En la esquina de Jonas Salk y Salta, sigue abriendo un negocio que supo ser punto de encuentro para la previa a una noche de cine, cuando elegir qué ver era un evento social.
Alberto Bertotti, dueño del Videoclub San Francisco, recuerda sus inicios en el rubro a fines de los años 80, cuando el VHS comenzaba a popularizarse y las películas en cassette eran el nuevo atractivo para el público.
Con el paso del tiempo, el local fue adaptándose a los cambios del mercado. Hoy en día, según Bertotti, se venden más películas de las que se alquilan. Sin embargo, reconoce que el auge de las plataformas de streaming como Netflix o Disney+ ha impactado de forma directa en la clientela. “Estamos trabajando muy poco. Los que vienen son los que no encuentran lo que quieren ver por televisión”, explica.
El videoclub, que lleva más de tres décadas funcionando, también explora alternativas como el alquiler de videojuegos para consolas PlayStation 3 y 4. Aun así, los altos costos de los juegos y de las películas originales, en formatos como el Blu-ray, dificultan sostener ese servicio. Otro rubro que fue perdiendo fuerza es el del 3D: Bertotti cuenta que llegó a reunir unas 150 películas en ese formato, pero los televisores con gafas especiales ya casi no se usan y el interés del público decayó.
A pesar de estos cambios, Bertotti sigue atento a las producciones que no suelen llegar al circuito comercial.

Se mantiene informado sobre los festivales de cine europeos y valora especialmente aquellas películas difíciles de encontrar en las plataformas digitales. “Hay películas que tardan en llegar al streaming, y otras que nunca llegan”, comenta.
Entre sus directores favoritos menciona a Ridley Scott —de quien destaca su vigencia a los más de 80 años— y a su hermano Tony Scott. También reivindica al cine argentino, nombrando títulos como El secreto de sus ojos, al que considera la mejor película nacional de todos los tiempos, y Argentina, 1985, que en su opinión merecía ganar el Oscar.
Sobre la actualidad del cine, Bertotti observa un viraje hacia el público juvenil, con una predominancia de películas de superhéroes. Lamenta que ya no se vea cine como el de las décadas del 80 y 90, que considera más sólido en contenido. Incluso criticó la última ganadora del Oscar, Anora, calificándola como “muy mediocre”.
Frente a un contexto adverso, Bertotti continúa con su videoclub impulsado por una motivación que va más allá del negocio: “Mientras mi cuerpo aguante, mientras pueda, sí. El día que no pueda más, bueno”.
Para él, el videoclub es más que un trabajo: es una pasión.

