Martín Giusta, el docente que lleva la música como bandera familiar

Martin guisa

El docente y músico Martín Giusta visitó los estudios de la 102.5 para compartir su historia, su pasión por enseñar y su mirada sobre el valor de la música en la vida cotidiana.

“Yo a los cuatro o cinco años ya comencé a tocar. Tenía un teclado en casa. Mi papá es cantante, y aunque no estudió música, siempre fue muy musical”, recordó.

Giusta se formó en el conservatorio —“cuando todavía estaba en la calle Rivadavia”— y completó todas las carreras hasta el profesorado. Sin embargo, desde joven combinó la formación académica con la práctica popular: “Hace más de trece años que toco con mi papá; tenemos un grupo familiar. Mi hermano, mi hermana y mi cuñada también son músicos. Llevamos la música como bandera”.

Sobre la diferencia entre la música clásica y la popular, explicó: “La clásica es la de Beethoven, Mozart y todos los grandes pianistas del pasado. Dejó un legado que se sigue enseñando. En cambio, la popular es la que trajeron los inmigrantes; el vals, la ranchera, el paso doble. Se fue fusionando con los ritmos locales argentinos”. Él mismo toca el acordeón, instrumento que “aunque no era habitual en esta parte del mundo, hoy ya está muy popularizado”.

En cuanto a su labor docente, Giusta definió la enseñanza como “terapéutica” y afirmó con convicción:

“La música nos va a salvar. Cuando estamos tristes, escuchamos música; cuando estamos contentos, también. La música rodea todo lo que nos acontece”.

Subrayó que enseñar requiere “paciencia y pasión”, y que se debe adaptar el método al alumno: “A los chicos hay que enseñarles de forma lúdica. Con los adultos, hay que respetar sus gustos. Siempre se puede aprender, tengas 9 o 90 años”.

Su amor por la docencia es absoluto: “Yo tengo el mejor trabajo del mundo. Enseñar música es hacer música todo el día. Me gusta, vivo de eso”. Contó que junto a su hermano y su cuñada dirigen una academia donde dan clases a todas las edades. “Durante la pandemia fue durísimo —recordó—. Tuvimos que reinventarnos con clases virtuales, pero hoy la tecnología es una herramienta que nos quedó para complementar la enseñanza”.

Giusta también compone sus propias canciones. “Escribir requiere tener historias, leer mucho y dejarse atravesar por lo que a uno le pasa. De lo bueno y de lo malo siempre sale algo para escribir”, dijo. Algunas de sus composiciones forman parte del repertorio de la orquesta familiar:

“Es muy satisfactorio ver que algo que nació en mi alma hoy lo canta la gente”.

Entre sus referentes, eligió tres: “El Chaqueño Palavecino es mi ídolo del follore; Rodrigo, mi favorito del cuarteto; y José Luis Perales, uno de los primeros que escuché de chico y que me inspiró a escribir”.

Cierra con una frase que resume su vocación: “No podría trabajar de otra cosa. La música me hace feliz”.

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