En diciembre de 2019, un tumor en el colon lo llevó a una internación de urgencia que se extendió durante más de un mes. Atravesó complicaciones, pasó por terapia intensiva y perdió 30 kilos. Con el acompañamiento de su familia, la fe y su pasión por el baile, logró salir adelante. Hoy, una filmación suya bailando en la calle se convirtió en una oportunidad para compartir su historia y dejar un mensaje de esperanza.
Maximiliano Viva estaba trabajando, repartiendo junto a sus compañeros, cuando pasó una camioneta con música. Sin pensarlo demasiado, pidió un tema de La Mona Jiménez o Cachumba y se puso a bailar. Lo hizo con la alegría que lo caracteriza, sin saber que alguien lo estaba filmando. Días después, las imágenes comenzaron a circular en las redes sociales acompañadas por parte de su historia de vida.

Lo que para él fue un momento espontáneo terminó mostrando mucho más que unos pasos de baile: detrás de esa sonrisa hay una historia marcada por el dolor, numerosas operaciones y una recuperación que le cambió la manera de ver la vida.
En diálogo con Radio Estación, Maximiliano recordó que todo comenzó el 19 de diciembre de 2019, cuando debió ser internado de urgencia por fuertes cólicos abdominales. Los médicos le detectaron un tumor en el colon y permaneció hospitalizado hasta el 4 de febrero siguiente, con varios días en terapia intensiva y distintas intervenciones quirúrgicas.

Primero le realizaron una colostomía para aliviar los dolores, pero el procedimiento no dio resultado y debieron operarlo de urgencia para extirpar el tumor. Días después, su estado volvió a complicarse: tenía fiebre, fuertes cólicos y una peritonitis que obligó a los profesionales a intervenirlo nuevamente.
“Conocí el dolor físico, el dolor emocional, el dolor del alma. Ver a toda mi familia sufrir y no saber qué iba a pasar conmigo”, recordó sobre aquella etapa.
La recuperación tampoco fue sencilla. Según contó, entre las distintas intervenciones que atravesó a lo largo de su vida suma alrededor de doce operaciones, siete de ellas en el abdomen. Después de aquella internación, vivió casi dos años con una colostomía y debió recuperar fuerzas de a poco. Había ingresado a la clínica con 90 kilos y recibió el alta con apenas 60.
El día que volvió a sentirse vivo
Dos semanas después de salir del hospital ocurrió algo que, aunque en ese momento pudo parecer un episodio cotidiano, terminaría marcando un antes y un después. Durante una reunión, una joven le propuso bailar. Todavía débil y con dolores, Maximiliano aceptó. “Con toda la fuerza que me quedaba, me paré y le dije: ‘Bueno, dale’”, contó.
Aquel baile tuvo un significado especial. “Fue la primera vez que me sentí vivo. Bailando tuve esa sensación: ‘Estoy vivo’. Fue adrenalina, felicidad. Fue algo hermoso”, recordó.
Aunque todavía sentía dolor, la alegría de ese momento pudo más. A partir de entonces comenzó a acercarse cada vez más al baile, una actividad que se convirtió en una parte fundamental de su vida. Hoy disfruta de la bachata, la salsa y la cumbia, y asegura que va allí donde haya una oportunidad para bailar.
“Hace seis o siete años que estoy bailando. Donde hay baile, yo voy, porque me encanta”, explicó.
Para Maximiliano, no se trata solamente de una actividad recreativa. El baile le permitió conocer personas, compartir momentos y encontrar un espacio en el que sentirse bien. “Siento que estar en el camino del baile me cambió la vida. Es un ambiente muy lindo, con gente copada, buena onda, con buena vibra”, afirmó.
La familia, la fe y una experiencia que lo transformó
En el camino de recuperación, el acompañamiento de sus seres queridos fue determinante. Maximiliano destacó especialmente el rol de su mamá, además de sus hermanos y amigos, a quienes describió como compañeros de una batalla que atravesaron juntos.
“Mi mamá fue el mayor pilar. Es madre de siete hijos y ya había pasado por la pérdida de su primer hijo. Tener que atravesar esto fue muy doloroso para ella y para todos”, relató. A ese sostén afectivo sumó su encuentro con la fe. “Por sobre todas las cosas, agradezco a Dios, porque me encontré con Dios”, expresó.

Durante su internación en terapia intensiva, Maximiliano vivió una experiencia que recuerda con claridad y que marcó uno de los momentos más difíciles de su vida. “La mayoría habla del túnel y de la luz, y bueno, me pasó eso. Yo lo viví”, contó.
Según relató, estaba inmóvil en la cama, rodeado de sus familiares, cuando sintió que se alejaba hacia atrás, como si la cama se desplazara hacia una pared. “Entré en un túnel y veía a mis familiares que seguían mirando hacia abajo, donde estaba la cama, pero yo me alejaba cada vez más. Y detrás mío había luz”. El recuerdo permanece intacto, especialmente porque ocurrió durante una de las operaciones más delicadas, cuando, según le habían comunicado a sus seres queridos, no sabían si lograría superar aquella noche.
Contó que sintió como si se alejara de la cama y entrara en un túnel, mientras veía a sus familiares a la distancia y percibía una luz detrás de él. “Eso me acuerdo muy patente”, señaló al evocar aquella vivencia.
Al mirar hacia atrás, considera que todo lo que atravesó produjo una transformación profunda en su manera de entender la vida. “Tuve que atravesar todo ese dolor, toda esa oscuridad, para hoy ser quien soy. Para ser luz”, reflexionó.
Un mensaje para quienes atraviesan momentos difíciles
La historia de Maximiliano también es una invitación a mirar más allá de las dificultades y encontrar motivos para seguir adelante. Sin minimizar el sufrimiento que implica una enfermedad, una internación o un proceso de recuperación, busca transmitir que es posible volver a disfrutar de las pequeñas cosas.
“Se puede salir adelante”, aseguró. Y dejó un mensaje que reúne las enseñanzas que dice haber aprendido durante estos años: “Aférrense a la vida, a Dios. Sean humildes. Hay que buscar el amor, el perdón, la aceptación. Y ayudar. Y amar, amar para ser amado”.
Aquel baile frente a una camioneta, que comenzó como una ocurrencia mientras trabajaba, terminó convirtiéndose en una ventana hacia su historia. Maximiliano no sabía que lo estaban filmando, pero la escena permitió conocer a una persona que, después de atravesar momentos límite, encontró en la música, el movimiento, la familia y la fe nuevas razones para disfrutar de estar vivo.

