Las autoridades españolas encontraron restos óseos en una propiedad de la ciudad de Dénia donde vivió Juan Navarro antes de que desapareciera en 1993. Los investigadores esperan los resultados de ADN para determinar si pertenecen al hombre de 27 años.
Durante más de tres décadas, la desaparición de Juan Navarro fue un misterio para gran parte de su familia. El hombre tenía 27 años cuando fue visto por última vez el 15 de agosto de 1993 en Dénia, una ciudad ubicada en la provincia española de Alicante. Ahora, casi 33 años después, una serie de confesiones realizadas dentro de su entorno familiar y el hallazgo de restos humanos en una casa reabrieron el caso y dieron lugar a una investigación que busca establecer qué ocurrió realmente.
Por el momento, hay una única certeza: la Policía Nacional encontró restos óseos humanos en una propiedad vinculada a la familia de Navarro. Sin embargo, todavía no se determinó si pertenecen al hombre desaparecido. Para eso, los investigadores ordenaron estudios genéticos y ya tomaron muestras de ADN a familiares directos. El hallazgo se produjo en una casa ubicada en la calle Hospital, en pleno centro histórico de Dénia, luego de que familiares de Navarro solicitaron permiso a la actual propietaria para realizar excavaciones en una parte de la vivienda que décadas atrás funcionaba como patio interior y que posteriormente fue remodelada.
La historia detrás de la búsqueda es tan impactante como compleja. Fueron los propios familiares quienes impulsaron las excavaciones después de escuchar una serie de relatos sobre lo que habría ocurrido con Juan Navarro la noche de su desaparición. Los investigadores manejan al menos dos versiones sobre el origen de la información que permitió localizar el lugar. La primera sostiene que el padre de Navarro habría confesado antes de morir que mató a su hijo tras una discusión relacionada con drogas, dado que ambos tenían problemas de adicción, ocultando posteriormente el cuerpo dentro de la casa familiar. La segunda versión apunta a que algunos integrantes de la familia conocían desde hacía años lo ocurrido, pero guardaron silencio hasta que el posible delito quedó prescripto por el paso del tiempo.

Por otra parte, trascendió que la madre de Juan, Antonia Navarro, les habría contado a algunos familiares detalles sobre lo sucedido recién este año, reconociendo que el joven murió dentro de la propiedad y que posteriormente sus restos fueron enterrados en el antiguo corral de la casa, aunque luego la mujer negó haber participado directamente en el hecho y atribuyó la responsabilidad a otras personas. Asimismo, otra versión basada en testimonios familiares indica que una hermana de Navarro habría presenciado el episodio, señalando que varias personas habrían intervenido en una fuerte discusión familiar que terminó con la muerte del joven, y que posteriormente el cuerpo fue descuartizado y enterrado allí. A pesar de ello, ninguna de estas afirmaciones fue confirmada por la Justicia.
En los últimos días, varios hermanos de Juan Navarro hablaron ante la prensa para reclamar que se sepa la verdad, asegurando que durante décadas creyeron que se había marchado por voluntad propia. Uno de ellos, César Navarro, afirmó que fue la última persona de la familia que lo vio con vida al acompañarlo hasta la casa de sus padres. Con el paso del tiempo, comenzaron a insistir para que se denunciara formalmente su desaparición, pero, por motivos que aún se desconocen, la denuncia fue presentada por la madre siete años después de que se le perdiera el rastro.
Otra hermana, identificada como Isabel Navarro, sostuvo públicamente que durante décadas recibió explicaciones contradictorias sobre el destino de su hermano y reclamó que continúen las excavaciones para intentar esclarecer los hechos. Por ahora, los especialistas solo recuperaron una parte de los huesos y los estudios genéticos permitirán establecer si efectivamente pertenecen a Juan Navarro para poder avanzar con mayor certeza sobre lo ocurrido en 1993.
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