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Droga “de película” en Bouwer

Droga “de película” en Bouwer
Un video al que tuvo acceso La Voz del Interior muestra a un supuesto interno armando porros de marihuana. Precios de estupefacientes, celulares y alcohol. Hace un año se difundió otra filmación con cinco internos armados consumiendo cocaína, pero la causa no avanzó.

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Un preso que saca marihuana de un recipiente similar a una ensaladera de plástico, arma porros y habla con otro interno que no aparece en la pantalla. El protagonista de un video al que tuvo acceso este diario prepara las dosis y con un encendedor va sellando las puntas de los envoltorios, que después, supuestamente, serán vendidos a 10 pesos por unidad en la cárcel de Bouwer, en la periferia de la ciudad de Córdoba.

La filmación fue facilitada por un grupo de guardiacárceles, cuyas identidades se mantienen en reserva. Estos entregaron, además, fotografías donde se observa a internos que “posan” con armas blancas, una celda ocupada por algún hincha de Belgrano (hay una camiseta celeste colgada), pasillos y puertas de pabellones del complejo penitenciario de Bouwer.

“Esta fue sacada al lado de la ‘lorera’”, comenta uno de los guardiacárceles, en referencia a la casilla de guardia de uno de los cuatro pabellones del complejo.

Las autoridades del Servicio Penitenciario de Córdoba (SPC) sostienen que las drogas ingresan a través de las visitas, aunque reconocen que puede haber algún personal “desleal”. Es que, por su tamaño, los cuchillos que aparecen en las fotografías jamás podrían ser introducidos por las visitas, salvo con la complicidad de un guardiacárcel.

Ante la aparición de las imágenes, el SPC hizo una presentación ante la Fiscalía de Lucha contra el Narcotráfico y dio participación al Tribunal de Conducta del Personal Policial y Penitenciario, según se informó oficialmente.

El 30 de abril del año pasado, La Voz del Interior reveló en un informe que en el establecimiento funciona un “ shopping ” donde todo se compra y se vende. Lo único que se ha modificado son los precios, por la inflación, según indican los guardiacárceles que dieron su testimonio a este medio, con la condición de que se preserve su anonimato.

Uno de los “mayoristas” –un preso que no llega a los 30 años– recauda entre 20 mil y 30 mil pesos por semana por la venta de drogas y celulares, afirmaron. La impunidad llega a grado tal que los mismos internos se filman con drogas, como se observa en el video que se publica en nuestra edición digital.

Un año atrás, los celulares se cotizaban a 500 pesos, pero en la actualidad los precios van de 800 a 1.800 pesos. La existencia de los aparatos telefónicos también se vincula con los “secuestros virtuales”, que se manejan rejas adentro.

Las púas o facas (armas blancas) cuestan 500 pesos y están en manos de los delincuentes “más pesados”, según el testimonio de los penitenciarios. Aseguran que en los pabellones de Bouwer se puede comprar cualquier tipo de droga, pero lo que más se consume son los porros de marihuana, porque es lo más barato: 10 pesos.

El “raviol” de cocaína sale 50 pesos, pero es de baja calidad. La pura, conocida como “alita de mosca”, cuesta 100 pesos. Lo más caro es la dosis de ácido lisérgico, que alcanza los 150 pesos. En tanto, las pastillas tienen distintos precios y también son de gran consumo.

Tampoco faltan las bebidas alcohólicas. La botella chica de ferné llega a 200 pesos y una 
de whisky sale exactamente el doble.

Los productos del “shopping” no están al alcance de todos y esto crea diferencias entre los internos. “En estos momentos, la cárcel es una olla a presión que puede estallar en cualquier momento. Las diferencias entre los internos son cada vez más grandes, y eso sin tener en cuenta a los presos VIP, alojados en el pabellón MD-2”, señalan los empleados del SPC.

Los otros dos pabellones del complejo carcelario son el MX-1, donde se aloja a los “ingresos”, y el MD-1, que alberga a la mayor cantidad de reclusos, todos entre 18 y 21 años.

Las autoridades del SPC jamás admitirán la existencia de presos VIP, aunque es vox populi , no sólo entre el personal penitenciario y los abogados penalistas que a diario visitan a sus clientes, sino en los tribunales provinciales y federales.

Los juicios son una prueba elocuente de las “clases sociales” que existen en las cárceles de Córdoba. Basta mirar a los imputados y ver si visten con andrajos o “pilchas” y zapatillas o zapatos de marca.

En la celda. Internos posan con la cara tapada y exhiben armas. La imagen da miedo.

Comunicado oficial

Los contactos con los penitenciarios que facilitaron el video y las fotografías, que se sacarían los propios presos posando con armas blancas, se iniciaron a principios de septiembre. Por alguna razón, la existencia del video (obtenido en una requisa, pero no entregado a la Jefatura de Bouwer) se filtró en el ámbito del Ministerio de Justicia, que el 21 de septiembre difundió el siguiente comunicado oficial:

“La Jefatura del Servicio Penitenciario de Córdoba informa que en el día de la fecha hizo una presentación ante la Fiscalía de Instrucción de Lucha contra el Narcotráfico a fin de que tome intervención ante la aparición de unas imágenes donde, supuestamente, internos alojados en un establecimiento Penitenciario de la Provincia de Córdoba manipulan y fraccionan sustancias prohibidas.

