El Tala continúa fortaleciendo un proyecto social, deportivo, cultural y educativo que nació hace tres años y que ahora suma a tres jóvenes basquetbolistas cubanos. Oreste, Jonathan y Richard llegaron a San Francisco para incorporarse a la institución y compartir una experiencia que apunta mucho más allá de una cancha.
En medio de los festejos por sus 80 años de vida, el Club El Tala de San Francisco atraviesa un momento de crecimiento institucional y deportivo. A las obras que se llevan adelante en el predio y al buen presente de sus distintas disciplinas se suma una iniciativa que tiene un fuerte componente social: la llegada de jóvenes deportistas provenientes de otros países para formarse en la institución, estudiar y desarrollar su vida en la ciudad.
La propuesta comenzó hace aproximadamente tres años por iniciativa de Diego Mare, vicepresidente de la subcomisión de básquet, y con el acompañamiento de la institución. El objetivo, según explicó en diálogo con Radio Estación, es brindarles a jóvenes deportistas la posibilidad de mejorar su calidad de vida, crecer deportivamente, incorporarse a la cultura local y acceder también a una formación educativa.
El proyecto tuvo sus primeros intentos en Haití y luego en África, aunque algunas dificultades hicieron que finalmente el camino condujera hacia Cuba. Después de años de gestiones y trámites, la iniciativa comenzó a concretarse.
El primero en llegar fue Oreste, hace un año y medio. Con apenas 15 años comenzó su experiencia en San Francisco y, con el paso del tiempo, logró adaptarse tanto al club como a la ciudad y al ámbito escolar. Actualmente cursa sus estudios en la Escuela Normal y también se transformó en una pieza importante del equipo de El Tala.
“Me costó al principio socializar con los chicos del club y en el colegio, pero poco a poco me fui adaptando y ahora está de diez”, contó Oreste durante la entrevista con Radio Estación.
En lo deportivo, el joven cubano atraviesa un buen presente. El Tala terminó en el primer lugar de la primera rueda del torneo provincial y Oreste destacó el crecimiento que viene experimentando tanto a nivel local como provincial.
Ahora, además, tendrá la posibilidad de compartir equipo con dos compatriotas que conoce desde hace años: Jonathan y Richard, quienes llegaron este miércoles a San Francisco después de un largo proceso de trámites que comenzó meses atrás.
Dos nuevas historias que llegan desde Cuba
Jonathan tiene 18 años, es oriundo de La Habana y juega como pivote. Con sus 2,18 metros de altura, es considerado el jugador más alto de Cuba de su edad. Comenzó a practicar básquet a los 12 años y encontró en este deporte una oportunidad para desarrollarse.
Su llegada a El Tala se produjo luego del contacto entre su familia y Mare. La condición de menor de edad al momento de iniciar los trámites hizo que el proceso se extendiera, pero finalmente pudo concretar el viaje.
“Tenía muchas ansias de llegar aquí para poder desarrollarme más en el ámbito del baloncesto”, explicó Jonathan, quien además manifestó su intención de continuar estudiando. Entre sus intereses aparecen administración de empresas y economía, especialmente por su afinidad con los números.
Richard, también de 18 años, juega como base y tiene una historia particular con el básquet. Comenzó a practicarlo cuando tenía 6, luego de que un profesor se contactara con su madre, quien había tenido un breve paso por la disciplina.
Con el tiempo, el deporte se convirtió en una parte central de su vida. Ahora inicia una nueva etapa en San Francisco y, además de continuar con su carrera deportiva, ya piensa en la posibilidad de formarse profesionalmente. Entre sus intereses aparece la fisioterapia.
Los tres jóvenes, además, no son desconocidos entre sí. Oreste, Richard y Jonathan compartieron equipos en Cuba y llegan a San Francisco con el vínculo previo de haber jugado juntos.
Una adaptación deportiva y cultural
Para los jóvenes, el desembarco en Argentina también implica adaptarse a una forma diferente de entender el básquet.
Oreste explicó que en Cuba el juego suele ser más libre y menos estructurado, mientras que en Argentina encontró un deporte con mayor presencia de sistemas tácticos y roles definidos para cada jugador.
La experiencia también significa conocer una nueva cultura. Los jóvenes contaron que en Cuba gran parte de su vida transcurre en los barrios, donde el deporte ocupa un lugar importante y conviven chicos de distintas edades en los espacios deportivos municipales.
Más allá de las anécdotas, la llegada de los tres jugadores representa un intercambio cultural para ambas partes y una experiencia que El Tala pretende sostener en el tiempo.
Un proyecto pensado a largo plazo
Desde la institución remarcan que la iniciativa no está planteada simplemente como la incorporación de jugadores para una determinada temporada. La intención es construir un proyecto de vida alrededor del deporte, la educación y la integración.
En ese sentido, El Tala ya trabaja para que los jóvenes puedan continuar sus estudios en San Francisco. A través de vínculos con FASTA, se analizan distintas alternativas educativas que puedan compatibilizarse con sus entrenamientos y con sus intereses personales.
Los tres cuentan actualmente con una visa de un año, mientras que desde el club ya trabajan para avanzar en la posibilidad de que puedan obtener el DNI argentino.
“Queremos mostrar que se puede hacer algo diferente. Más allá de crear un jugador por un contrato, por determinado tiempo y que después se vaya, esto es distinto”, sostuvo Mare. El dirigente también remarcó que se trata de un proyecto de largo plazo, con objetivos que incluso llegan hasta 2032.
La llegada de Oreste, Jonathan y Richard se da en un momento especial para El Tala, que acaba de celebrar sus 80 años y atraviesa, según sus dirigentes, una etapa de crecimiento tanto en lo edilicio como en lo deportivo y social.





