Con grupos armados controlando el territorio y una situación de precariedad absoluta, Carolina Amoroso contó en Cadena 3 cómo se vive la crisis migratoria y el aumento de los secuestros como industria financiada por pandillas.
El presidente Jovenel Moïse de Haití fue asesinado en las primeras horas del miércoles en un ataque a su residencia en las afueras de Puerto Príncipe, la capital, según dijo el primer ministro interino, lo que crea un vacío político que amenaza con profundizar la agitación que ha prevalecido en el país durante meses.
Mientras los gobiernos extranjeros evaluaban con dificultad la situación, millones de haitianos nerviosos se congregaban en torno a aparatos de radio y televisión y evitaban salir a las calles mientras intentaban comprender lo que los siguientes días podrían traer.
La esposa de Moïse, Martine Moïse, también resultó herida en el ataque, indicó el primer ministro interino, Claude Joseph, en un comunicado. No se conoció de inmediato en qué condición se encontraba ella.
“Un grupo de individuos no identificados, algunos de los cuales hablaban español, atacaron la residencia del presidente de la república y por ende hirieron de muerte al jefe de Estado”, dijo el primer ministro pero había poca información sólida sobre quién pudo haber llevado a cabo el asesinato.
n una entrevista telefónica con The New York times, Joseph dijo que por el momento él estaba dirigiendo el país. No obstante, no queda claro cuánto poder tiene ni por cuánto tiempo. Se esperaba que un nuevo primer ministro remplazara a Joseph esta semana y el presidente del más alto tribunal del país, que habría podido ayudar a restablecer el orden, murió en junio de COVID-19.
Más tarde el miércoles, en una transmisión televisada a la nación, Joseph se presentó como líder del gobierno y anunció que él y los ministros habían declarado un “estado de sitio”.
“Busquemos la armonía para avanzar juntos, para que el país no sucumba al caos”, dijo.
También prometió que el grupo responsable por el asesinato sería llevado ante la justicia.
La noticia remeció al país caribeño, una nación a poco más de 1000 kilómetros al sureste de Miami. Pero la crisis no es reciente.
En los últimos meses, las calles de Haití han estado repletas de furiosas protestas exigiendo la remoción de Moïse. Él se aferró al poder y gobernó por decreto durante más de un año, incluso pese a que muchas personas —entre ellas constitucionalistas y expertos legales— argumentaban que su mandato ya había concluido. Otras instancias internacionales y países, como Estados Unidos, respaldaron su postura de que el mandato de Moïse no terminaba hasta el próximo año.