“Inmediatamente de conocidas las imágenes, se procedió a una exhaustiva requisa, no pudiéndose determinar que los elementos mostrados existan, ni (que) el ámbito donde se exhiben pertenezca a algún espacio situado en un establecimiento penitenciario. No obstante ello se efectuó la denuncia ante la Secretaría de Turno Primero de la citada Fiscalía para, si correspondiere, su investigación judicial. Asimismo, se le dio inmediata participación al Tribunal de Conducta Policial y Penitenciario”.

En las fotografías que los penitenciarios exhibieron ante este diario se observa a un joven musculoso que posa con el torso desnudo lleno de tatuajes. Sería el mismo que arma los porros en la celda, indicaron los guardiacárceles.

En tanto, desde la fiscalía del Fuero de Lucha Contra el Narcotráfico se indicó que hasta ahora no se pudo constatar que las imágenes se correspondan con la cárcel de Bouwer.

Habla la ministra

Sobre el caso, la ministra de Justicia de la Provincia, Graciela Chayep, comentó: “La droga es ingresada por los familiares, pero además reconozco que hay guardiacárceles que también lo hacen. Esa situación la hemos revertido bastante con la creación del Goat, un grupo especial similar al Eter de la Policía, que depende de una mujer. Son 25 muchachos preparados para liberar rehenes, actuar en motines y otras situaciones de riesgo. Pero también tienen una misión permanente y sorpresiva: inspecciones de pabellones del complejo penitenciario de Bouwer. Ellos aparecen, se presentan repentinamente sin que esté enterado el director del penal y, de inmediato, sellan un pabellón y lo requisan”.

La funcionaria admitió que el equipo táctico “encontró droga en lugares a los que sólo tiene acceso el personal penitenciario”, aunque no quiso revelar en qué sector de las instalaciones de Bouwer apareció el estupefaciente. “Cada vez que descubrimos algo, de inmediato lo denunciamos a la Justicia y al Tribunal de Conducta”, remarcó Chayep.

Fue imposible consultar a Martín Berrotarán, titular del mencionado Tribunal de Conducta, sobre los sumarios iniciados, porque el funcionario está de viaje en el exterior.

En cuanto a las afirmaciones de los penitenciarios entrevistados sobre la existencia de presos VIP, Chayep lo niega de manera rotunda. “No existen. Fíjese que Petrone (Jorge, dueño de la empresa Gama, alojado en el pabellón MD-2) comparte una cucheta con otro interno; no sé si duerme abajo o arriba, pero no hay privilegios. Ahora bien, usamos criterios de agrupabilidad para evitar riñas. Por eso los agrupamos de acuerdo a la condición social y al delito cometido. Si eso se considera VIP, es otra cosa”.

La ministra reconoce que cuando se asume en un cargo como el que ocupa desde 2011, hay dos opciones: “Hacer que la cosa funcione bien, como trato de hacerlo, aun cometiendo algún error porque no soy perfecta, o hacerse millonario”.

Otros videos
Ya hay antecedentes de videos filmados en cárceles por los propios internos. El pasado 21 de agosto, en el Establecimiento Penitenciario N° 6, de San Francisco, hombres del Goat hallaron un revólver calibre 22 con cuatro proyectiles en un tacho de residuos.

La filmación de ese secuestro fue difundida por la gremialista Adriana Reartes, quien lo publicó en su cuenta de Facebook. “No se sabe si el arma fue ingresada por familiares o por penitenciarios. Lo que sí sabemos es que por la difusión del video, el oficial a cargo del procedimiento fue sancionado y trasladado a Cruz del Eje”, indicaron los informantes.

El 30 de abril de 2014, después de la publicación de un informe en este diario y la difusión de un video a través de nuestro sitio web, con cinco presos (algunos armados con cortaplumas) que consumían cocaína de una frutera plástica, se registró un verdadero escándalo que terminó en la Justicia.

El entonces fiscal del Fuero de Lucha contra el Narcotráfico, Alejandro Marcelo Fenoll, investigó el caso, que trascendió al resto del país e incluso internacionalmente. El Gobierno se hizo eco del escándalo y anunció que, además de denunciar el caso ante la Justicia y al Tribunal de Conducta del Personal Policial y Penitenciario, fueron pasados a disponibilidad dos jefes y otro personal.

Los supuestamente sancionados fueron el director principal del complejo de Bouwer, subprefecto Héctor Acosta, y el director del Módulo MX-1, donde se filmó el video, alcaide Fernando Baigorria.

¿Qué pasó con la causa y las sanciones? Los informantes del SPC comentan que “no hubo sanciones, sino que los nombrados se tomaron la licencia anual”. Acosta se desempeñaría hoy como subdirector general de Técnica Penitenciaria y Criminológica, mientras que Baigorria, ya retirado, pasó a desempeñarse en la dirección general de Seguridad del SPC.

“La causa no avanzó demasiado. No hubo ninguna imputación”, reconoce hoy el fiscal Fenoll. Por aquellos días, la actuación del magistrado generó escozor entre la cúpula penitenciaria cuando, en el marco de la investigación, se constituyó en Bouwer y descubrió que había cocaína en un freezer que estaba en el salón de usos múltiples del establecimiento.

La Voz del Interior

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