Francisco lo recibirá en el Vaticano, tras un pedido de audiencia del Presidente; será el primer encuentro a solas y viajaría una delegación reducida.
El sábado 27 de febrero, a las 10.30, el presidente Mauricio Macri tendrá un encuentro oficial y a solas con el papa Francisco, en el Vaticano. La Santa Sede le puso fecha, así, a la audiencia pedida por el gobierno argentino, que se tramitó por canales reservados en las últimas semanas.
El calendario le hará, así, un buen guiño a Macri, que será recibido por Francisco tres días antes de inaugurar el período de sesiones ordinarias en el Congreso. Ocupará nuevamente la vidriera internacional, como ocurrió recientemente en el Foro Económico Mundial de Davos.
De todos modos, la aspiración del Presidente es poner en marcha una relación madura e institucional con la máxima jerarquía de la Iglesia, diferenciándose de las idas, venidas y sobreactuaciones que caracterizaron la relación del kirchnerismo con el líder de la Iglesia.
La visita tendrá carácter oficial y fue informada ayer por el Gobierno en un comunicado. Previamente, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, declaró que Macri tiene una relación muy buena con el Papa y que el Gobierno tiene una agenda en común con el Vaticano, que comprende la lucha contra la pobreza y el narcotráfico. «No creemos que hace falta utilizar al Papa. Tiene una tarea enorme por delante y tenemos mucha serenidad en esa relación. El Presidente no necesita sobreactuar», dijo Peña.
Francisco recibirá a Macri luego de regresar del viaje pastoral que emprenderá a México, entre el 12 y el 18 del mes próximo.
El pedido de audiencia comenzó a cobrar forma luego de que Macri llamó por teléfono a Francisco el 17 de diciembre pasado, para saludarlo por su cumpleaños, luego de un período en el que predominaron las especulaciones por la falta de un saludo oficial del Vaticano tras la elección presidencial. La posterior elección del diplomático de carrera Rogelio Pfirter en la embajada argentina ante la Santa Sede fue bien vista por el Vaticano y eso facilitó las vías de comunicación.
Fuentes del Gobierno estimaron ayer a LA NACION que el Presidente viajaría a Roma con una comitiva reducida, que difícilmente supere las diez personas. Se espera que concurra con su esposa, Juliana Awada.
Según las normas de rigor, Francisco y Macri tendrán un diálogo a solas, que se extenderá por el tiempo que disponga el Pontífice. Luego, habrá un saludo personal del Papa a cada integrante de la delegación.
Fuentes del Gobierno deslizaron, además, la posibilidad de que el Presidente y sus ministros mantengan posteriormente una reunión de trabajo con las autoridades de la Santa Sede, encabezadas por el secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin.
Sin distorsiones
La percepción del gobierno argentino, según pudo saber LA NACION, es que el Papa ve con buenos ojos la decisión de encauzar la relación con la Iglesia por las vías institucionales y se mantendrá renuente a recibir en privado a dirigentes políticos. Le rehúye a las distorsiones grandilocuentes, como cuando Cristina Kirchner sorprendió al Vaticano y fue a ver al Papa con una nutrida y ruidosa delegación de La Cámpora, que no dejó buenos recuerdos, en septiembre de 2014.
Macri y su esposa, Juliana, visitaron ya a Francisco el 19 de septiembre de 2013, cuando le presentaron a su hija Antonia. Ésa fue la última vez que el actual presidente -por entonces jefe de gobierno porteño- se vio en persona con el Papa (ver aparte).
Durante los años que compartieron en Buenos Aires -Jorge Bergoglio como arzobispo y Macri como jefe de gobierno-, la relación transitó carriles institucionales, sin gestos estridentes. Incluso, hubo momentos de tensión cuando Macri no apeló un fallo judicial, lo que abrió la puerta al matrimonio homosexual en el distrito porteño. Un encuentro posterior los acercó nuevamente, aunque al entonces cardenal no lo convencieron los argumentos del líder de Pro para no apelar.
Elegido presidente, Macri concurrió el 11 de diciembre a una invocación interreligiosa en la Catedral, oficiada por el cardenal Mario Poli, y una semana después recibió en la Casa Rosada a la conducción del Episcopado, encabezada por el arzobispo José María Arancedo. El martes pasado, en su visita a Córdoba, participó de la misa en honor del cura Brochero, el primer santo argentino, que será canonizado por Francisco en octubre.
El último cara a cara
La visita que realizó en septiembre de 2013 fue la única audiencia privada que Mauricio Macri tuvo con Francisco, en Roma. «Es un luchador y una esperanza de paz para el mundo», lo definió ese día, acompañado por su esposa, Juliana Awada, y su hija Antonia. Lo había saludado el 13 de marzo de ese año, en la misa de iniciación del pontificado, ocasión en que Francisco lo mandó a llamar para que siguiera la ceremonia en una ubicación preferencial. Estrechó sus manos apenas concluyó la misa, aun antes de las delegaciones presidenciales.




