En un contundente mensaje desde el Vaticano, el Sumo Pontífice cuestionó a los líderes mundiales que utilizan la religión para validar conflictos bélicos. «Es una blasfemia usar el nombre del Creador para destruir al hermano», sentenció en medio de la escalada de tensiones internacionales.
El Papa León XIV volvió a poner la diplomacia vaticana en el centro de la escena global con un discurso que no dejó lugar a dobles interpretaciones. Durante su habitual alocución dominical ante una Plaza de San Pedro colmada, el Pontífice lanzó una crítica feroz hacia aquellos gobernantes y sectores de poder que intentan dar un barniz de «sacralidad» a las guerras actuales.
Con un tono firme pero cargado de preocupación por la situación en Medio Oriente y Europa del Este, León XIV fue categórico: «La guerra es siempre una derrota de la humanidad, y pretender que cuenta con el aval divino es una contradicción inaceptable».
El Papa se dirigió específicamente a los jefes de Estado que, en sus discursos, apelan a valores religiosos para movilizar tropas o sostener ocupaciones. «Dios es paz, es encuentro y es perdón. Quien siembra odio y destrucción invocando su nombre, está traicionando la esencia misma de la fe», señaló ante el silencio atento de los fieles.
Para el sucesor de ‘Francisco’, el uso de la fe como herramienta de propaganda bélica no solo es peligroso, sino que constituye una «manipulación de lo sagrado» que aleja cualquier posibilidad de diálogo genuino.
Más allá de la denuncia, el mensaje papal incluyó un pedido desesperado por la apertura de corredores humanitarios y el cese de las hostilidades en las zonas de conflicto más calientes del planeta. León XIV instó a la comunidad internacional a dejar de invertir en armamento y volcar esos recursos a combatir el hambre y el cambio climático.
«El mundo está cansado de oír hablar de victorias militares que solo dejan escombros y huérfanos. La verdadera victoria es la que se construye en la mesa de negociaciones», concluyó el Papa, cuyas palabras ya empezaron a generar repercusiones en las principales capitales del mundo.
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