sus magros salarios o pobres ganancias”. Frente a esta coyuntura, el obispo reivindicó la esperanza y la fuerza transformadora del Evangelio.
Agradecimiento, legado y pedido de perdón
Durante el acto litúrgico a los pies de la Virgen, el religioso repasó su trayectoria y el presente de su comunidad: “Hace días celebré mis 75 años de vida”, recordó, al tiempo que puso en manos de la Virgen su ministerio, sus límites, aciertos y vida pastoral.
Asimismo, Tissera evocó la figura del primer obispo de Quilmes, el siervo de Dios Jorge Novak, valoró el trabajo del Tercer Sínodo Diocesano y resaltó la tarea de los laicos durante las primeras cinco décadas de la Diócesis. En un pasaje introspectivo de su mensaje, realizó un pedido de perdón por todo aquello que, como pastor, «no supo o no pudo hacer bien«, llamando a consolidar una Iglesia receptiva con los pobres y los desposeídos.
“Que Quilmes sea siempre una tierra donde el perdonar setenta y siete veces sea nuestra ley, donde la compasión sea nuestro sello”, concluyó Tissera en su invocación final antes de encomendar el futuro de la comunidad pastoral a la Virgen de Luján.
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