Nuevo encuentro nacional de aviones a escala

Nuevo encuentro nacional de aviones a escala

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El evento se realizará en el Aero Club San Francisco.

Se viene un nuevo encuentro nacional de aviones a escala. El evento será el 8,9 y 10 de noviembre y se realizará en el predio de el Aero Club San Francisco. Se abrirán las puertas a el público desde las 10 de la mañana.

Cabe destacar que estará presente la réplica del Boeing 767, el cual fue creado por Cliver Ripani .

La historia de Cliver Ripani, el creador de la réplica:

Estaba muerto. Tan sólo dos días atrás, el “Tano” Masi, dueño de la marca de galletitas Okebon, le había dicho a Cliver Ripani, su mano derecha en el manejo de la fábrica, que quería dejarlo a cargo de todo para ir a pasar sus últimos años de vida con su hija en su Italia natal.

Para Ripani, era la concreción de un largo anhelo. Hacía 13 años que trabajaba en Okebon, donde había ingresado como mecánico, pero su ingenio para diseñar nuevas máquinas de galletitas lo había elevado sobre sus colegas en la consideración de su jefe.

Ahora, se le abría una oportunidad de oro para demostrar que, además de su destreza con los fierros, tenía talento como gerente. No era un logro menor para un muchacho que, en su juventud, había trabajado como peón de campo y recogedor de basura.

Pero había un problema. El corazón del “Tano” Masi se apagó apenas 48 horas después de entregarle -verbalmente- a Ripani las llaves del reino. Un infarto. Su viuda no sabía del arreglo entre ellos, o había decidido ignorarlo.

Era 1972. Ripani, nacido en Colonia Marina, Córdoba, 37 años antes ya no tenía empleo. Pero tenía un plan.

Nuevos comienzos

A los 85 años, Ripani todavía sigue firme al frente de RC, la fábrica que fundó contra todos los pronósticos hace 45 años en la calle Magallanes de Ramos Mejía. Hoy cuenta con 70 operarios y produce unas seis toneladas de comestibles por cada turno de 12 horas.

Recordó los inicios de su emprendimiento. “Al principio, compré unos fierros viejos de una fábrica que se había fundido en Monte Grande”, cuenta. “Tuve que vender un Falcon de cuatro años para pagarlos.”

“Vos estás loco”, le dijo uno de sus amigos cuando lo vio remendando la máquina. “Con esto no podés sacar galletitas”. A Ripani le sonó a desafío y le apostó que en dos meses el mecanismo iba funcionar sin problemas. “La fecha límite era el 1 de septiembre de 1972 y perdí la apuesta porque la primera galletita salió a las 2 am del día siguiente. Igual, nunca se la pagué”, reconoce entre risas.

El comienzo no fue auspicioso. El hombre que había elegido como socio estaba gastando más dinero del que generaban en un estilo de vida -llamémoslo- licencioso y Ripani decidió comprar su parte. “Debíamos 50% de la empresa y a él le tenía que pagar el 25% de lo que quedaba, así que me quedé debiendo el 75%. Un día reuní al contador, a mi mujer, Elma, y mi hija Adriana y les dije: “acá nos jugamos la casa. ¿Están de acuerdo?” Me dijeron: sí, dale para adelante.”

Endeudado sin remedio, manejando un coche prestado, Ripani encontró un remedio para su delicada situación en la solidaridad de sus proveedores. “Sabían cómo venía la mano. Cuando se enteraron de que me había quedado solo, me llenaron el depósito de harina, de azúcar, de granos. Me puse a llorar como un chico”, recuerda.

Pasatiempos

“A todo el mundo le aconsejo que en la vida desarrolle algún hobby porque ayuda a vivir en los momentos difíciles”, reflexiona Ripani. Su pasión -o más bien, su obsesión- es el aeromodelismo, disciplina que lo tiene como uno de los mayores exponentes de todo el país.

“En los momentos complicados no me volví loco porque hacía aeromodelismo. Cuando llegaba a casa sabía apagar la radio de mi cabeza y me internaba en el taller. Y soy bastante audaz en esto de hacer avioncitos”, relata. El diminutivo está de más: uno de los proyectos más ambiciosos de Ripani es una réplica de un Boeing 767 de seis metros de ala, cuya construcción demoró dos años y medio.

Además, hace 12 años se dio el lujo de comprarse un avión propio, un Navajo de seis plazas que usa para llevar a sus amigos a los distintos eventos de aeromodelismo que se organizan a lo largo y ancho del país.

A pesar de todo lo vivido, Ripani todavía encuentra placer en las cosas sencillas de la vida. “Los miércoles nos reunimos con mis amigos en mi casa, trabajamos en alguna pieza un rato y después cenamos y jugamos al truco. Eso es lo mejor de todo.”