Al futbolista se lo ama o se lo odia, no hay matices. Ya sea porque es del equipo rival o simplemente porque es un “perro”.
Al escribir una editorial como esta es difícil no acordarse de las palabras que se escuchan en la cancha o en las charlas con amigos. “Es un mercenario ese pecho frío”, “se vendió por dos pesos” o el famoso “no tiene patria ese hdp”.
Lejos quedaron las épocas en donde un jugador nacía y moría futbolísticamente en un sólo equipo. El amateurismo es cosa del pasado así como la fidelidad a los colores.
Antes se jugaba por la camiseta porque no había otra cosa. Ahora se juega por dinero porque es un negocio y ser futbolista es una profesión.
Así como al médico se le paga por salvar vidas al futbolista se lo premia por patear una pelota. Muchas son las críticas que recibe por ganar sumas siderales pero si el negocio es redituable, ¿por qué no remunerar al jugador con esas sumas?
Si vemos lo que cobra Messi o Cristiano en un mes en sus clubes nos horrorizamos pero ellos sólo representan el 0,1 % del mundo de la redonda. Lo cierto es que el futbolista promedio apenas le alcanza para vivir. No, no estoy exagerando. Pibes que juegan en la D metropolitana laburan de otra cosa porque su sueldo de futbolista no llega a ser el salario mínimo. Además de que los elementos necesarios para jugar corren por cuenta del jugador.
Cuando un pibe debuta en primera no se salva para toda la vida. Un primer contrato está lejos de ser lo que el colectivo imaginario cree. Además lo que más cuesta no es llegar sino permanecer.
La carrera de un jugador no es sencilla. Desde muy chicos deben abandonar su casa para vivir en pensiones que nada tienen de hogareñas. ¿Quién no conoce un vecino del barrio que no se haya ido a probar a algún club de los grandes? Sin ir más lejos uno de mis primos estuvo en la pensión de Racing de Córdoba. Vivía abajo de la tribuna. Cuando llovía las goteras se lo hacían sabe así como el frío o calor. Se volvió horrorizado a los dos años y ahora varios años después se dedica otra cosa como el 90% de los pibes que quieren ser jugadores.
Estamos a escasos días del inicio de un nuevo torneo de primera división. También la B Nacional y los Federales A y B darán comienzo a sus campeonatos. Claro está que no serán como cualquier otro: son de transición. Nada tendrían de raro si sólo se trataran de competencias de 6 meses. Créame mi estimado lector que lejos están de ser torneítos. Para clubes y jugadores en un dolor de cabeza. Contratos que normalmente se hacen por 12 meses deben durar 18. Esto significa más plata invertida para los clubes y menor poder para incorporar por lo que el mercado de pases está complicado.
Al cubrir el fútbol argentino en todas sus expresiones estoy constantemente investigando contrataciones, bajas y qué jugadores todavía no tienen club.
Para conocer a aquellos jugadores libres decidimos armar una nueva sección en Depornautas: Yo, futbolista. Todas las semanas compartiremos vivencias de futbolistas que no saben qué va a pasar con la fuente de ingresos de su familia.
Porque al fin y al cabo el futbolista que vemos en la tele o en la cancha cada domingo es el hijo de doña Rosa, el vecino de Juan, el primo de Paula, uno más de nosotros.
Por Leonela Zapata – Depornautas




