La competencia por ingresar a la universidad lleva a estudiantes chinos a cumplir extensas jornadas de estudio. Frente al agotamiento y la presión académica, el Gobierno impulsa medidas para reducir la exigencia y promover hábitos más saludables.
El sistema educativo de China se caracteriza por la alta exigencia académica y la competencia por acceder a la educación superior. En algunas escuelas, los alumnos con mejores promedios pueden permanecer en los establecimientos desde las 7:20 hasta las 22, entre las clases y las actividades de apoyo escolar.
Según el testimonio de una madre residente en Xi’an, estas jornadas prolongadas forman parte de una rutina orientada a mejorar el rendimiento académico y las posibilidades de ingresar a la universidad.
La educación primaria y secundaria básica, destinada a chicos de entre 6 y 15 años, es gratuita y obligatoria. Durante el primer recreo, además, los estudiantes reciben leche y huevo como parte de una política de alimentación escolar.
Sin embargo, la presión aumenta durante la secundaria superior, entre los 15 y los 18 años, cuando los jóvenes comienzan a prepararse para el Gaokao, el examen nacional que determina el acceso a las universidades. La importancia de esta evaluación llevó a algunas instituciones a incorporar comedores, bibliotecas y espacios de descanso para que los alumnos puedan continuar con sus extensas jornadas.
Las medidas para reducir la presión académica
Ante las preocupaciones por el agotamiento estudiantil y las desigualdades sociales, las autoridades chinas impulsaron distintas reformas. En 2021, el Gobierno prohibió las academias privadas de tutoría paga y eliminó los exámenes escritos para niños de 6 y 7 años.
También se incorporaron contenidos vinculados con la inteligencia artificial al sistema educativo. Entre las medidas previstas, se encuentra la implementación de hasta dos horas diarias de educación física obligatoria hacia 2027, con el objetivo de combatir el sedentarismo y contribuir al bienestar de los estudiantes.
Las reformas buscan equilibrar las exigencias académicas con la salud y el desarrollo integral de los alumnos, en un sistema donde el ingreso a la universidad continúa siendo uno de los principales desafíos educativos.

