El fervor de la Copa FIFA 2026 atraviesa todos los ámbitos, en especial en pueblo Argentino, quienes nos ilusionamos con la cuarta estrella. Los políticos no son la excepción, y en ese contexto el concejal Marco Puricelli remitió una nota de opinión, que recibimos y publicamos:
Esta no es una nota sobre fútbol. Pero sí.
No vengo del núcleo duro del fútbol. Por eso todavía no asumo cuando alguien, compartiendo sillón, dice: «puede que estemos viendo los últimos partidos de Leo.» Ver a esta Selección se volvió algo cotidiano, aunque todos sepamos que estamos frente a un fenómeno absolutamente excepcional.
Con el tiempo se volvieron comunes muchas cosas que, en realidad, no lo son. Este equipo marcó a una generación y está moldeando una forma distinta de entender el éxito, el liderazgo y el trabajo en equipo en un país donde el fútbol siempre tuvo un poder gigantesco.
Messi emociona porque nunca necesitó parecer invencible. Llora, se frustra, se enoja, disfruta. Habla del equipo mucho más que de sí mismo. Y, siendo probablemente el mejor futbolista de la historia, eligió incluso priorizar la tranquilidad de su familia por sobre el prestigio de una liga. Es un liderazgo inédito en argentina: el de alguien que hace de la humildad, posiblemente sin saberlo, una forma de ejercer el poder.
También resulta valioso que el éxito vuelva a asociarse con el esfuerzo, la disciplina y una vida saludable. A los 39 juega de igual a igual con jugadores casi veinte años menores. Alto mensaje.
Pero esto no se explica solamente por Leo. Lo extraordinario es el grupo. Da la sensación de que entendieron desde el primer día que el bienestar del otro también forma parte del éxito propio. Incluso Scaloni termina siendo central como los ídolos, porque transmiten que nadie gana solo.
Por eso también me costó tanto ver al Dibu en campañas de juego online. Justamente porque el cariño de millones de chicos también implica una enorme responsabilidad. Siempre recordé una reflexión de Kofi Annan durante el Mundial de 2006: decía que el fútbol tenía una capacidad de influencia sobre las personas que muchas veces ni la política ni los organismos internacionales podían alcanzar.
Y tenía razón.
En Argentina no estábamos acostumbrados a convivir con ídolos tan humanos, tan colectivos y tan empáticos. Tal vez por eso hoy también somos más exigentes con quienes ocupan los pósters y las figuritas de nuestros hijos.
Nunca escribiría una nota de fútbol. Hay millones de personas que saben mucho más.
Pero esto tampoco era una nota de fútbol.
Son cosas que vi sobre veintiséis personas que, mientras hacen magia con una pelota, ayudan a poner ladrillos para construir una cultura diferente.
✍️ por Marco Julio Puricelli
*imagen generada con IA
Brenda Austin en San Francisco: «Le metieron la mano en el bolsillo a los jubilados cordobeses»





