La modista de alta costura Juliana Sacco, emprendedora radicada en la ciudad de San Francisco, vivió una experiencia inesperada cuando, a través de una publicación en redes sociales, recibió un encargo internacional para confeccionar un vestido de 15 años destinado a una joven que vive en Managua, Nicaragua.
Sacco, de 30 años, es oriunda de Rosario pero reside en San Francisco desde hace 15 años. Madre de tres hijos, comenzó su emprendimiento de alta costura hace aproximadamente tres años y medio, trabajando desde su taller instalado en su propio hogar, en barrio Hospital.
Hace tres años comencé mi emprendimiento, trabajando desde mi casa, donde tengo mi taller en Barrio Hospital. En noviembre recibí un pedido totalmente inesperado: a través de una publicación en redes sociales, una persona del otro San Francisco (Estados Unidos) vió los vestidos que realizo. A partir de eso, una mujer se contactó conmigo para encargarme el vestido de 15 años de su sobrina, quien vive en Managua, Nicaragua».

“El día que publiqué el corset no imaginé todo lo que iba a pasar después. Fue en el entretiempo de un partido de la Selección y de repente me empezaron a escribir para pedirme vestidos”, señalo, quien destacó que ese fue el punto de partida de su proyecto actual.

El contacto internacional surgió de manera casual. “Me llegó un mensaje de una persona que pensaba que yo estaba en el San Francisco de Estados Unidos. Cuando le expliqué que estaba en Córdoba, Argentina, ya era tarde: ella confió en mí y quiso seguir adelante con el pedido”, relató.
La solicitud consistía en la confección de un vestido de 15 años para una joven nicaragüense, sobrina de una mujer residente en Estados Unidos. A pesar de no haber realizado envíos al exterior con anterioridad, la emprendedora decidió asumir el desafío. “Nunca había mandado nada fuera del país, pero dije: yo sé hacer vestidos y voy a resolver el resto”, afirmó.
El proceso de confección fue completamente artesanal y personalizado, con múltiples ajustes sobre el diseño original. “No diseño desde cero, yo hago lo que la clienta quiere. Mi trabajo es interpretar ese deseo y adaptarlo al cuerpo y al evento”, explicó Sacco, quien señaló que el vestido fue modificado en varias oportunidades hasta lograr el resultado buscado.
Sobre la experiencia emocional que le generó el pedido, expresó: “Para mí fue una sorpresa enorme y una emoción muy grande. Es el resultado de años de esfuerzo, constancia y de creer que se puede salir adelante haciendo lo que a uno le gusta”.
Además, destacó el vínculo humano que se generó a partir del trabajo: “Terminamos hablando seguido, hacemos videollamadas y se armó una relación muy linda con la familia. Eso es lo más valioso que me deja esta experiencia”.
El emprendimiento Aurora Dress también tiene una fuerte carga simbólica. “Aurora siempre fue mi princesa favorita y yo hago vestidos de princesa. Además, mi abuela y mi bisabuela eran modistas de alta costura, así que siento que hay una historia familiar que sigue”, señaló. Incluso, Juliana continúa utilizando herramientas heredadas, como una tijera de su bisabuela, para realizar bordados finos.

«Nunca imaginé que mi trabajo pudiera llegar a otro país, mucho menos a Centroamérica. Para mí fue una sorpresa enorme y una emoción muy grande, porque es el resultado de años de esfuerzo, trabajo artesanal y constancia. Me emociona poder contar esta historia y compartirla como muestra de emprendimiento local que, gracias a las redes sociales y al trabajo a medida, logró traspasar fronteras. Ojalá inspire a otros emprendedores.», dijo Juliana.
Desde su taller en San Francisco, Juliana Sacco continúa confeccionando vestidos a medida para eventos sociales, egresos y celebraciones especiales, demostrando que el trabajo artesanal local, impulsado por las redes sociales, puede trascender fronteras. “Nada sale perfecto de entrada, pero con constancia se llega. Yo creo mucho en eso”, concluyó.

