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Débora, la madre y abuela que rompió con todos los prejuicios

Débora, la madre y abuela que rompió con todos los prejuicios

“Cualquier compañera o compañero, porque hay varones trans también, que vaya a cualquier registro civil del país van a poder hacer su cambio de DNI y no van a tener que pagar con su cuerpo ni con ninguna pericia psiquiátrica ni médica, que son de terror”, decía la histórica activista travesti Lohana Berkins en noviembre de 2011, cuando el proyecto de Ley de Identidad de Género esperaba para ser tratado en la Cámara de Diputados.

Diez años después, 12.655 personas pudieron acceder a este derecho y tener un DNI conforme a su identidad de género. Con 55 votos afirmativos, ninguno en contra y una abstención, el Senado convirtió en ley el 9 de mayo de 2012 el proyecto militado durante años por las organizaciones del colectivo travesti trans.

Se oficializó, así, que “toda persona tiene derecho al reconocimiento de su identidad de género, al libre desarrollo de su persona conforme” a ella y a ser tratada de forma digna de acuerdo su identidad. Desde el colectivo trans de la ciudad de San Francisco también vivieron este momento como un hecho histórico.

En nuestra localidad la primer persona en cambiar el género de su DNI fue Débora Andino, quien es mamá de Milagros y ahora abuela de Ema. En este sentido, hablamos con ella para que nos comente las sensaciones de ese momento y nos cuente su historia de vida.

Débora hace 21 años que trabaja en la Municipalidad de San Francisco, más específicamente en el relleno sanitario. Su rol es la de atención al público.

«He pasado estos años de mi vida buscando mi identidad, siempre me molestó mi antiguo nombre, siempre  luche mucho en ese sentido, no me gustaba que me llamaron con el otro nombre anterior, con la ley de identidad me siento mucho más relajada», manifestó Débora.

Las críticas de la gente

Lamentablemente muchas personas no se ponen en el lugar del otro y no se dan cuenta que las criticas pueden afectar notablemente en un individuo. Esas críticas, Débora las sufrió en carne viva y explicó: «La persona que no lo vive nunca lo va a entender, el que lo vive es el que lo siente, la identidad de genero para nosotras significa un montón de cosas. He escuchado comentarios espantosos, todos tenemos el derecho de opinar lo que uno quiere pero nunca hay que faltar el respeto».

«Cada uno tiene un deseo en la vida y eso te hace feliz hay que seguir para adelante. Gracias a todas las leyes que nos amparan podemos decir que está todo bien», agregó.

Los 90’s, años complicados

En la década de los noventa, las personas trans han sufrido mucha discriminación y mucha agresión, tanto por la sociedad como por la policía. «Los noventa fueron muy complicados para nosotras, hemos vivido cosas espantosas en San Francisco, tuvo que haber una ley que nos amparé para que nos respeten. Nos sentimos que antes de las leyes éramos lo marginal de la ciudad, no éramos dueñas de venir a una plaza y sentarnos a tomar mates como cualquier ser humano», aclaró.

«Si nos encontraban en la calle nos llevaban detenidas por el solo hecho de ser travestis, teníamos una persecución policial increíble, afortunadamente hoy tenemos la libertad que queremos», añadió.

Un cambio de paradigma

Afortunadamente la situación para las personas trans ha cambiado mucho y eso se debe a la aplicación de leyes que respeten los derechos de las mismas. «Ha cambiado mucho, no te digo un 100% pero ha cambiado bastante, hoy mucha gente sabe que no se tiene que meter en ese terreno. San Francisco es una ciudad conservadora pero ha cambiado bastante el pensamiento», indicó Débora.

«La nueva generación que se viene es mucho más abierta, las cosas son diferentes. Hoy estamos super relajadas y super conformes con los caminos que se han abierto, hoy podemos caminar tranquilas», explicó Andino.

La hipocresía

Una de las palabras que Débora ha pronunciado es la hipocresía puesto que sostiene que hay muchas personas hipócritas en la sociedad que critican a las personas trans.

«A veces hay mucha hipocresía porque está el que te señala con el dedo y está el que te busca al mismo tiempo, cuando una ejercía la prostitución te dabas cuenta de que había consumo, de día te criticaban y de noche te consumían», señaló.

Su maternidad

Débora es madre de Milagros, una joven de 20 años, una relación a la cual nunca le importó las críticas, la mirada juzgadora o las opiniones sin saber. «He tenido que luchar mucho contra eso, con mi hija siempre fui contra el viento, sufrimos mucha discriminación, en su tiempo fui muy nombrada, mi vida transcurrió dedicándome al bienestar de mi hija, siempre estaba la mirada juzgadora pero nunca me importó», declaró.

«Milagros llegó en el momento justo que tenía que llegar, no se que hubiera sido de mi vida. Milagros me hizo ver la vida de una forma diferente, todo padre y madre sabe lo que digo, Milagros fue mi motor más allá de todas las cosas malas que a veces pasan», comentó emocionada.

«Creo que el papel de mamá con Mile lo hice muy bien, la hice estudiar, hizo muchos cursos, me dedique 18 años a ella. Tengo una hija educada, inteligente y es una madraza. Jamás le importaron las críticas, por supuesto que he tenido conversaciones con ella para contarle de mi vida pasada, de todo lo que yo había vivido. Nunca tuvo problema con mi condición, nunca le importó el que dirán», añadió.

El amor

Débora fue la primera que se casó en la ciudad cuando habilitaron el matrimonio igualitario a nivel nacional. Está casada con Martín y tienen una relación hace muchos años.

«La vida es corta y hay que ser feliz a como de lugar, yo creo que he logrado la felicidad a mi manera. Siempre me llamé Débora por más que yo tenía otro nombre, siempre me quería llamar Débora. Tengo un hombre que me ama tal cual soy, sin prejuicios», indicó.

«Ningún ser humano tiene el derecho de juzgarte, creo que hay un Dios que es el que va a juzgar o a pasar las cuentas, creo en Dios y todos los días le pido que las cosas mejoren en todos lados», añadió.

Como frutilla del postre, Débora fue abuela hace un tiempo, algo que la emociona mucho. «Ahora entiendo a todas las abuelas y abuelos, Emma es la frutilla de la torta, lo que yo hice con mi hija y regalarme una nieta es una bendición, el amor a una nieta es diferente, yo la miro y lloro, lloro de felicidad y me hace acordar a mi hija», concluyó.

Por Luis «Pitu» Giordano

 

 

 

 

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