Nacida en Plaza San Francisco, Clelia Catalina Felissia celebró un siglo y un año de vida rodeada del amor de su gran familia. Una charla entrañable sobre los recuerdos del ayer y su mirada del presente.
En una conmovedora conversación con Radio Estación 102.5 , la vecina festejó sus 101 años de edad el viernes 3 de julio de 2026, y repasó las páginas de su historia con un relato que se entrelaza de forma directa con los orígenes y la vida cotidiana de nuestra comunidad.
Clelia nació en Plaza San Francisco en el año 1925. Aunque fue un año a la escuela de Plaza, sus padres decidieron mudarse más cerca del centro para que ella y su hermano pudieran continuar sus estudios. «Y después era un ir y venir. Un poco estábamos en el campo, un poco estábamos acá», recuerda sobre aquellos tiempos, remarcando que luego se asentaron en la calle Libertad al 1900 en Barrio Catedral, la misma casa donde reside actualmente.
Clelia Felissia es hija de José Esteban Felissia (nacido en 1899) y María Peretti quienes se casaron en 1921. Parte de la línea familiar de raices italianas pioneras de esta región.

A pesar de no haber obtenido un título habilitante, el alma de docente siempre estuvo en ella.
Clelia daba clases particulares y gratuitas en su propia casa de campo para los hijos de los trabajadores y de los tamberos.
«Me recuerdan mucho los chicos. Cuando me ven, se acuerdan. Los reencontré en un velorio. Todos me vinieron encima a saludar», relata con emoción. Su huella fue tan profunda que, hasta hace poco, una antigua alumna la llamaba religiosamente cada Día del Maestro.
Testigo de un siglo de cambios
Casada en 1945 a los 19 años con su esposo Roberto Castellano (quien tenía 22), Clelia rememora lo jóvenes que eran y las vivencias de una época distinta: «Nos quedamos viviendo en el campo, porque él era un chico del campo. Habremos tenido miedo más de una vez, pero teníamos auto, así que todas las noches veníamos a San Francisco». En su memoria guarda con cariño un barrio de cinco casas grandes en Plaza San Francisco donde habitaba su abuela.

Como testigo de la evolución tecnológica, Clelia recuerda perfectamente la llegada de la televisión y sus tardes oyendo radioteatros en el campo: «A mí me encantaba escucharlo porque hacían todos los movimientos, de los que lloraban, de los caballos que trotaban. Era como si fuera verídico. Así que yo no me perdía novelas». En cuanto a la televisión a color, confiesa que la primera vez la vio en lo de su hija, y evoca entre risas que su papá compró el primer aparato en blanco y negro motivado por las ganas de ver un mundial de fútbol.
Hoy en día, mira de reojo a la tecnología moderna. Sobre el Internet y los celulares, opina sin vueltas: «No me gustan mucho, porque ahí te dicen la edad, te dicen toda tu historia, cómo sos. Y hay cosas que no hay que sacarlas al aire, me parece a mí», dice entre risas.

Un festejo rodeado de amor
Madre de tres hijos (Carlos, Graciela y José), abuela de 10 nietos y bisabuela de 14, Clelia atribuye su longevidad a haber tenido una buena vida, sin mayores sobresaltos económicos y con buena salud general. Aunque atravesó dolores grandes, como las largas enfermedades de su madre y de su esposo, hoy se siente plenamente contenida.
«Me cuidan mucho, me ven todos los días. Vienen siempre», asegura agradecida con sus hijos y las chicas que la acompañan a diario.
El alcance de su cumpleaños cruzó fronteras: esa misma mañana recibió el llamado de una bisnieta desde Australia. Tras haber superado recientemente una breve internación por deshidratación, Clelia se encuentra en perfecto estado y lista para los festejos programados: «Mañana a la noche dicen que vienen todos mis hijos, nietos y bisnietos y que vamos a comer una picadita, o algo así».
¡Felices 101 años, Clelia!

