El fenómeno de El Niño 2026 impacta al agro brasileño con sequías e inundaciones

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El fenómeno climático genera lluvias intensas e inundaciones en el sur de Brasil, mientras que el norte y el nordeste enfrentan una fuerte escasez de agua. Los efectos ya afectan cultivos y generan preocupación entre productores y especialistas.

El fenómeno climático El Niño se manifiesta este año con una intensidad muy fuerte y está generando efectos opuestos en distintas regiones de Brasil. Mientras el sur enfrenta lluvias torrenciales e inundaciones, el norte y el nordeste atraviesan períodos de sequía y temperaturas elevadas, con consecuencias para la producción agrícola.

El climatólogo Carlos Nobre, de la Universidad de São Paulo (USP), advirtió que los eventos climáticos extremos ya están ocurriendo y explicó que el calentamiento de los océanos favorece una mayor evaporación y concentración de vapor de agua en la atmósfera, lo que puede intensificar las lluvias en algunas zonas y provocar condiciones más secas en otras.

En los estados de Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, las precipitaciones superiores al promedio provocaron inundaciones y daños en diferentes cultivos, entre ellos trigo, soja, maíz y frutales.

En julio, Rio Grande do Sul registró más de diez días consecutivos de lluvias y posteriormente fue afectado por un ciclón extratropical con vientos superiores a los 100 kilómetros por hora. El fenómeno provocó inconvenientes y daños en decenas de municipios.

Desde la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) señalaron que el exceso de humedad puede afectar las raíces de las plantas y generar pérdidas en la producción. Además, los fuertes vientos y el granizo pueden provocar daños directos sobre los cultivos.

Entre las recomendaciones para los productores se encuentran mejorar el drenaje de los suelos, reducir el riesgo de erosión y reforzar los controles fitosanitarios, con el objetivo de disminuir las consecuencias del exceso de agua.

En el extremo opuesto, la región amazónica y el nordeste brasileño atraviesan una reducción importante de las precipitaciones. Las proyecciones anticipan menor disponibilidad de agua y temperaturas más elevadas, una combinación que podría afectar especialmente a los cultivos permanentes, frutas y hortalizas.

El Gobierno federal movilizó equipos técnicos en distintas zonas del norte y centro-oeste para coordinar acciones ante una posible crisis hídrica. La preocupación se relaciona con los antecedentes de 2023 y 2024, cuando los principales ríos amazónicos registraron niveles muy bajos y complicaron el transporte de insumos y cosechas.

Los especialistas de Embrapa remarcan que el desafío no consiste solamente en anticipar la evolución de El Niño, sino también en utilizar la información climática para tomar decisiones concretas en el campo. Por eso recomiendan ajustar las inversiones y las expectativas de rendimiento de acuerdo con los escenarios previstos.

También se aconseja contratar seguros rurales y utilizar pronósticos oficiales para definir los momentos más adecuados para la siembra y la cosecha. La planificación anticipada puede ayudar a reducir parte de las pérdidas provocadas por los eventos climáticos extremos.

Mientras tanto, el Ministerio de Agricultura y la Defensa Civil mantienen un monitoreo permanente de la situación y trabajan junto con cooperativas agropecuarias para agilizar la asistencia a los productores que puedan verse afectados por las inundaciones o la falta de agua.

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