Carlos Flores es un venezolano que, junto a su esposa e hijas, llegó a San Francisco en octubre de 2018, buscando nuevas oportunidades.

Con expectativas de negocio que no se materializaron de inmediato, se adentraron en el mundo de la cocina en 2019, y casi dos años después, su emprendimiento de comida venezolana prosperó.
Desde pequeño, Carlos siempre tuvo una afinidad por la cocina, aunque no de manera profesional. Fue en el proceso de adaptarse a su nueva vida en Estados Unidos cuando descubrió su verdadera pasión por la gastronomía. Tras trabajar en un puesto administrativo durante varios años, decidió dar un giro a su carrera y enfocarse en lo que realmente le apasionaba: la cocina.

Hoy en día, Carlos y su familia operan un exitoso emprendimiento culinario desde su casa en San Francisco, especializado en platos tradicionales venezolanos. Entre sus ofertas destacan los tequeños y las arepas, dos de los platos más representativos de la gastronomía venezolana. Los tequeños, que son dedos de queso envueltos en masa de harina de trigo, y las arepas, hechas con harina de maíz precocida, son especialmente populares entre los clientes. Además, ofrecen otros platillos y postres típicos de Venezuela como el quesillo (una variante del flan), chocolina, chocotorta y hasta están experimentando con cheesecake, adaptando las recetas tradicionales a su propio estilo.
El negocio se maneja principalmente a través de pedidos por WhatsApp, de martes a sábado por la noche. El menú y los precios son compartidos por esta vía, y ofrecen servicio de delivery en las zonas cercanas de San Francisco. A pesar de las dificultades iniciales, la familia logró establecerse bien en la ciudad gracias a la comunidad local, que respondió positivamente a su oferta gastronómica.

Carlos y su familia llegaron a San Francisco con la ayuda de Alberto Aimar, un amigo que los apoyó en todo el proceso de mudanza, desde encontrarles una casa hasta equiparla. Según Carlos, la ciudad les brindó la tranquilidad y seguridad que buscaban, algo muy similar a su experiencia en Venezuela. La ciudad, pequeña y accesible, les permitió disfrutar de la tranquilidad que deseaban, con la cercanía de los puntos clave y la seguridad para que sus hijos puedan jugar en las calles sin preocupaciones.
El emprendimiento de Carlos no solo fue n éxito culinario, sino también un testimonio de perseverancia y adaptación en un nuevo país. A pesar de las adversidades, han logrado construir una vida en San Francisco, donde la gastronomía venezolana sigue ganando terreno, y ellos siguen ofreciendo un pedazo de su cultura a la comunidad local.


