Carlos Mago tiene 19 años, estudia Periodismo y vive en San Francisco desde hace algunos años. Llegó a Argentina en 2018, escapando junto a su familia de la difícil situación sociopolítica en Venezuela.

Lo que comenzó como un cambio obligado se transformó con el tiempo en una oportunidad de reconstruir su vida, reencontrarse con la libertad y formar una nueva familia lejos de su tierra natal.
“San Francisco me dio un hogar que Venezuela tenía, pero me ofreció libertades que allá no podía tener”, cuenta Carlos con una mezcla de nostalgia y gratitud. Entre esas libertades, menciona cosas tan simples como andar en bicicleta o salir solo sin miedo, algo que en su país natal resultaba impensado por la inseguridad. “Acá aprendí a manejarme solo, a salir sin que mi mamá me acompañara. Eso fue algo que pude aprender en esta ciudad”.
Carlos vivía en el estado de Anzoátegui, en el oriente de Venezuela. A los 13 años dejó su país natal cuando su padre emigró buscando un mejor futuro y oportunidades laborales, primero en Córdoba capital y luego en San Francisco. «La vida nos fue llevando hasta acá», dice.
Estudió todo el secundario en el colegio FASTA Inmaculada y actualmente estudia Periodismo. Habla con orgullo de su historia escolar, tanto en Venezuela como en Argentina. Recuerda con cariño al grupo de 18 compañeros con los que compartió la primaria en Venezuela y la tristeza de ver cómo, con el paso del tiempo, muchos se fueron del país. “Éramos un grupo muy unido. Cuando vi que mi generación se graduaba en 2023, yo ya estaba acá, terminando el secundario con la promo 2024 de FASTA, que también fue una gran experiencia. Son unos grandes chicos”.
La comunidad que lo abrazó
Carlos destaca con emoción la red de contención que encontró en San Francisco, no solo entre otros venezolanos, sino también con argentinos que lo recibieron con los brazos abiertos. “Conocí gente muy bonita, muy colaboradora. No puedo dejar de mencionar a los chicos de la Tribu Sanavirón, del profesorado de Educación Física, que me dieron la posibilidad de formar parte del grupo aunque yo no estudie con ellos. Para mí son una segunda familia”.

Una vida entre dos mundos
Aunque agradecido con Argentina, Carlos no oculta lo que dejó atrás. Extraña a sus amigos, a los compañeros del colegio, a los lugares de su infancia. “Lo que más extraño de Venezuela son las personas con las que convivía día a día. La casa puede estar, el colegio puede estar, pero no es lo mismo si no está la gente que lo hacía especial”.
A pesar del cariño por su país de origen, tiene claro que su futuro no está allí. “Me han preguntado muchas veces y no me gustaría volver a Venezuela para vivir, solo para vacacionar. Como dijo un psicoanalista: si volvés a un lugar de donde saliste, no esperes encontrarlo igual. Las cosas cambian, las personas también”.
Hoy sueña con seguir creciendo, conocer Europa y poder desarrollarse profesionalmente allí. Pero mientras tanto, disfruta de la vida en San Francisco y de los pequeños grandes placeres que le ofrece la cultura argentina. “La gastronomía argentina me encanta. Las carnes, las milanesas, los asados… para alguien como yo, que siempre amó la carne, este país es un paraíso”.


