Familia Mare: generaciones unidas por la pasión y la vida en El Tala

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En el marco de los festejos por los 80 años del Club El Tala, las historias familiares vuelven a ocupar un lugar central para entender la identidad de una institución profundamente arraigada en San Francisco.

Entre ellas, la de la familia Mare refleja con claridad el sentido de pertenencia, el compromiso y la pasión que atraviesan generaciones dentro del club.

Una vida ligada al club

“Yo empecé acá en el Tala hace exactamente 26 años”, cuenta Diego Mare, quien ha vivido distintas etapas dentro de la institución. Su recorrido no solo está marcado por lo deportivo, sino también por lo familiar: “Un momento importante dentro del club, el más importante fue ver crecer a mis hijos acá”.

Esa continuidad generacional también se refleja en la participación activa de toda la familia. Valeria Carra, su esposa, acompaña desde un rol clave fuera de la cancha, mientras que sus hijos Lautaro y Tadeo continúan el legado como jugadores de básquet.

Recuerdos imborrables y momentos compartidos

Dentro de la memoria de Diego aparecen momentos que marcaron la historia reciente del club. Entre ellos, recuerda una experiencia particular: “Una clasificación en Bariloche… fui como traductor, entre comillas, de Rory White. Ese momento fue épico”, rememora con entusiasmo. A eso suma el reciente ascenso a la Liga Federal de Básquet como otro de los hitos más significativos.

Para Lautaro, los recuerdos también están atravesados por emociones intensas: “Uno fue cuando ascendieron al Federal, que yo no pude venir porque tenía partido en Córdoba… hicimos una videollamada con mis papás y nos largamos a llorar todos juntos”. Además, destaca otro logro personal: “La primera vez que pude salir campeón con el Tala, cuando volví el año pasado”.

Por su parte, Tadeo también guarda momentos especiales como jugador formativo: “En Sub-15, cuando le ganamos a Unión Eléctrica para clasificar al regional… fue un momento hermoso ver la cancha llena por un partido nuestro”.

Referentes y valores dentro del club

A lo largo de los años, distintos referentes dejaron su huella en el camino de la familia. Lautaro menciona especialmente a su entrenador: “Pepe Juliano fue el que nos entrenó desde que arranqué hasta que me fui a Atenas”, y también resalta el vínculo con sus compañeros: “Con el que más sentimientos tengo es con Mateo Battistino”.

En tanto, Diego pone en valor a personas que trascendieron lo deportivo: destaca a “Asino”, a quien define como “el más amigo, el más fiel”, y suma también a Corcho Cavallo.

Para Tadeo, el principal referente está en casa: “Una persona del club… lo pondría a mi viejo. Desde el día uno siempre fue una motivación tenerlo acá”.

Un club que trasciende lo deportivo

Más allá de los logros en la cancha, Diego también resalta el crecimiento institucional y social del club en los últimos años, especialmente a partir de un proyecto inclusivo: “Buscamos darle un lugar a chicos que la estaban pasando mal… que tengan educación, que puedan practicar deporte y que incorporen nuestra cultura”.

En ese sentido, subraya el rol fundamental de su esposa: “Valeria está encargada en la pensión de los chicos, es la tutora en el colegio”. Este trabajo permitió, entre otras cosas, integrar jóvenes de otros países al club, acompañándolos no solo en lo deportivo, sino también en lo humano.

80 años de historia, emoción y futuro

El aniversario encuentra a la familia Mare atravesada por sentimientos profundos. “Orgullo y felicidad. Que el club cumpla 80 años es un logro importantísimo”, afirma Diego, quien además sostiene que este momento debe marcar “un antes y un después” para la institución.

Las emociones también afloran en el resto de la familia. “Es una vida entera… me pone la piel de gallina”, expresa Valeria, destacando el esfuerzo colectivo de la comunidad. Mientras que Lautaro resume su sentir con claridad: “Es un club que quiero, estuve desde muy chico acá… que cumpla 80 años y que toda mi familia esté presente es muy importante”.

El testimonio de la familia Mare se suma así a la memoria viva del Club El Tala, donde las historias personales se entrelazan con la historia grande de la institución, reafirmando que el verdadero motor del club sigue siendo su gente.

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