Hace casi una década, Emilia Riboldi tomó una decisión que cambiaría su vida. Recién recibida como licenciada en Educación Física, dejó atrás su etapa laboral en distintos gimnasios y apostó por abrir su propio espacio en San Francisco. Así nació BeFit, un proyecto que con el paso de los años dejó de ser solamente un gimnasio para convertirse en una comunidad de entrenamiento y hábitos saludables.
Hoy, además de estar al frente de BeFit (Ramón y Cajal 358), Emilia construyó una sólida presencia en redes sociales, donde miles de personas siguen diariamente sus consejos sobre entrenamiento, alimentación y bienestar. Sin embargo, detrás de ese crecimiento hubo un camino de mucho trabajo, aprendizaje y autogestión.
«Siempre tuve el deseo de tener mi propio lugar y formar una comunidad. Sentía que las clases grupales generaban algo más que entrenamiento: amistad, acompañamiento y pertenencia», contó en diálogo con Radio Estación.

El gimnasio abrió sus puertas en 2017 y, como suele ocurrir con los emprendimientos que recién comienzan, los primeros años fueron de esfuerzo permanente. «Me costó muchísimo delegar. Durante mucho tiempo hice absolutamente todo: limpiaba, cortaba el césped, hacía la parte administrativa y daba todas las clases», recordó.
Con el crecimiento del proyecto, BeFit encontró su identidad y comenzó a consolidarse gracias, principalmente, al boca en boca. «Creo que hoy las personas necesitan sentirse acompañadas, sentirse parte de un grupo. Ese siempre fue mi principal objetivo y creo que eso hizo que la gente recomendara el gimnasio», explicó.

El salto hacia las redes sociales llegó en uno de los momentos más difíciles. Cuando la pandemia obligó a cerrar los gimnasios, Emilia comenzó a ofrecer rutinas online y alquiler de elementos para seguir trabajando. Sin buscarlo, descubrió una nueva pasión.
«Empecé a hacer rutinas virtuales, a grabar contenido y me di cuenta de que me gustaba la cámara. Empecé a compartir entrenamientos, hábitos y alimentación, y la respuesta fue muy positiva», relató.
Con el regreso de la actividad presencial, las redes quedaron en un segundo plano debido a la enorme carga de trabajo que implicaba sostener el gimnasio prácticamente sola. Pero hace poco más de un año decidió volver a apostar fuerte por ese camino.
«Sentía que tenía mucho para decir y para aportar. En un gimnasio uno tiene un techo, mientras que en las redes podés llegar a cualquier parte del mundo», afirmó. Actualmente suma alrededor de 28 mil seguidores y genera contenido que trasciende San Francisco, con una comunidad especialmente fuerte en Córdoba y Buenos Aires.
Lejos de apoyarse en grandes equipos de producción, Emilia asegura que gran parte de lo que consiguió fue producto del ensayo y error. «Soy bastante autodidacta. Busco información, estudio, miro videos, pruebo, me equivoco y vuelvo a intentar», explicó.

Recién en el último tiempo decidió profesionalizar ese trabajo mediante una asesoría enfocada en comunicación digital, con el objetivo de ordenar sus contenidos y fortalecer su identidad. Ese crecimiento también le abrió nuevas puertas. Gracias a la visibilidad lograda en redes, fue convocada por una plataforma nacional de entrenamiento online que la lleva periódicamente a Buenos Aires para grabar rutinas destinadas a usuarios de todo el país: innerspace
«Nunca sabés quién te está viendo. Durante mucho tiempo esperaba que todo estuviera perfecto antes de subir un video. Después entendí que era mejor hecho que perfecto. Cuando empecé a ser más auténtica llegó esta oportunidad que era uno de mis grandes sueños», contó.
Más allá del gimnasio y las redes, Emilia mantiene una rutina marcada por la constancia. Se levanta todos los días a las seis de la mañana, dedica tiempo a la lectura, al entrenamiento y luego reparte la jornada entre clases, planificación, estudio, producción de contenido y tareas administrativas. «La disciplina y la constancia fueron las que me trajeron hasta acá. Todo lo que fue llegando siento que es consecuencia de sostener ese trabajo todos los días», concluyó.


