La colectividad italiana ya tiene todo listo para participar en una nueva edición del festival de la Buena Mesa, con una variada propuesta gastronómica y su calidez característica.
«Hace días que venimos organizando todo. Hoy tenemos que finalizar con el armado de la carpa, llevar hornos, cocina, mostrador y decoración, todo tiene que quedar a punto», explicó Mariela Juárez, una de las integrantes del equipo.
El trabajo logístico es intenso y requiere la colaboración de muchas personas. «No trabajamos nunca con menos de 40 personas por noche debido a la cantidad de comidas que preparamos, entre pastas, pizza, picadas, postres y bebidas», agregó Matías Carnaghi.
Este año, la colectividad italiana ofrecerá un menú completo con los platos típicos más pedidos. «Empezamos con un antipasto, que es una picada friulana, luego tenemos pizzas y pastas, como tallarines y ravioles con salsa baña cauda. Pero sin dudas, el plato estrella es la porchetta: un cerdo deshuesado y relleno, acompañado con papas», detalló Juárez. En cuanto a los postres, el tiramisú y el helado serán las opciones disponibles.
Las bebidas también serán parte de la propuesta, con gaseosas tradicionales y el célebre spritz, un trago véneto compuesto por Aperol, champán y naranja. «Es un clásico aperitivo italiano que siempre tiene buena recepción entre el público», comentó Carnaghi.
Históricamente, la carpa de la colectividad italiana es una de las más concurridas.
«Cada año vendemos entre 800 y 1000 pizzas durante el festival. Vamos a ver qué pasa este año, ya que en vez de tres noches serán solo dos, pero las expectativas son las mejores», expresó Juárez.
Sobre los platos más populares, Carnaghi aseguró: «Todo se vende bien, pero la pizza y la porchetta son lo más esperado. Hay gente que viene exclusivamente a buscarlas».
La demanda de pastas y postres también depende del clima: «Si la noche está fresca, la pasta se vende más. Y el tiramisú también tiene su público fiel», agregó Juárez.
Para evitar demoras y mejorar la experiencia de los asistentes, la colectividad italiana implementó un sistema de pago mixto. «Vamos a tener una caja habilitada con todos los medios digitales, como QR y TakaTaka, pero también aceptaremos efectivo, porque todavía hay gente que prefiere pagar así», aclaró Juárez.
La carpa estará ubicada junto al Salón Verde, después de la colectividad española. «Va a estar bien identificada, hoy mismo la decoramos para que sea fácil de reconocer», señaló Carnaghi.
Aunque este año no habrá mesas dentro de la carpa por disposición municipal, estarán muy cerca de los tablones disponibles para que los asistentes puedan disfrutar de la comida cómodamente.
La organización de la carpa demanda semanas de trabajo. «Hace tres semanas que estamos con la planificación de presupuestos, control de stock y logística. Ya tenemos experiencia en esto y sabemos cómo optimizar los recursos», explicó Juárez.
El compromiso de los voluntarios es clave. «Algunas tareas se reparten entre distintos colaboradores, pero en la cocina somos siempre los mismos. Ya tenemos todo aceitado», contó Carnaghi.
El equipo de la colectividad italiana trabaja hasta último momento para atender a los asistentes. «Nos quedamos hasta el final del festival. Si a las 2:30 de la mañana ya no hay demanda, apagamos hornos para no gastar gas innecesariamente, pero siempre atendemos hasta último momento», aseguró Carnaghi.
«Son solo dos noches al año y lo vale. Cuando ves la cantidad de gente disfrutando, la noche pasa volando», reflexionó Juárez.
«Además, hay personas que ya nos conocen y vienen todos los años a probar lo mismo, eso nos da mucha satisfacción», concluyó Carnaghi.
Con todo listo y las expectativas altas, la colectividad italiana se prepara para dos noches de festival que prometen ser inolvidables.
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