La música nunca abandonó a Aldo

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Se podría decir que la música es algo que nos acompaña durante toda nuestra vida, en momentos especiales y en algunos que son duros. La música es pensada para generar sensaciones en las personas, pero la música no solamente la hacen los virtuosos, sino que también, la música también la hacen las personas que crean los instrumentos, los luthiers.

Si hablamos de luthiers no podemos no pensar en Aldo Merlino, un luthier reconocido mundialmente y como sanfrancisqueños tenemos la suerte de que es nuestro. Ya con 90 años, está un poquito alejado de lo que ama, pero siempre está presente en su taller de calle Libertad acompañando a su hijo, Alberto, quien tomó la batuta del negocio.

«Pase 70 años haciendo trabajo con la madera, mi primer trabajo fue a los 19 años y después que volví del servicio militar seguí haciendo muebles, las guitarras las hacía como un hobby, en ese momento se estaba despertando el interés por el folclore y había necesidad de guitarras, ahí comienza todo», remarcó Merlino.

A su vez, el luthier explicó sus comienzos con las guitarras fabricadas en serie y manifestó: «Con 12 personas hacíamos 200 guitarras mensuales, con la Fábrica Óptima hicimos más de 20 mil guitarras, yo hacía 8 modelos de guitarras distintos pero de serie, uno hacía la caja, otro el mango y así.

Llegaron los peses gordos 

Después de un tiempo trabajando junto a sus hermanos, Aldo comenzó a recibir pedidos de guitarras profesionales y las personas que se lo pedían eran artistas muy reconocidos del ámbito del folclore argentino.

«Empezó a ver mucho interés por parte de los profesionales para que le fabriquemos guitarras, primero viniero ‘Los Fronterizos’, después vinieron ‘Los chalcharelos’, ‘Los Cantores del Alba’, entre otros. Las guitarras que pedían es algo muy distinto al trabajo en serie, es por eso que me retire de trabajar con mis hermanos y empecé a realizar las guitarras que hice hasta ahora», destacó.

Además, informó que para él es muy importante a que manos van a ir las guitarras. «Orlando Veracruz tiene una guitarra mía y es de hace 50 años, eso significa mucho para mi. Cada vez suena mejor, la ves y no tiene una sola raya, siempre me intereso en que manos va a ir mi guitarra y como la atendían», sentenció.

Su primer guitarra

Merlino recordó cual fue si primer guitarra realizada, algo que nunca se puede olvidar. «A media cuadra de mi casa había un señor ferroviario que trajo una guitarra de Buenos Aires y quiso que le haga uno a su hijo, entonces me prestó esa guitarra y le tomé las dimensiones aproximadas, la hice de terciado nomás», detalló.

Todo un arte

Un factor clave para el creado de un instrumento son los materiales puesto que estos van a generar el sonido. «Para mejorar el sonido siempre busque el espesor adecuado, trabajé maderas según la dureza de 2 o 3 milímetros, y también trabaje de 1,6, que es la madera más dura que tenemos en el país, así le fui encontrando la vuelta a todo, las guitarras me dieron muy buenos resultados», agregó.

Reconocimiento internacional

Los Merlino usan todo tipo de maderas, cedro, guayubira, nogal, ciprés, jacarandá, y abeto. El nombre de Aldo figura en el libro de los Grandes Maestros del Arte Popular Iberoamericano, como uno de los tantos auténticos artistas del mundo.

En este sentido, el luthier indicó: «Lo tomé muy natural, estuve viajando a Francia para exponer, en Las Islas Canarias, pude ir al lugar donde nació mi madre en Italia, tuve la suerte de ir a muchos países haciendo lo que me gusta. Ahora tengo 90 años y es un poco más pesado hacer esas cosas».

Algo que se hereda 

Aunque ya no ejerce como luthier, su hijo Alberto heredó ese noble oficio y hoy sus guitarras son admiradas por los grandes intérpretes argentinos.  «Mi hijo hace 35 años que está trabajando conmigo y que hace guitarras, ahora quedó todo en manos de el. Antes de empezar a disminuir la calidad de mis instrumentos decidí retirarme, sigue Alberto que tiene la misma calidad para hacer las guitarras», explicó.

Un arte y un taller

Finalmente, Aldo contó que significa para su vida tanto ser luthier como su taller. «Es una profesión de arte, entender lo que uno piensa, primero yo lo veo en la mente lo que quiero hacer y después lo traspaso a las manos y el material», argumentó y concluyó: «Este taller tiene una historia muy grande, tengo fotos de muchos artistas, muchos instrumentos, cuchillos y muchas cosas más que son muy importantes para mí. Fueron 70 años haciendo lo que me encantaba»

 

 

 

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