Dos empresas del sector energético elevaron a las autoridades su iniciativa para reactivar la planta de agua pesada de Neuquén y aprovechar la demanda externa.
El Gobierno convocó a las empresas a invertir en el sector nuclear, a fin de posicionar al país como un proveedor global de materiales y combustibles para la utilización con fines pacíficos de esa energía. En ese marco, las autoridades nacionales tienen bajo análisis una propuesta de inversión privada por US$120 millones para reactivar la producción de agua pesada, insumo clave para los reactores de generación eléctrica, la industria farmacéutica, la investigación científica y la industria de los semiconductores.
La propuesta, que podría generar ingresos por US$80 millones anuales, se da en un contexto global de reimpulso de las energías alternativas al petróleo, en medio de las alzas de los precios de la energía por la guerra en Medio Oriente y su impacto en los costos y la inflación. Atento a ese interés, desde el Gobierno se lanzó el Plan Nuclear, por el que busca sumar a empresas privadas como inversores.
En ese marco, las firmas nacionales Saesa —ligada al gas— y Spark —de servicios de infraestructura para el sector energético—, presentaron de manera formal la iniciativa privada para reactivar la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), en Neuquén, la única de esas características en América Latina y que no produce desde 2017. La intención es aprovechar los recursos de gas de Vaca Muerta y reposicionar al país como proveedor de agua pesada, cuyo valor internacional se ubica en US$70.000 la tonelada.

Juan Bosch, CEO de Saesa: “Es un activo estratégico único en el mundo. Con su reactivación, Argentina entra al top 5 de productores mundiales de agua pesada, junto a Canadá, India, Rumania y China. Hoy le cuesta al país más de 12 millones de dólares al año sin producir nada».
La iniciativa de Saesa-Spark plantea un plan de tareas de 36 meses para iniciar las operaciones. Si recibe el aval oficial, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) debe llamar a una licitación pública para seleccionar a un futuro concesionario.
Un insumo clave con potencial exportador y una ventana al agro
A principios de año, funcionarios nacionales viajaron hasta la planta, inaugurada en 1993, que es propiedad de la CNEA y está operada por la Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería (ENSI). La intención fue conocer de cerca el potencial productivo no solo de agua pesada sino también de insumos clave para el agro, como el amoníaco y la urea, un fertilizante fundamental.
“Tenemos fuerte interés en compradores de d2o, ya con acuerdos preliminares y también de proveedores del gas, porque requerirá de al menos 500.000 m3 diarios para operar”, explicó Bosch. El agua pesada es el insumo que se usa para estabilizar los reactores en operaciones en Canadá, India, Rumania, Corea del Sur y China.
Si bien el foco inicial está en la producción de agua pesada, desde las empresas interesadas no descartan que pueda diversificarse en el futuro. “En la medida que se avance con el d20, se podrá explorar la viabilidad de incluir otros destinos, como la planta de fertilizantes”, sostuvo el directivo.





