Dimas cumplió 50 años en el rubro gastronómico este 2024. Aún sorprende con su capacidad de recordar largos pedidos sin ninguna anotación. Es que empezó en una época en que la comanda simplemente debía gritarse a viva voz a los cocineros. Su experiencia, sencillez y buen trato lo han llevado a entablar lazos fuertes con sus clientes, destacando el factor humano, tan importante en su profesión.
Dimas arrancó como lavacopas en el 74 en la parrilla de Raspo, que estaba en el centro de la ciudad de San Francisco. Iba a la escuela y trabajaba de noche. “Estuve varios años tratando de conocer todo y obviamente de profesionalizarme y tratar de hacer bien las cosas para poder progresar”, recuerda.
En el 86 se trasladó a un restobar llamado Carlos V. “Ahí tuve una buena experiencia personal, no laboral, porque no terminé bien”, cuenta. Luego de eso pasó a Maui, un negocio muy conocido en San Francisco. “Creo que no va a haber otro como ese”, opina. “Fue una barbaridad, una cosa inmensa, nombrado en toda la ciudad y todos los alrededores. Ahí conocí a mi verdadero amigo, Víctor Bertorello, el maestro de la gastronomía acá en San Francisco, y en varios lados. Tuve muy buena carrera, muy buen dinero, se ganaba bien en ese tiempo”, relata.
“Después, las circunstancias de la vida, problemas familiares, me llevaron a un paso del 95 al 2001 a Buenos Aires. Trabajé también en un resto bar. También me fue medianamente con trabajo y salud. Siempre la llevé bien. Tuve cinco años muy buenos. Después hubo cambio de gobierno y me parecía que no podía andar allá. Y me trasladé de nuevo a San Francisco, a La Parrilla”, narra Dimas. Así, desde el 2002 hasta hoy trabajó en La Parrilla sin interrupciones, salvo durante la pandemia, cuando el rubro debió adaptarse a la modalidad de delivery.

Sobre su presente asegura: “Hay épocas buenas y épocas malas, pero la gastronomía me dio la oportunidad de vivir bien, y de tener mi casa, mis cosas buenas y malas también”. Sobre esto último advierte: “En la gastronomía vivimos al revés de varios, cuando todos están de joda vos tenés que trabajar, entonces tenés que permitirte explicarle a tu familia cómo es”.
A su vez, da cuenta de los cambios en la profesión, como el uso celular, y la nueva forma de trabajar de los jóvenes: “En la época que empecé aprendía de los mayores. Ahora es al revés, tengo que aprender de los chicos jóvenes porque hubo un cambio muy grande. Pero me llevo bien, convivo y sigo adelante. Y obviamente que ser mozo es la felicidad mía, por eso lo sigo haciendo y por eso cada vez tengo más ganas de trabajar. Este trabajo volvería a hacerlo siempre

