«No es un tema de si es caro o barato, el problema es que no hay plata»

Captura de pantalla 2026 05 27

Así lo describió un comercio del rubro gastronómico en una cruda radiografía sobre la caída del consumo. De recibir hasta 40 mesas los viernes, el número se desplomó a apenas tres o cuatro.

La recesión económica actual golpea de lleno al sector gastronómico de la región, transformando la realidad de los comerciantes en una verdadera e incansable lucha cotidiana por la supervivencia. En un escenario donde salir a comer se convirtió en un lujo prescindible, las opciones de esparcimiento para el público se han visto muy limitadas por la coyuntura general.

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En un crudo testimonio, el titular de un local gastronómico ubicado sobre la Avenida Podio le puso palabras a un presente desolador. La baja del consumo se ha vuelto generalizada y preocupante, al punto de alterar por completo la forma tradicional de administrar un negocio. Según explicó su dueño, la inestabilidad de la situación ya no permite planificar a largo plazo, una realidad que los obligó a cambiar la estrategia de compra para empezar a «manejarse en la diaria, en lugar de mantener stocks como se hacía anteriormente».

Al comparar la actividad actual con la de meses atrás, las cifras del desplome exponen la gravedad de la crisis en primera persona: «De recibir entre 30 y 40 mesas los viernes, el número se ha reducido drásticamente a apenas tres o cuatro», afirmó con evidente preocupación.

Para el comerciante, la raíz del conflicto está a la vista de todos: “No es un tema de si es caro o barato, el problema es que no hay plata”, sentenció, dejando en claro que la retracción del público no responde a una cuestión de precios de la carta, sino a una falta total de capacidad de gasto en el bolsillo de la gente.

A la alarmante falta de clientes se le suma, como un combo letal, el peso insostenible de los costos fijos mensuales. El entrevistado hizo especial hincapié en lo que considera un «abuso en los valores de los alquileres» y en las elevadas tarifas de energía eléctrica. Este último factor ha complicado tanto la operatividad del negocio que se han visto forzados a tomar medidas extremas, como «restringir el uso de servicios los días que el local permanece cerrado».

Detrás de las persianas que se levantan cada jornada, la mayor preocupación no es solo la rentabilidad, sino el factor humano. El gran desvelo del comerciante pasa hoy por la enorme responsabilidad de mantener en pie la fuente laboral de las «ocho o nueve personas que dependen directamente de su estructura». A esto se añade el impacto en cadena que sufre el sector indirecto de proveedores locales —como verdulerías, carnicerías y distribuidoras— que también ven recortadas sus ventas.

A pesar de las asfixiantes presiones económicas y el panorama adverso, el titular del comercio gastronómico aseguró que el objetivo principal sigue siendo el mismo: seguir adelante, buscando alternativas viables para resistir el temporal y evitar a toda costa el cierre definitivo del establecimiento.

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