Jerónimo Bonino y su desafiante temporada en el Cerro Aconcagua

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Durante cuatro meses, Jerónimo Bonino trabajó en los campamentos de altura del Cerro Aconcagua, una experiencia que definió como desafiante pero enriquecedora.

«El año pasado me habían llamado para un puesto que no pude aceptar, pero este año me ofrecieron trabajar en los campamentos de altura, algo que se alineaba mucho más con mi perfil y mis estudios como guía de montaña«, relató Bonino en la 102.5.

Su labor se distribuyó en tres campamentos principales: Plaza de Mulas (4.300 metros de altura), Canadá (5.000 metros) y Cólera (6.000 metros).

«Nosotros teníamos una rotación de dos días por campamento y bajábamos a descansar a Plaza de Mulas», explicó Bonino, quien además se enfrentó a condiciones extremas. «La primera semana me tocó estar con cerca de 40 grados bajo cero. No estaba preparado psicológicamente para recibir ese clima«, admitió.

A pesar de contar con equipo adecuado, las temperaturas eran implacables. «Llamé por radio a mi jefe para bajarme porque era imposible estar allí. No tenía sensibilidad en los dedos a pesar de llevar dos pares de guantes», comentó. Con el paso de los meses, el clima mejoró, y Bonino logró adaptarse: «Enero no fue el Caribe, pero fue más pasable. Durante el día estabas bien, y a la noche te metías en la carpa y no salías más».

Su trabajo consistió en atender a los guías y mantener las instalaciones. «La empresa apostó por mejorar las condiciones en los campamentos, con domos amplios donde podíamos cocinar y estar cómodos», destacó. Además, supervisaba el uso de los espacios y los recursos: «Nos tocaba controlar que solo ingresara gente con servicio contratado, y no faltaban los que querían aprovecharse».

Uno de los aspectos más gratificantes fue compartir con guías experimentados:

«Había desde figuras legendarias del montañismo argentino hasta jóvenes con menos de 30 años y 10 cumbres. Aprendí mucho viendo cómo trabajan», comentó.

Entre los momentos más memorables, destacó su encuentro con el montañista Carlos Soria, quien logró la cumbre a sus 86 años: «Tiene una forma de ver la vida increíble. Le preguntaban cuándo iba a parar y él respondía: ‘No voy a parar’».

A pesar de la satisfacción, confesó que la soledad fue un desafío: «Caminábamos solos, comíamos solos, dormíamos solos en la carpa. Eso me pegó fuerte en enero, llegó un punto en el que llamé a mi jefe y le dije: ‘Mañana me bajo’».

Pese a todo, Jerónimo volvería a repetir la experiencia. «Ojalá me vuelvan a llamar. Quizá no iría cuatro meses, pero definitivamente regresaría«, concluyó, reafirmando su pasión por la montaña y su deseo de convertirse en guía en un futuro cercano.

https://youtu.be/iEUOnJzO8nM

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