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El recuerdo de Malvinas, que nunca se irá

El recuerdo de Malvinas, que nunca se irá

En este marco, Radio Estación 102.5 dialogó con el combatiente de la Guerra de Malvinas, Juan Medina sobre su experiencia y qué recuerdos le ha dejado.

El conflicto bélico por la soberanía de las Islas Malvinas tuvo su punto de partida el tres de enero de mil ochocientos treinta y tres, cuando el Reino Unido ocupó el territorio y desalojó a las autoridades argentinas impidiendo su regreso.

Desde mil novecientos setenta y seis hasta mil novecientos ochenta y dos, Argentina se encontraba bajo dictadura militar. Durante el transcurso de este período, se dio la Guerra de Malvinas, el Mundial de fútbol y la desaparición de trece mil personas, conjuntamente. Estos tres aspectos fueron los que conformaron el contexto de la época.

Los soldados eran designados por el servicio militar obligatorio, que fue constituido en el año mil novecientos uno por el ministro de guerra, Pablo Riccheri, durante la última presidencia de Julio Argentino Roca. Se seleccionaban jóvenes de dieciocho años mediante sorteo y se los enviaba a la guerra.

El dos de abril de mil novecientos ochenta y dos, el país despertó con la noticia de que las tropas argentinas habían desembarcado en Port Stanley, capital de las Islas Malvinas. Las batallas se llevaron a cabo en tierra, aire y mar. Las maniobras de la aviación argentina y los modos de ataque hicieron que luego de esta guerra los protocolos de defensa naval cambiaran para siempre en todo el mundo.

Mario Benjamín Menéndez llegó a las islas el siete de abril de mil novecientos ochenta y dos, y el veintiséis fue nombrado jefe del Comando Conjunto, cargo que mantuvo hasta el catorce de junio, cuando firmó la rendición ante el general británico Jeremy Moore.

La última batalla fue la de Monte Longdon. Aconteció entre la noche del once y se extendió hasta la madrugada del día doce de junio de mil novecientos ochenta y dos y terminó con la victoria de las tropas británicas. Es considerada la batalla más importante del conflicto, ya que luego de ella el gobernador Benjamín Menéndez comunicó la rendición de las tropas argentinas ante las fuerzas inglesas, comandadas por Jeremy Moore. Ese mismo día la Selección argentina de fútbol, con Diego Maradona como ícono, debutaba en el Mundial de España y el Papa Juan Pablo segundo se despedía de Buenos Aires dando una misa por la paz en Palermo.

La Guerra de Malvinas dejó un saldo de mil doscientos argentinos muertos y de doscientos cincuenta y cinco británicos. Luego de la guerra, se conoció que quinientos treinta y dos argentinos se suicidaron a raíz de las secuelas psicológicas.

El regreso de los sobrevivientes fue en barcos ingleses. Algunas imágenes como por ejemplo la llegada del buque británico Camberra a Puerto Madryn fueron censuradas por las Fuerzas Armadas, que tenían como objetivo ocultar el retorno de los cuatro mil cien soldados. Los mismos eran recibidos en el anonimato y se los consideró como símbolo de la incapacidad por no haber ganado la guerra.

Luego de unos años y fijando la mirada al plano local, el Centro de Veteranos de Guerra Malvinas del Departamento San Justo fue creado en el año mil novecientos noventa y nueve por Victor Melano y Juan Bassano, con el objetivo de que los noventa ex combatientes se reunieran periódicamente para brindarse apoyo psicológico y concientizar sobre lo que representó el conflicto de Malvinas para la sociedad argentina.

Finalmente, el lunes diecinueve de junio de dos mil diecisiete, se dio a conocer que un grupo de especialistas comandados por el Comité Internacional de la Cruz Roja intentará identificar a los cuerpos de los ciento veintitrés soldados argentinos caídos en combate. Los mismos permanecen, desde mil novecientos ochenta y dos, enterrados sin sus nombres bajo cruces blancas en el cementerio de Darwin. El plan responde a una solicitud del gobierno de Argentina que el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) recibió en abril de dos mil doce. Ante ese pedido, el Comité estableció como necesario un mínimo de familias que desearan la identificación, entre las cuales, noventa y tres firmaron su consentimiento y se comprometieron a brindar datos.

«Fui destacado en marzo del 81´al comando de la flota de mar y tuve el privilegio de ser uno de los protagonistas silenciosos de aquella época porque toda la operación era secreta; esa fue una fecha muy importante para mi vida personal», expresó Medina.

En ese entonces, las falsas informaciones que se enviaban o le llegaban a los familiares muchas veces les hacía pensar que el desenlace era el peor. En ese sentido, el combatiente explicó que hoy en día las comunicaciones son fáciles y rápidas, pero por aquellos tiempos no.

Las primeras sensaciones en la base junto a sus compañeros fueron de rememorar Malvinas tal como se lo habían enseñado en la escuela. En referencia a ello, agregó: «Nunca me imaginé que las vueltas de la vida y el destino me iban a poner en ese mismo escenario que iba más allá de los libros».

Realizando una comparación entre los soldados británicos y los argentinos, manifestó que el impulso de ir a la guerra eran sentimientos diferentes. «Mientras nosotros íbamos a pelear con el corazón, ellos venían por el dinero; pero lejos estuvimos de odiarnos pese a las diferencias culturales», aclaró.

Sobre el reencuentro con su mujer y cómo vivió el regreso a la ciudad, Medina recordó que «fue una sensación extraña» porque se mezclaba el volver a ver a sus seres queridos y el haber dejado a muchos compañeros en la guerra. «En algún momento llegamos a pesar que haber vuelto con vida era un fracaso para nosotros», explicó.

Haciendo una reflexión acerca de la importancia de cuidar el suelo argentino, el veterano dijo que hay que terminar con las políticas coloniales para que Malvinas deje de significar un conflicto entre naciones. «Estas políticas lo único que hacen es perpetuar las políticas de saqueo», sentenció.

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