En el marco de los festejos por los 80 años del Club El Tala, las historias de quienes crecieron junto a la institución vuelven a tomar protagonismo. Entre ellas, la de Hugo y Horacio Allasino refleja el fuerte sentido de pertenencia de una familia marcada por décadas de compromiso con el club de barrio.
Con una vida entera ligada a El Tala, ambos recuerdan cómo la institución se convirtió en mucho más que un espacio deportivo: un lugar de encuentro, formación y amistad.
Una vida junto al club
“Empecé prácticamente a los 5 años, cuando me trajeron mis padres acá al club”, recuerda Hugo José Allasino, vecino histórico de la institución. “Estaban bastante desoladas las instalaciones, pero así empezó mi vida en El Tala”, agrega.
Horacio Miguel Allasino también resume el vínculo con una frase cargada de sentimiento: “Este es el segundo hogar que me tocó querer”. Su historia comenzó como jugador y continuó con el paso de los años desde distintos roles dentro de la institución: “Tuve una adolescencia espectacular y después, ya de grande, me convertí en dirigente”.
A lo largo de las décadas, ambos atravesaron momentos inolvidables ligados al deporte y a la vida social del club. “Hubo triunfos, derrotas y alegrías, pero lo que más me llevo es la continuidad de la gente que te reconoce por estar siempre acá”, expresa Hugo.
En ese recorrido, destaca especialmente las amistades construidas y las enseñanzas recibidas: “La cantidad de amistades que uno hizo y la enseñanza que me dejaron los técnicos a lo largo de mi vida”.
Uno de los reconocimientos más emotivos para él fue que un campeonato de categorías formativas lleve su nombre: “Es un orgullo personal y para mi familia”.
El crecimiento institucional y el piso de parqué
Desde su experiencia como dirigente, Horacio recuerda uno de los hitos más importantes en la historia del club: la construcción del piso de parqué del estadio.
“Pensamos en la construcción del piso de parqué, que fue un hito para la ciudad de San Francisco. Fue la primera cancha con piso de parqué”, rememora. Además, destaca el trabajo colectivo que permitió concretarlo: “Trabajamos codo a codo con un montón de gente y se mejoraron muchísimo las instalaciones”.
Los valores de un club de barrio
Más allá de lo deportivo, los Allasino remarcan el rol social y formativo que El Tala mantiene desde hace ocho décadas. “Los valores que el club me fue dando son la perseverancia, la responsabilidad y el compañerismo”, afirma Hugo, quien sostiene que esos principios se construyen “día a día”.
Horacio, por su parte, destaca la identidad barrial que caracteriza a la institución: “Es un club que reúne a mucha gente, con distintas realidades, pero todos con sentimiento de camiseta”.
Además, resalta la importancia de sostener el espíritu amateur y solidario: “Los clubes tienen que seguir fomentando esos valores”.
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