Carlos Devallis nació en nuestra ciudad y acumuló muchos años de experiencia como bartender en distintos países de Europa. Si bien hoy ya no ejerce ese rol, recuerda con cariño todo lo recorrido.
Su historia comenzó a los 13 años, cuando se trasladó junto a su madre y su hermana a vivir a Italia, un cambio que marcaría el rumbo de su vida personal y profesional.
En sus primeros años en el país europeo, Devallis combinó estudios y trabajo. Fue allí donde, casi por casualidad, dio sus primeros pasos en el mundo de la coctelería. Una noche, mientras ayudaba a un amigo en un bar lleno de gente, se puso detrás de la barra para servir cervezas. Esa experiencia inicial despertó un interés que con el tiempo se transformó en vocación.
A partir de ese momento, inició una carrera que se extendió durante 21 años y lo llevó a trabajar en distintos países. Uno de sus primeros objetivos fue obtener la habilitación internacional otorgada por la International Bartender Association, para lo cual viajó a Inglaterra, donde también perfeccionó el idioma inglés.
Explicó que una de las principales diferencias entre la coctelería europea y la local está en el acceso a los insumos.
En Europa, señaló, es posible conseguir bebidas originales que forman parte de recetas clásicas, como rones cubanos o licores específicos, mientras que en Argentina muchas veces deben utilizarse alternativas por cuestiones de disponibilidad o costos.
En cuanto a las costumbres nocturnas, recordó que desde mediados de la década del 2000, en países como Italia, los locales nocturnos redujeron sus horarios de funcionamiento, con cierres alrededor de las tres de la madrugada, acompañados por controles de alcoholemia y regulaciones orientadas a la convivencia urbana.
Respecto a las tendencias, destacó que los tragos tropicales y los cócteles elaborados con frutas cítricas han sido históricamente populares, como las caipiriñas, mojitos y daiquiris. Sin embargo, también remarcó que en décadas anteriores era habitual el consumo de tragos clásicos más sofisticados, tanto en Europa como en San Francisco.
Según su mirada, hace unos 40 años en la ciudad se consumían cócteles como el White Lady, el Old Fashioned o el Manhattan, preparaciones que hoy son poco frecuentes entre los jóvenes. Durante un tiempo, él mismo tuvo un bar en nuestra ciudad, llamado “Le Bar”, donde ofrecía una carta de más de 120 tragos clásicos y contemporáneos.

Entre sus preferencias personales mencionó el White Russian, un cóctel a base de vodka, licor de café y crema, que considera ideal para las temporadas frías y que describe como una bebida intensa y calórica, similar a un cappuccino con alcohol.
La trayectoria de Carlos Devallis refleja una experiencia construida a partir del trabajo, el aprendizaje y el contacto con distintas culturas, y da cuenta de la evolución de la coctelería y los hábitos de consumo a lo largo del tiempo.


