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El crudo relato de un adolescente ucraniano detenido por el ejército ruso

El crudo relato de un adolescente ucraniano detenido por el ejército ruso

Vlad tenía 16 años cuando fue apresado por tropas rusas en el sudeste de Ucrania. La odisea de Iván para reencontrarse con su familia. El gobierno ucraniano estima que son entre 200 a 300 mil los menores de edad trasladados a Rusia desde el comienzo de la guerra.

“Mi trabajo era limpiar la sangre de las celdas donde torturaban a los detenidos. Escuchaba sus gritos y vi a personas colgadas de ganchos chorreando sangre”.

Vlad tenía 16 años cuando fue detenido en un puesto de bloqueo instalado por soldados rusos en las afueras de Melitópol, en el sudeste de Ucrania. Escapaba de los combates junto a un centenar de sus vecinos. Le revisaron su teléfono celular y descubrieron que su padre tenía un cargo en la administración local.

“Entonces me llevaron a prisión. Estuve tres meses detenido. Tuve mucho miedo, pero necesitaba sobrevivir”

Vlad, hoy de 19 años y cuyo apellido se preserva por motivos de seguridad, estuvo esta semana en Buenos Aires junto a otro adolescente ucraniano retenido por el ejército ruso, de nombre Iván, como parte de una delegación encabezada por Daría Gerasymchuk, Comisionada de Derechos de los Niños de la Oficina del presidente Volodimir Zelenski.

El gobierno ucraniano estima que son entre 200 a 300 mil los menores de edad trasladados a Rusia desde el comienzo de la guerra, en febrero de 2022. De ellos, solo 400 fueron devueltos a sus familias, según Kiev.

La dramática historia de Vlad

Vlad vivía con su familia en Melitópol, en el sudeste de Ucrania. Sus padres pudieron salir de la ciudad antes que comenzaran los combates, pero él se quedó a cuidar de su abuelo, que estaba muy enfermo y a punto de morir.

Después del entierro, intentó escapar junto a unas 100 personas, pero fue retenido en un “check point” del ejército ruso.

“Mi abuelo murió el 8 de abril de 2022. Me detuvieron porque pensaron que podría serles útil para un intercambio. No me acusaron de nada. Ni siquiera era combatiente. Estuve tres meses en prisión junto a decenas de personas”, contó.

Según dijo, tuvo suerte: no fue torturado. “Los primeros 48 días los pasé en la comisaría con otras 35 personas. Me obligaban a limpiar las celdas donde torturaban a otros detenidos. Tenía que limpiar la sangre del piso”, señaló.

Su relato estremece. “En mi celda escuchaba los gritos de los torturados. Los golpeaban, los picaneaban, les metían agujas en las uñas. Incluso, hubo violaciones”, afirmó.

Vlad dijo que a uno de los detenidos le cortaron tres dedos de una mano, le rompieron varias costillas y lo violaron. “Los torturaban 4 o 5 veces a la semana, 4 horas seguidas para sacarles la información que necesitaban. Los obligaban a delatar a su familia, amigos o conocidos que tenían alguna relación con las Fuerzas Armadas”, dijo durante una charla en la sede de la Universidad CAECE.

A lo largo de su relato, contó que compartió celda con un joven que tenía esposa y una hija y no pudo soportar las torturas. “Escribió una carta de despedida para su familia y me la entregó para que se las diera cuando lograra salir. Entonces se cortó las venas. Ahí entendí que tenía que sobrevivir”, afirmó.

“No solo por mi familia. Tenía que entregar esa carta. Es muy fuerte la sensación de que alguien te está esperando”, dijo. Finalmente, Vlad fue liberado en un intercambio de prisioneros. “Con mi papá me reencontré enseguida y a mi mamá la vi dos semanas después”, contó en un diálogo posterior con TN. Más adelante, además, pudo entregar la carta de su compañero de celda.

La historia de Iván tras ser separado de su familia

Iván también tenía 16 años cuando fue separado de su familia. Estaba estudiando en Mariúpol, una de las ciudades más devastadas en el inicio de la guerra, junto a su hermano mayor. Sus padres residían en un pueblo vecino.

“Vimos como destruyeron la ciudad. Queríamos salir de ahí, pero era imposible. No teníamos agua ni comida. Tampoco podíamos comunicarnos con mis padres. Entonces, después de un mes, decidimos irnos como sea”, contó.

Pero en su huida se topó con un puesto de bloqueo ruso. “Me obligaron a desnudarme. Yo solo quería irme con mi madre, pero no me dejaron. Aunque estaba con mi hermano mayor, nos separaron. Como era menor, llamaron al servicio social y me llevaron a Donetsk, bajo ocupación rusa”, señaló durante su testimonio ante estudiantes y docentes de CAECE.

Iván, hoy de 19 años, contó que compartió el mismo destino con decenas de niños y adolescentes que habían perdido a sus padres. “A todos los llevaron a Rusia. Nadie sabe qué pasó con esos niños”, aseguró. Él, finalmente, logró contactar al director de su escuela en Mariúpol, que era su tutor legal.

“Fue muy difícil salir. Tardamos tres días en regresar. Fue una experiencia terrible. Ellos tienen un método para lavarte el cerebro. Hay que ser muy frío para no caer en esa trampa”, concluyó.

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